Leyenda 072

LA LEYENDA

por Asiant y Uriel

CAPÍTULO LXXII

PELEANDO HOMBRO CON HOMBRO

        Shinden (Templo de Kami-sama)

        Luego de recibir el ataque de Leinad, el Santo de Pegaso se estrelló con fuerza en el suelo y todavía derrapó algunos metros, destrozando cuantas losas había a su paso y creando un enorme surco con su espalda. Finalmente, luego de algunos segundos, el Santo de Bronce quedó inmóvil en el piso. Quizás había quedado inconscientes luego del golpe. La tiara de su ropaje sagrado había sido destruida por el impacto y también se veían algunas rasgaduras en el peto y las hombreras.

        —¡¡Seiya!! —gritaron Shiryu y Shun casi al unísono.

        —¿Ese era todo el poder que tenía el Santo de Pegaso? —murmuró Leinad, sin dirigirse a nadie en particular una vez que volvió a la normalidad—. Realmente no significó nada para mí. 

        —¿Cómo puedes hablar con tanta frialdad? —exclamó Zaboot, volviendo la mirada hacia el despiadado Khan de Leviatán—. No puedo creer que sean tan insensibles.

        Leinad estaba listo para replicar, pero Nauj-vir extendió un brazo hacia él para indicarle que guardara silencio. El Guerrero Kundalini quería debatir. Perfecto. Sí lo que buscaba era hacer ver a los guerreros Khans como malvados usando aquellos débiles argumentos, entonces estaba muy equivocado.

        —Dices que somos insensibles por tratar a nuestros enemigos con dureza, ¿eh? Por favor, no me hagas reír, Kundalini. No seas absurdo, esta es una guerra y nosotros somos soldados. La misión de un soldado en cualquier guerra es la de vencer a sus enemigos, aniquilarlos sin importarle nada más.

        Dai fijó su mirada sobre el Khan del Cíclope y se llevó una mano a la cintura. Tenía pensado sacar su espada y atacarlo por sorpresa con el Aban Slash, pero cuando recordó que no llevaba ninguna arma, se quedó totalmente perplejo y apretó los dientes con furia. ¿Qué podía hacer? Las armaduras de los guerreros imperiales los protegían contra todos los hechizos mágicos, de modo que estaba relativamente indefenso. Estaba pensando en todas sus posibles opciones cuando escuchó nuevamente la voz de Zaboot.

        —¿Estás seguro de lo que dices?

        Nauj-vir colocó una mano en su cintura y rió en un susurro apenas audible. Al mismo tiempo, atrás de los guerreros imperiales y sin que nadie lo notara, Vejita recuperó la conciencia y alzó la mirada sigilosamente para averiguar qué era lo que ocurría. El Khan del Cíclope tomó la palabra de nuevo en ese instante.

        —Claro que estoy seguro, Kundalini. No hay honor más grande para un guerrero que triunfar sobre sus oponentes. Sólo aniquilando al enemigo, un guerrero demuestra que no existe rival alguno que pueda derrotarlo. ¿Conoces algo más grande para un guerrero que no sea el derrotar a sus enemigos en batalla?

        —Bien dicho, jefe —dijo Sorlak mientras aplaudía—. Ahora vamos a matarlos a todos.

        Zