Crisis 13

CRISIS UNIVERSAL

por Acuario Káiser

CAPÍTULO XIII

CHOQUE DE PODERES
2º PARTE

       Universo-20,017,659
       Planeta Mystacor (7 años atrás)

       Kay Namura llegó hasta un amplio jardín lleno de árboles liris y prados verdes hasta donde se alcanzaba a mirar. Era primavera y los últimos rayos de sol poniente envolvían todo el lugar. Los árboles liris, originarios del planeta Singa y sembrados por Kay hace tiempo, estaban en plena floración y el polen cargaba el ambiente con su aroma a miel. Sentado en posición del loto estaba Denonte, dibujando sobre papel aquel hermoso paraíso que contemplaba delante sin más ayuda que la de un sencillo pincel y algo de tinta negra.

       El que los Centinelas pasaran la mayor parte del tiempo estudiando y vigilando las distintas realidades de lo que llamaban Existencia, no era motivo para que no pudiesen disfrutar de la paz y tranquilidad que proporcionaba el arte. Denonte, mojando su pincel en la tinta, notó que Kay Namura se aproximaba tras él y ocupaba uno de los asientos redondeados. Denonte dejó que aguardara, mientras él seguía haciendo trazos y relajando su mente al mismo tiempo que su espíritu. Al cabo de un tiempo, el mayor y más sabio de todos los Centinelas dejó el pincel a un lado y contempló su obra.

       —Paz a tu espíritu, Kay —dijo finalmente.

       —Paz a tu espíritu, Denonte —respondió Kay con respeto—. Siempre es un placer volver a visitar Mystacor, amigo mío. ¿Por qué me has mandado llamar? Espero que no haya sucedido algo malo luego de tantos años de paz, pero sí es el caso sabes que puedes contar conmigo.

       —Hace unos días estuve recordando la vez en que te ofrecimos un asiento en el Consejo de los Centinelas y la manera en que te negaste, ¿lo recuerdas? Ahora que lo pienso creo que tal vez nos precipitamos un poco al invitarte porque todavía te hace falta madurar más. Has aprendido muchas cosas, Kay, pero aún no posees la sabiduría que sólo la experiencia puede darte y por eso no insistí en mi ofrecimiento.

       —Sería un honor aprender de ti, Denonte.

       —¿Y qué podría enseñarte yo, amigo?

       Kay alzó una ceja.

       —¿Perdón?

       —Kay, desde que eras joven aprendiste la magia gracias a las enseñanzas del sabio dragón Granamyr de Eternia. Más tarde, despertaste tus sentidos con ayuda de Mr. Popo, comprendiste lo que era la fuerza del Cosmos gracias a Shiryu y poco después conociste el concepto del Ki con ayuda de Son Gokuh, quien también te mostró las artes marciales y algunas de sus técnicas más poderosas como el Kaiou-ken, el Kame-Hame-Ha o la Genki-Dama. Pero apenas habías iniciado el camino que el destino te había fijado y a través de éste debiste afrontar la trágica muerte de Saily. A partir de ahí descubriste tu séptimo sentido con la ayuda de Shaka de Virgo y Vejita te mostró cómo hacer estallar tu Ki a niveles increíbles, sin mencionar que también te habló un poco sobre las oportunidades que nos ofrece la vida y que no debemos desperdiciar. Más adelante fuiste instruido por los sagrados guerreros dorados Kamus de Acuario, Aioria de Leo, Milo de Escorpión, Saga de Géminis y posteriormente conociste lo que era el AT-Field a través de Mana Kirishima. Sin embargo, aquélla no sería tu última lección porque luego comprendiste que Saily había sido tu doceava maestra al enseñarte lo que era la fuerza del amor.

       —En ese tiempo era mucho más joven e inexperto y eso apenas fue el principio de mi camino, ¿es lo que tratas de decirme con todo esto?

       —No sólo eso —Denonte suspiró y se volvió para encarar a Kay—. A lo que me refiero, Kay, es que a pesar de ser uno de los pocos privilegiados que ha tenido el honor de ser instruido por distintos y tan distinguidos maestros, a vivir experiencias increíbles en otros universos e incluso conocer el frío toque de la muerte cuando sacrificaste tu vida para derrotar a Krin, todavía no has logrado aprender una de las lecciones más importantes en la vida de toda persona.

       —¿Qué lección es esa, Denonte? —preguntó Kay con interés.

       —Amigo mío, llega un momento en que una persona que nunca ha sido derrotada por nadie comienza a pensar que no puede ser vencida por nadie. Cuando eso sucede la persona pierde de la manera más brutal ante sí misma. Y esto es porque nadie está exento de ser vencido alguna vez sin importar lo mucho que se esfuerce. —Hizo una pausa—. Incluso aquellos que te instruyeron en tu juventud hubieron de conocer la derrota en algún momento y eso los hizo crecer como guerreros. Lo que trato de decir, amigo mío, es que tú corres el riesgo de obsesionarte con ganar cueste lo que cueste. A veces uno debe saber cuando darse por vencido.

       Kay abrió los ojos de par en par y miró fijamente a Denote. No podía creer que le estuviese diciendo eso. ¿Darse por vencido? ¿Es que Denonte estaba jugándole alguna clase de broma? ¿Cómo podía hacerlo cuando toda la vida se la había llevado luchando por aquellos a quienes amaba y respetaba? Darse por vencido no era una opción en la vida de Kay Namura.

       Tierra-877,666
       Ciudad Magna (Época Actual)

       —Todavía no has triunfado, bestia infernal —declaró Charles, con la mirada puesta sobre el enorme dinosaurio que se acercaba paso a paso—. Esta pelea sólo terminará cuando haya clavado mi sagrada lanza en tu corazón… .

       —Deja de llamarme así —le interrumpió el Tiranosaurio Rex. El Templario se quedó pasmado al oír que el animal podía hablar, pero su sorpresa fue mayúscula cuando el dinosaurio se transformó en un feroz tigre y añadió—: No sé qué pensaste, pero no soy ningún animal estúpido y ahora te daré tu merecido por dañar el cuerpo de mi amigo Cliff.

       —¿Qué demonios eres tú?

       —Mi nombre es Beast-Boy.

       El tigre lanzó un rápido zarpazo al rostro de Charles, que apenas tuvo tiempo de echar la cabeza hacia atrás. La fiera saltó hacia el Templario al mismo tiempo que éste levantaba su brazo izquierdo para cubrirse con el escudo. Mientras Beast-Boy continuaba dando zarpazos y tratando de clavarle los dientes, Charles cobró consciencia de un súbito aire cálido que le llegaba desde atrás, y era acompañado por una extraña luz esmeraldina. Entonces el Templario sintió un dolor ardiente en la espalda, tanto que lo hizo gritar.

       —¡Eso es, Fire! —se alegró Beast-boy.

       Charles aunó fuerzas para empujar hacia delante al tigre de Bengala y luego se volvió hacia su retaguardia, justo a tiempo para bloquear un segundo chorro incandescente de llamas verdes. El Templario lanzó un vistazo por encima de su escudo para ver quién o qué lo estaba atacando. ¿Acaso se trataba de Green Lantern de nuevo? Charles abrió los ojos como platos cuando, a través de las intensas llamas que lo acosaban, distinguió la figura curvilínea de una mujer de tez color esmeralda, con flamas verdes en vez de cabellera.

       El escudo de Charles podía contener el fuego sin problema. No obstante, el Templario se daba cuenta que si la situación continuaba como hasta el momento, no podría seguir sosteniendo su defensa sin dañarse a sí mismo. Las llamas estaban elevando peligrosamente la temperatura del metal, y Charles comenzó a sentir que se le quemaban los dedos. “Esto es genial”, pensó. “Creo que empiezo a odiar el verde”.

       La desesperación del Templario comenzó a hacerse patente en su rostro, y eso hizo que decidiera elevar su cosmos hasta el séptimo sentido. Sí arrojaba algunos golpes a la velocidad de la luz tal vez lograría derrotar a Fire, pero… ¿y si la mataba? Ella no poseía un poder como el suyo, además de que tampoco llevaba puesta ninguna clase de armadura que le protegiera de un ataque. Charles dudó por un instante y detuvo su puño. Pensó en la posibilidad de razonar con la chica y explicarle que habían venido a ayudarlos, pero eso iba a ser un tanto complicado después de todo lo que había ocurrido. No pudo seguir considerando aquella opción porque un feroz Dilophosaurus verde se le abalanzó desde atrás. Las fauces de la criatura se cerraron con fuerza sobre el antebrazo derecho de Charles, que comenzó a forcejear con el dinosaurio.

       —No te rindes, Beast-boy —estaba murmurando Charles cuando sintió un frío terrible en sus rodillas. Acosado por los ataques de Fire y Beast-boy, no se había percatado de la presencia de una joven de cabello blanco llamada Ice. El Templario trató de darle una patada a Beast-boy, pero no pudo hacerlo. Tenía las piernas aprisionadas en grandes bloques de hielo que le obligaban a mantener los pies pegados al suelo—. ¿Qué demonio pasó? —exclamó Charles—. Mi armadura está congelada, pero si se supone que para que eso suceda la temperatura debe… .

       —¡A él! —gritó Robotman, lazando un puñetazo al rostro de Charles.

       Atacado por varios frentes, el Templario no vio bajar de las alturas una cuerda hecha de luz que lo sujetó por el cuello. La gente que observaba la pelea desde la seguridad de los retenes policíacos rugió con satisfacción y empezaron a corear el nombre de otra heroína: “¡Stargirl! ¡Stargirl!”. Los helicópteros de noticias enviaban las escenas de la batalla en directo a las estaciones de televisión que la retransmitían por todo el globo. Decenas de cámaras digitales y teléfonos móviles enfocaban cada instante de una espectacular pelea donde los héroes se iban imponiendo.

       Charles comenzó a sentir asfixia, pero tenía las manos ocupadas y los continuos ataques de Robotman no lo dejaban pensar con claridad. Para colmo de males, otra mujer espectacularmente bien formada, y de rostro hermoso a pesar de tener un color de piel anaranjado y ojos totalmente verdes, apareció frente al Caballero del Temple para unirse a la pelea. Aquella guerrera no era otra que Starfire, una heroína extraterrestre llamada Koriand´r proveniente del mundo lejano de Tamaran.

       —Tora lo inmovilizó con su hielo —señaló Starfire—. Es mi turno de actuar.

       El Templario quiso agitar su brazo derecho en un intento por zafarse de la mordida de Beast-Boy, pero fue inútil y, un segundo después, el puño de Starfire lo impactó de lleno en la cara. El mundo alrededor de Charles se empezó a tornar confuso y oscuro. Otro golpazo lo hizo perder el conocimiento.

       En tanto, Kay Namura lanzó un Plasma Relámpago contra Supergirl, pero esto únicamente consiguió atontarla un poco. Recurriendo al poder de su Cosmos, el Centinela logró liberarse de los agarres de Green Lanter, aunque recibió un disparo en el pecho proveniente del Captain Atom y se bamboleó hacia atrás. Fobos observó cómo el Centinela levantaba un Escudo AT para cubrirse de todos los ataques, pero entonces J’onn J’onzz se volvió intangible, pasó por debajo del pavimento y luego se transformó en un aterrador monstruo marciano que desconcertó a Kay. Cuando la barrera desapareció, Captain Marvel, Green Lantern, Captain Atom y Supergirl reanudaron sus esfuerzos y el Centinela comenzó a resentir los efectos de luchar contra tantos oponentes a la vez.

       —Ah, el espectáculo resulta bastante interesante —murmuró Fobos con malicia—. Ese Guardián incompetente no es rival para súper tonto y el Centinela tiene un encuentro realmente difícil. —El Khan desvió su atención hacia donde Oriana peleaba desesperadamente contra Hawkgirl y una adolescente rubia que iba sobre una roca flotante—. Supongo que les vendría bien algo de ayuda para hacerle frente a esta versión de la Justice League, pero tendría que usar mi máximo poder y no vale la pena… .

       —¡No te muevas!

       Fobos volvió la cabeza hacía un trío de oficiales de la Unidad de Crímenes Mayores que se acercaban apuntándole con sus fúsiles. Podía deshacerse de los tres con un solo pensamiento, pero ello atraería la atención de los súper héroes y eso era justamente lo que buscaba evitar. Claro que tenía deseos de enfrentar a Superman y a los demás héroes con una fiereza desconocida. Los Khans desafiaban a la muerte, pero Fobos no tenía pensando participar en la pelea. No era que tuviese miedo, sino que no estaba dispuesto a sangrar por sus aliados. Kay Namura, Paul Tapia, Kayani Arftin y Charles de Sheringham lo habían amenazado e incluso se atrevieron a mirarlo con desprecio. “Que tengan su merecido”, pensaba el orgulloso Khan del Terror. Era hora de que aprendieran a respetar a un guerrero de Abbadón. Por otra parte, la pelea era una buena oportunidad para deshacerse de potenciales enemigos. ¡Que se queden solos! Jamás iría a salvarlos.

       —¡Estás arrestado! —gritó uno de los oficiales—. ¡No intentes hacer nada!

       El Khan observó fríamente cómo encerraban a Charles en un camión de prisioneros, pero no se movió de su lugar. Nunca lo hizo. Sabía que los héroes irían por él apenas los otros cayeran y por eso ya estaba planificando su escape. Se volvió hacia los agentes y levantó las manos como si se rindiera.

       Captain Marvel aprovechó que Kay Namura estaba conteniendo un ataque combinado de J’onn J’onzz y Green Lantern para situarse a espaldas del Centinela empleando súper velocidad. El héroe de Fawcett City rodeó los hombros de su adversario usando los brazos para inmovilizarlo. Kay apretó los dientes y comenzó a invocar el poder del Cosmos interno en un intento por liberarse del fuerte abrazo, pero Marvel lo levantó en el aire y gritó con todas sus fuerzas:

       —¡¡SHAZAM!!

       Un poderoso relámpago brotó desde las nubes del cielo y quemó el pecho de Kay con la fuerza de una magia antigua, iluminando el ambiente con rayos quebrados que se disgregaron en todas direcciones. El Centinela aulló con dolor desgarrador, pero tuvo que ignorar el sufrimiento cuando oyó que Captain Marvel volvía a clamar:

       —¡¡SHAZAM!!

       El segundo relámpago golpeó en el mismo lugar. Kay se revolvió con todas sus fuerzas y entonces comprendió que tenía que soltarse a cualquier costo antes de recibir un tercer relámpago. El aura que lo rodeaba comenzó a tornarse roja, sus músculos se hincharon al punto que sus venas parecían a punto de saltarse y está vez fue el Centinela quien gritó.

       —¡¡Kaioh-ken!!

       Cuando la técnica de Son Gokuh inundó de poder el cuerpo de Kay, éste finalmente tuvo la fuerza necesaria para liberarse del agarre. Apenas logró quitarse a Captain Marvel de la espalda, el Centinela se volvió hacia él para conectarle un par de golpes con los puños que lo hicieron trastabillar. La fuerza del Kaiouh-ken y el factor sorpresa le habían dado a Kay una ligera ventaja sobre el Captain Marvel, pero fue entonces que la Hija Pérdida de Krypton entró en acción. Kara Zor-El aprovechó que Marvel había caído para atajar al Centinela por la cintura y llevarlo volando hacia los cielos.

       A medida que luchaban en el aire, Kay se dio cuenta que Supergirl resistía los golpes mejor que él a pesar de que la castigaba como si fuese un hombre y encima podía igualarlo en velocidad luz. Los dos contendientes siguieron intercambiando golpes, pero Kara logró imponerse con un puñetazo que arrojó al Centinela contra un edificio habitacional. Supergirl fue tras su rival para continuar la batalla en el interior del condominio. Lucharon a través de múltiples pasillos y apartamentos donde ojos incrédulos de familias enteras los miraban destrozar paredes y arrasar muebles. En un momento dado, el Centinela logró concentrar su cosmos para reproducir la técnica de Saga de Géminis Explosión de Galaxias. La energía del ataque arrojó a Kara Zor-El fuera del edificio en medio de un estruendo potente.

       Kay salió del condominio flotando, pero entonces un par de haces escarlata le rozaron el hombro izquierdo, abriéndole la carne como si hubiese sido herido con un filo al rojo vivo. El Centinela se cubrió la herida con una mano y arrugó el rostro soportando aquel dolor lacerante. Cuando llevó su rostro hacia delante, Kay descubrió a Supergirl parcialmente oscurecida por las sombras de la noche, pero sus ojos brillaban en la penumbra con el carmesí del fuego.

       —¡Escúchame! ¡No somos sus enemigos! —exclamó Kay—. Sé que piensan que somos criminales y lo comprendo, pero deben saber que todo esto es un terrible malentendido. Por favor, convence a tus amigos de que detengan esta pelea y yo haré lo mismo con mis compañeros.

       —Sólo tengo una pregunta —repuso Kara un instante antes de estrellar su puño en el rostro de Kay con tanta fuerza que éste salió disparado—. ¿Por qué no se pueden caer callados?

       Aturdido por el último golpe, Kay Namura atravesó el firmamento como sí fuese un meteorito perdido y llegó hasta un sitio donde una chica llamada Rita Farr esperaba su momento para actuar. El Centinela estaba tan concentrado intentando frenar su intempestivo vuelo que no pudo darse cuenta de lo que le aguardaba un par de metros adelante. A un aviso de su comunicador, Elastic-Girl incrementó su tamaño hasta convertirse en una mujer gigante y luego agitó su enorme brazo para interceptar a Kay Namura como si fuese una pelota de tenis. El Centinela hendió los cielos por segunda vez sin control hasta que terminó estrellándose de espaldas contra una calle, desgarrando el asfalto con su cuerpo y creando un extenso surco.

        Cerca de la fábrica, Terra, Wonder Girl, Black Canary, Stargirl y Hawkgirl combatían juntas contra Oriana. A ésta la sorprendió que Terra pudiese lanzarle enormes pilas de rocas con sólo mover las manos y que la maza de Hawkgirl pudiera neutralizar fácilmente todos los ataques de energía que le enviaba. El filo de Andúril estuvo a punto de clavarse en el pecho de Wonder Girl cuando el suelo se abrió bajo los pies de Oriana y esto la hizo tropezar. Terra extendió sus palmas hacia delante de nuevo y una enorme piedra se abalanzó directamente contra Oriana, pero ésta logró apartarse en el último instante rodando por el piso y así evitó quedar aplastada. Wonder Girl, por su parte, corrió tras su enemiga con la intención de ponerle fin a la batalla.

       Oriana se levantó del piso de un brinco y atacó con un mandoble. Wonder Girl bloqueó el filo de Andúril con el brazalete de su mano derecha y después respondió con un veloz izquierdazo que mandó a Oriana directo al piso. Al ver eso, Stargirl extendió la punta de su báculo hacia Oriana y le sujetó ambos pies usando una cuerda de luz.

       —La pelea terminó, chica —dijo Stargirl—. No nos obligues a lastimarte.

       —Todavía no han ganado, rubia oxigenada —repuso Oriana, mientras trazaba un aro dorado y luego colocó su mano en el centro de éste. De la palma de la chica brotaron veloces proyectiles de luz que se abalanzaron sobre Stargirl, Terra y Black Canary—. ¡¡Nova Radiance Crown!!

       —¡No tan rápido, amiga! —Wonder Girl se interpuso de un salto entre sus compañeras y Oriana para interceptar los ataques. Los pequeños mísiles de luz fueron bloqueados uno a uno por los veloces movimientos de Wonder Girl, quien usó sus brazaletes de feminum—. Sí no quieres rendirte vamos a tener que insistir, ¿cierto?

       Black Canary se adelantó a sus compañeras y desde su boca dejó escapar un agudo chillido ultrasónico que destrozó algunos aparadores cercanos. Oriana fue presa de un insoportable dolor que la hizo llevarse las manos a los oídos con desesperación, pero el Canary Cry fue de una intensidad tal que no pudo resistir más y finalmente se desmayó en la acera.

       —Todavía mantienes tu toque, Black Canary —bromeó Wonder Girl.

       —A veces tienes que levantar un poco la voz para que la gente haga caso —dijo Black Canary con una mano en la cadera—. ¿Quién será esta chica? No recuerdo haber visto su rostro en los expedientes que tenemos.

       Hawkgirl extendió sus alas para levantar el vuelo.

       —Seguro es una aprendiz de súper villano —especuló Shayera y luego se tomó la oreja para escuchar las instrucciones que le llegaban al comunicador—. Dos han caído, pero todavía nos quedan otros tres por detener. Iré a darle una mano a Zatanna y a Wonder Woman.

       —¡¡Meteoro Pegaso!! —gritó Paul, descargando cientos de rayos a la velocidad de la luz que impactaron el cuerpo de Superman por todas partes. El ataque todavía no había terminado cuando el Guardián activó su sable de luz y comenzó a girar sobre si mismo a una velocidad alucinante—. ¡¡Saber Tornado!!

       Los golpes del sable no consiguieron herir a Superman, pero si empujarlo hacia atrás hasta que se golpeó de espaldas contra un poste de luz, que se quebró por la base y cayó sobre el techo de un auto. Superman, actuando a súper velocidad, se agachó para esquivar los ataques de Paul y después le dio cuatro puñetazos en pleno rostro y otros dos en el cuerpo. Un último gancho del Hombre de Acero lanzó a Paul contra un camión de helados estacionado cerca de ahí. El cuerpo del Guardián de Plata se impactó con la fuerza de un proyectil, causando que el vehículo estallara. Tras unos instantes, Paul consiguió ponerse de pie otra vez y destrozó la chatarra que lo rodeaba con una expulsión de aura que incluso despedazó parte del pavimento.

       —Date por vencido —dijo Superman, acercándose—. No tienes oportunidad.

       —¡Tú eres el que no tiene oportunidad! —replicó Paul, mientras la energía corría por su cuerpo y se concentraba en su puño derecho para liberar la furia de un dragón—. ¡¡Dragón Naciente!!

       Superman levantó un brazo a la altura del hombro y consiguió atrapar el poderoso ataque con la mano, produciendo una onda de impacto que retumbó a una manzana de distancia, hizo estallar algunas ventanas y parabrisas y derribó algunas señales de tránsito.

       —¿Qué?

       La respuesta del Hombre del Mañana consistió en menear la cabeza en sentido negativo. La fuerza de Superman era por demás extraordinaria y Paul recordó lo que Fobos había tratado de advertirles antes de la batalla. Para cualquier Guardián del rango que fuese las habilidades de Superman eran verdaderamente incomprensibles. ¿Cómo podía una persona normal tener semejante poder sin ayuda del Chi? ¿Acaso se trataba de magia o algo así?

       —Maldición —murmuró Paul y luego alzó su otra mano hacia un costado, con los dedos extendidos hacia un pequeño auto que comenzó a levitar en el aire. Una ola de poder psíquico arrojó el automóvil contra Superman, pero éste alejó a Paul y luego despedazó el vehículo usando una sola mano—. ¡Mier… .

       Antes de que Paul terminara de maldecir, Superman arremetió contra el Guardián de Plata y le descargó una rápida serie de golpes en el pecho, estómago y rostro, zarandeando su cuerpo de lado a lado como si fuese un muñeco de trapo. Paul sentía que todo le daba vueltas; cada nuevo impacto que recibía era demoledoramente intenso y aunque se las arregló para devolver algunos ataques, el Hombre de Acero ni siquiera parecía remotamente agotado.

       —¿Por qué no puedo dañarte? —murmuró el Guardián—. ¡¿Por qué?!

       Paul unió ambas manos mientras que todo su cuerpo se cubrió con un brillante halo de luz azul. No podía darse el lujo de perder esa pelea y decidió ir más allá de sus propios límites. El Guardián voló como un bólido contra Superman y consiguió golpearlo fuertemente con los dos puños. Había sido un impacto realmente brutal, un ataque poderoso, pero el Hombre de Acero logró reponerse a tiempo para bloquear un segundo ataque y luego replicó, dándole dos poderosos golpes a su adversario. Paul cayó al suelo, pero volvió a levantarse aunque está vez era notorio que tenía problemas para mantenerse erguido. Tenía la cara empapada de sudor y manchada de tierra y también respiraba agitadamente.

       —Es suficiente, no sigas —advirtió Superman.

       —Jamás me he dado por vencido —sonrió Paul, tambaleándose.

       El Guardián atacó nuevamente, aunque sus golpes habían perdido vigor y eran mucho más lentos. Superman sólo tuvo que moverse de un lado a otro para evadir los ataques. Pero Paul decidió hacer un esfuerzo supremo; desplegó todo el poder que le quedaba, causando que sus ojos se convirtieran en dos horrendas llamaradas plateadas y lanzó un feroz izquierdazo. Superman, sin embargo, sujetó el puño flameante de Paul por la muñeca y sin darle tiempo de reaccionar, le conectó un poderoso gancho en la quijada que lo arrojó al piso donde quedó inconsciente.

       —Nosotros nos ocuparemos ahora, Superman.

       Un trío de agentes de la Unidad de Crímenes Mayores llegaron rápidamente llevando unos grilletes electrónicos, pero se detuvieron cuando dos paramédicos se acercaron a tomarle a Paul los signos vitales y le colocaron una mascarilla de oxígeno. Cuando pusieron al Guardián en una camilla para llevárselo, Superman recibió un mensaje por medio del comunicador y salió volando a toda velocidad.

       El lazo dorado de Wonder Woman sujetó a Kayani por la cintura, pegándole los brazos a los costados con lo que no pudo seguir luchando. No obstante, todavía levantó la cara al cielo e hizo uso de la Mirada de Gorgona. Un par de rayos salieron desde sus ojos color esmeralda en dirección hacia Hawkgirl, pero ésta repelió el ataque con su maza y después se plantó delante de la Guardián de Bronce. Antes de que Kayani pudiese intentar algo más, Shayera la golpeó en el vientre con el mango de su arma y Zatanna usó un encantamiento para arrebatarle el sable de luz.

       Kayani cayó de rodillas al suelo, pero aún no estaba vencida del todo e intentó ejecutar un ataque psíquico en contra de Hawkgirl.

       —Cobardes, tres contra uno no es justo… .

       Hawkgirl sintió que todo le daba vueltas y comenzó a revivir algunos de sus peores temores y vivencias más desafortunadas. Pero en vez de sentir horror o desamparo por aquellas terribles visiones, la guerrera thanagariana se sintió enfurecida por la intrusión en su mente y le soltó a Kayani un fuerte golpe en la cabeza usando la maza. La diadema de bronce se rompió en varios pedazos y la hermosa joya que la adornaba quedó hecha polvo mientras la Guardián se desplomaba.

       —Shayera, ¿estás bien? —le preguntó Zatanna.

       —Un poco mareada, pero es todo —repuso Hawkgirl con un suspiro mientras se tomaba la frente y se relajaba—. Parece que esta chica posee alguna especie de habilidad telepática o algo así.

       —Y también sabe usar una magia muy avanzada —comentó Zatanna contemplando el sable de luz que tenía en la mano—. Será mejor extremar precauciones con ellos hasta no saber más de sus habilidades.

       A una indicación de Wonder Woman, cuatro agentes de la Unidad de Crímenes Mayores abandonaron una de las barricadas y se acercaron. Uno de ellos le colocó a Kayani unos grilletes electrónicos y otro le puso un casco inhibidor de ondas telepáticas en la cabeza. Una vez que se cercioraron de que la joven estaba inconsciente, dos de los oficiales la cargaron de brazos y piernas y la trasladaron a uno de los camiones para transporte de prisioneros. Los héroes se alejaron.

       Fobos estaba siendo escoltado por tres oficiales de la Unidad de Mayores que lo conducían hacia otro de los camiones blindados en las inmediaciones de la fábrica. La gente se burlaba de él arrojando basura y piedras, pero la policía intervino para contener a las personas. El Khan del Terror volvió la cara hacia los manifestantes para sonreírles y hacerlos enfadar. Algunos reaccionaron con furia, obligando a más uniformados a  intervenir para evitar que se armara una gresca. Fobos observó que un policía se aproximaba llevando unos brazaletes electrónicos mientras que dos agentes se colocaban a sus costados. No tenía idea de cómo funcionaban los brazaletes, pero no estaba dispuesto a averiguarlo. Cuando los agentes le indicaron que levantara los brazos, Fobos miró a sus captores y alzó los puños luego de cerciorarse de que no hubiese ningún héroe del Justice Army cerca.

       —Ah, un momento, por favor —dijo el guerrero de Abbadón. Los oficiales lo miraron y Fobos agachó la cabeza. Con el rabillo del ojo vio que Oriana estaba sobre una camilla—. Yo… yo… quisiera amarrar los cordones de mis zapatos para no tropezar sí no les molesta. ¿Puedo?

       El policía que llevaba los grilletes miró los pies de su prisionero y lo siguiente que vio fue la punta de la bota metálica de Fobos golpeándole la cara. Acto seguido, el Khan estrelló sus codos en los estómagos de los oficiales que los flanqueaban. Cuando los agentes se doblaron hacia delante, Fobos remató alzando sus puños cerrados para golpearles el rostro. El tercer miembro de la Unidad de Crímenes Mayores levantó su fúsil de inmediato, pero Fobos le asesinó con una ráfaga y enseguida corrió hacia donde estaba Oriana. La tomó entre sus brazos mientras desplegaba su aura para finalmente impulsarse a los cielos y perderse en la noche antes de que les pusieran las manos encima. Las fuerzas policiales efectuaron algunos disparos antes de informar por radio a los helicópteros de la Guardia Nacional.

       Universo-20,017,659
       Planeta Mystacor (7 años atrás)

       —No puedo creer que me digas eso, Denonte —murmuró Kay.

       —Amigo mío, cada fracaso enseña al hombre algo que necesitaba aprender y no debes temerle más de lo necesario. ¿Sabías que Gokuh, Vejita y Piccolo fueron derrotados en más de una ocasión? Seiya, Hyoga, Shun y los otros también experimentaron la derrota en alguna ocasión.

       —Pan me ha contado algunas cosas sobre eso —asintió Kay—. Incluso Gokuh me dijo que siempre debía esperar toparme con alguien mas poderoso sin importar que tan fuerte yo sea. Pero no entiendo lo que tratas de decirme, Denonte. Se supone que uno siempre debe dar su máximo esfuerzo en todo, ¿no es así? ¿Por qué entonces debo aceptar la derrota?

       Denonte asintió con la sonrisa propia de un padre que se dirige a su hijo.

       —Sí, Kay, uno siempre debe dar todo de sí en cualquier aspecto de su vida, pero eso no significa que debas obsesionarte con la idea de vencer a toda costa. En ocasiones, el deseo de ganar puede nublarnos el juicio y conducirnos por el sendero del caos. Recuerda que un buen ganador también debe aprender a perder porque ambas cosas forman parte del todo. El saber aceptar las pérdidas que se producen en la vida contribuye a madurar nuestra personalidad, pero sobretodo a tornarnos más sensibles ante las adversidades que sufren los demás. Solamente cuando hayas aprendido está lección, Kay, podrás empezar a aprender verdaderamente de las victorias y serás más sabio. 

       Tierra-877,666
       Ciudad Magna (Época Actual)

       Kay Namura se levantó del piso, sintiéndose algo débil y aturdido. Los ataques del Captain Marvel y Supergirl habían conseguido lastimarlo más allá de lo que había creído en un principio. El pecho todavía le ardía por los relámpagos y el esfuerzo por haber empleado el Kaioh-ken había minado sus fuerzas físicas. Aún podía invocar la energía interna de su Cosmos, utilizar el Ki, recurrir a la magia o invocar su armadura Kamei de Sagitario, pero difícilmente podría soportar mucho tiempo peleando él solo. Necesitaba algo de ayuda.

       Con el sobrecogimiento de estar en medio de una pelea, el Centinela echó un vistazo a su alrededor, buscando en el aura las presencias de Paul, Oriana, Kayani, Charles y Fobos. Los cuatro primeros habían sido derrotados por el Justice Army y el último… se alejaba junto con… ¡Oriana! ¿Acaso el Khan los estaba abandonando? Sí, esa era la única explicación posible. ¡Fobos los había dejado a su suerte y también se había llevado a Oriana! Kay era consciente de que tenía que actuar con rapidez o todo estaría perdido. Pero eso no iba a resultar nada sencillo. Alzando su mirada hacia los cielos, Kay observó cómo los helicópteros de noticias se aproximaban junto con Supergirl, Captain Marvel y otros más.

       Los héroes comenzaron a rodearlo desde distintas posiciones. Kay volvió la mirada en derredor y se puso en guardia a la espera del ataque. En medio de las sombras de la noche alcanzó a distinguir el rostro de Nyartolep-Syaoran en medio de un grupo de personas que observaban. Y mientras las miradas del Centinela y el Primordial se cruzaban en medio de la oscuridad reinante, Nyartolep-Syaoran esbozó una sonrisa maligna que denotaba un placer enfermizo. “Te lo dije, Kay”.

       —Nyartolep —musitó Kay.

       Sin previo aviso, J’onn J’onzz emergió del piso y contempló fijamente a Kay Namura como queriendo averiguar a quien estaba mirando. El Centinela se giró hacia el marciano, pero no tuvo tiempo de hacer algo más porque el Captain Marvel y Supergirl se le abalanzaron desde distintos flancos. Actuando con rapidez, Kay logró sujetarle las muñecas a la Chica de Acero y luego se las congeló usando la técnica de la lucha del hielo: el Polvo de Diamante. La maniobra tuvo éxito sobre Kara Zor-El, pero Kay no logró eludir la fuerza de Hércules contenida en el rápido puño del Captain Marvel, quien inmediatamente después de golpear al Centinela lo tomó por los hombros para lanzarlo al suelo.

       —Esta es tu última oportunidad para rendirte —advirtió el Captain Marvel—. El resto de tus compañeros ya han sido derrotados.

       Kay Namura se incorporó con lentitud y empezó a considerar seriamente la opción de rendirse. Un delgado hilo de sangre le brotaba de la nariz. Sí continuaban peleando tendría que recurrir a todo su poder para equilibrar el combate. Todavía podía invocar su armadura Kamei de Sagitario para duplicar su fuerza o realizar un triple Kaioh-ken… Pero eso traería como consecuencia una batalla infernal donde podrían morir muchos inocentes y Kay no deseaba eso. Sin embargo, por otra parte, sentía que darse por vencido sería un acto deshonroso, un acto denigrante. Recordó a sus maestros y especialmente a Vejita. ¿Cómo podía rendirse ante guerreros que no poseían un Cosmos ardiente o un Ki? Sabía que los héroes esperaban ansiosos la respuesta que daría y decidió no hacerlos esperar demasiado. Con la determinación marcada en su rostro, el Centinela proyectó un Escudo-AT para rechazar al Captain Marvel, Green Lantern y J’onn J’onzz, pero entonces una pelirroja de piel verde apareció a un costado de Kay Namura y le descargó un golpe con el puño que lo hizo volver el rostro hacia arriba.

       —Deja de pelear o nos veremos obligados a lastimarte —le dijo M’gann M’orzz.

       —No pierdas el tiempo con él, Miss Martian —comentó Flash, mientras corría en torno a Kay Namura y le lanzaba puñetazos a súper velocidad—. Sí algo he aprendido en todos estos años es que los villanos necesitan siempre una buena paliza.

       —¡No! —exclamó Kay, saltando hacia las alturas para librarse de Flash, Miss Martian y los demás héroes que lo acosaban. Cuando el Captain Marvel fue en su persecución, el Centinela se volvió hacia él para darle una patada en la cara y acto seguido le descargó la Explosión de Galaxias—. ¡Esto es un malentendido! ¡Entiendan, por favor!

       —Eso es lo que todos dicen —replicó Hourman al tiempo que destrozaba un letrero de señalamiento vial sobre la espalda del Centinela. Terra, por su parte, movió las manos en dirección a Kay Namura para atacarlo con una lluvia de rocas que lo golpearon duramente por todo el cuerpo. A continuación, una mole robótica conocida como S.T.R.I.P.E entró en acción, alcanzando con su puño mecánico al Centinela y arrojándolo contra un autobús de pasajeros estacionado cerca.

       Se produjo un fuerte estruendo de vidrios rompiéndose cuando Kay Namura se estrelló contra el costado del vehículo, partiéndolo por la mitad. Captain Atom, Fire, J’onn J’onzz, Green Lantern, Wonder Woman, Supergirl, Firestorm, Starfire, M’gann M’orzz, Mary Marvel, Terra, Negative Man, Steel, Hawkman, S.T.R.I.P.E, Stargirl, Doctor Light, Red Tornado y Hawkgirl se aproximaron desde los cielos para continuar el ataque, mientras que Beast-Boy, Hourman, Zatanna, Wonder Girl, Cyborg, Ice, Doctor Mid-Nite, Elastic-girl, Metamorpho y Black Canary avanzaban por la calle.

       Canalizando todo su cosmos, Kay emergió desde las entrañas de los restos del autobús flotando en posición de loto, con los ojos cerrados mientras acumulaba sus energías.

       —Lo haremos al viejo estilo de Wildcat —aseguró Pat desde el interior del cuerpo robotizado de S.T.R.I.P.E.—. ¿Qué se supone qué está haciendo? ¿Alguien sabe?

       —Tengan cuidado —advirtió Starfire.

       —¡OM! —Kay abrió sus ojos, liberando de golpe las energías reunidas de su cosmos con lo que inmovilizó a todos los que estuvieran cerca—. ¡Tenma Kofuku!

       —¡No puedo moverme! —gritó Flash.

       —¡Yo tampoco! —exclamó Ice—. ¿Qué es lo que sucede?

       —Es algún tipo de poder místico —anunció Zatanna.

       Una poderosa descarga de cosmos resplandeció intensamente, pero antes de que sus efectos lograran subyugar a todos los héroes, una ráfaga de luz intervino en el último instante y anuló los efectos de la técnica del Centinela. Los miembros del Justice Army levantaron sus rostros al instante para descubrir a un hombre que portaba un casco dorado y descendía lentamente.

       —¡Doctor Fate! —exclamó Wonder Woman.

       El hombre del casco dorado volvió su mirada centellante hacia la amazona y asintió con la cabeza mientras posaban sus pies se sobre el suelo. Kay Namura supo de inmediato que aquel hombre había utilizado alguna clase de magia muy poderosa para bloquear el Tenma Kofuku. De pronto, una mujer joven vestida de negro y con una capucha que le ocultaba la parte superior del rostro, se aproximó al Centinela desde las tinieblas del cielo nocturno. La oscuridad tomó la forma de la sombra de un cuervo que lo envolvía con sus alas negras.

       —Dicen que si tienes un conflicto con alguien, puede que la culpa sea de la otra persona. Y si tienes un conflicto con dos personas de nuevo el problema puede que seas tú.

       —¿Qué dices? —Kay se volvió hacia la joven de rostro inexpresivo.

       —Pero cuando tienes dificultades con tres o más personas… —continuó Raven—, entonces el problema está en ti.

       Tras oír aquellas palabras, Kay Namura se vio a sí mismo en un lugar tan oscuro donde no había diferencia entre tener los ojos abiertos o cerrados. Bajo sus pies alcanzó a sentir algo frío y duro que podía ser el piso. El aire era frío y seco y no podía escuchar ningún sonido. Entonces, de repente, vio la silueta de un hombre que le daba la espalda y comenzó a andar hacia él. Cuando estuvo un poco más cerca por fin reconoció a la persona que tenía al frente. Era Lisandro Namura. Era su… .

       —¡Padre! —exclamó Kay—. ¿Eres tú?

       —Sí, hijo mío —El hombre se volvió hacia el Centinela, mostrándole un horrible rostro escamoso del que colgaban un montón de tentáculos—. Acepta tu herencia primordial, Kay, únete a mí y al primordio. ¡Eres uno de nosotros! ¡Invoca la Restricción Cero y aniquila a estas criaturas miserables! ¡Únete al gran Cthulhu!

       —No, no, no ¡Nooooooooooooooo!

       Una daga helada penetró en ese instante hasta lo más hondo de las entrañas de Kay, paralizándolo de angustia. Sus dedos crispados cubrieron su rostro, pasmado, atónito, horrorizado hasta las raíces. El Cosmos que ardía en su interior estaba a punto de explotar con toda la rabia que era capaz de generar, pero se contuvo al escuchar una voz que surgió de la misma oscuridad que lo envolvía.

       —Detente, ya no luches más. Sí piensas que Superman o los otros no lastimarán a tus amigos, estás equivocado.

       —Tú… ¿quién eres?

       La oscuridad que lo cubría se apartó y Raven retiró su capa. La pelea retomó su cauce y los miembros del Justice Army se abalanzaron en grupo sobre el desorientado Centinela para atacarlo. Mientras se defendía como podía lazando ataques a diestra y siniestra, Kay Namura finalmente comprendió algo: Los héroes contra los que luchaban estaban mucho mejor organizados y se coordinaban de una manera casi perfecta para enfrentarlo. En contraste, Paul, Charles y hasta él mismo estaban más acostumbrados a combatir individualmente y practicaban la costumbre de luchar contra un solo enemigo a la vez. Los héroes, en cambio, no tenían inconveniente en apoyarse, cubrirse las espaldas, defender a un amigo o incluso simplemente estorbar al oponente. Eran un equipo que funcionaba con la precisión de un cuerpo de combate. El gran error había sido separarse, olvidando la lección aprendida en Adén cuando él y Paul habían luchado juntos contra Zura.

       “No puedo perder”, pensaba Kay Namura en lo que arrojaba una Aguja Escarlata contra la pierna izquierda de Starfire. El Centinela decidió jugarse el todo por el todo y usó un dobleKaioh-ken para incrementar sus fuerzas todavía más. Pero algo marchaba mal porque sus movimientos eran más torpes que antes y estaba falto de concentración. Green Lantern atacó desde la distancia con una descarga de energía verde, pero Kay pudo eludirla y lanzó una ráfaga de aire frío contra Fire, que se precipitó hacia el vacío luego de que sus llamas se extinguieron. Al ver aquello, Ice disparó un rayo gélido contra el brazo izquierdo de Kay, congelándoselo en el acto. En tanto, Flash salió corriendo a súper velocidad y logró atrapar a Fire entre sus brazos.

       —Me está comenzando a gustar recibirte de esta manera, nena —bromeó el velocista.

       En medio de la batalla, Doctor Fate liberó su Magia del Orden para cubrir a algunos de sus compañeros de los ataques del Centinela. Starfire, aún resentida por la herida que la Aguja Escarlata le había dejado, atacó con sus descargas estelares y Hawkgirl nulificaba las ráfagas de aura que les arrojaban. Rápido como la luz, Kay Namura derribó a Captain Marvel usando elDragón Naciente y luego usó el Rayo Escarlata contra J’onn J’onzz, pero éste se hizo intangible y el ataque pasó de largo sin dañarlo. En los cielos, un nuevo grupo de héroes liderado por un segundo Green Lantern avanzó hacia la pelea.

       —Haces una fiesta y no invitan —dijo Guy Gardner, atacando con veloces ráfagas verdes.

       —¡Continúen como hasta ahora! ¡No lo dejen escapar! —exclamó Hal Jordan mientras que Kay alejaba a S.T.R.I.P.E con un Plasma Relámpago, aunque luego fue embestido por un ataque combinado del Captain Atom y Firestorm. Tras recuperarse con algo de dificultad, el Centinela se volvió para encarar a Guy Gardner y disparó cinco certeras Agujas Escarlata, pero el Green Lantern reaccionó formando una barrera de energía verde para detenerlas—. ¡Superman viene para acá! —anunció Hal Jordan.

       —Superman —musitó Miss Martian de forma preocupada—. No… .

       El Hombre de Acero se lanzó volando directamente hacia el Centinela con una rapidez que superaba en veinte veces la velocidad del sonido. Al sentirlo llegar, Kay alzó su brazo derecho hacia atrás para recibir al nuevo enemigo con un golpe, pero la velocidad de Superman se incrementó en el último instante y logró atacar primero al Centinela con un fuerte puñetazo que lo hizo estamparse de espaldas contra una pared. El golpe había sido de una intensidad realmente devastadora y a Kay le costaba trabajo creer que alguien tuviese semejante poder sin ayuda del aura o la magia. ¿Cuáles eran los límites de Superman? Ni siquiera Zura o Krin, dos de los peores rivales a los que había enfrentado en el pasado, llegaron a demostrar semejante fuerza física. ¿Acaso sería más poderoso que el mismo Gokuh? Tal vez sí usaba el triple Kaioh-ken… .

       —¿Ya fue suficiente? —inquirió el Hombre de Acero, con sus ojos destellando de rojo—. ¿O deberé hacerte una lobotomía?

       —Eso no será necesario, Superman —Miss Martian se aproximó al Último Hijo de Krypton e intentó calmar las cosas—. Míralo, ¿no ves que está malherido? Por favor no hagas eso.

       —Tú conoces las reglas como todos, Megan —replicó Superman, frío como un juez que estuviese a punto de dictar sentencia—. No habrá consideración para él o sus amigos si no se rinde. Recibí un mensaje del presidente diciéndome que este sujeto es un criminal peligroso y estamos autorizados a usar fuerza letal para salvaguardar la paz y la seguridad de Ciudad Magna.

       “No lo entiendo”, pensó Kay, jadeando cansadamente. “Las leyendas que escuché de Superman siempre hablaban de un guerrero noble y honorable, pero este parece que no tiene escrúpulos con tal de lograr lo que se propone. Con razón este mundo parece gobernado por un régimen seudo totalitario tal y como lo leí en la biblioteca”.

       El Centinela estaba bastante agotado debido a la batalla. Su Cosmos estaba intacto, pero su cuerpo físico había llegado al límite de sus fuerzas; las heridas y los golpes le dolían bastante y también tenía el brazo izquierdo congelado. Incluso su alma había sido sacudida por las horribles visiones que Raven le había mostrado. Por unos instantes, la idea de alcanzar nuevamente el Octavo Sentido le vino a la mente. También  podía intentar proyectarse hasta la Conciencia Universal o traer su armadura de oro, pero no tenía forma de saber si esas acciones volcarían la pelea a su favor o sólo retrasarían la derrota. El temor y la violencia que se desencadenarían podría tornar la situación peligrosamente caótica. ¿Acaso por eso Nyartolep se mostraba tan feliz? ¿Esa era su venganza? ¿El verle morir o unirse al Primordio? No. No podía continuar. Pelear ciegamente no era el camino de los Centinelas.

       De haber sido alguien inexperto tal vez hubiera seguido luchando hasta el amargo final sin importar que la ciudad fuera destruida o alguien muriese, pero ahora comprendía mejor las cosas. El tiempo le había dado la experiencia y la sabiduría de un Centinela. No iba a ganar y continuar peleando sería más un acto imprudente y temerario que una acción heroica. Por fin entendía lo que Denonte había tratado de decirle siete años atrás. Tenía que claudicar por aquella ocasión para saber lo que pasaba realmente en esa Tierra. Sólo de ese modo lograría saber el motivo por el cual Calíope los había enviado ahí. Kay soltó un suspiro para relajar su mente y espíritu y alejó todas sus dudas. Sus amigos estaban vencidos y Fobos había escapado llevándose a Oriana. Sólo restaba una cosa por hacer.

       —Está bien, ustedes ganan —Kay levantó su mano izquierda y Miss Martian respiró con tranquilidad cuando los ojos de Superman regresaron a la normalidad—. Me rindo, pero sólo espero ser tratado con justicia de acuerdo a sus propias reglas

       —Eso tenlo por seguro, amigo —respondió Hal Jordan, levantando el puño y apuntándole con su anillo de poder—. Pero sólo para asegurarnos.

       Kay sintió que una descarga lo golpeaba y después todo fue oscuridad. Lo último que escuchó fue la voz de Miss Martian que le decía: “Hiciste lo correcto”.

       Continuará… .

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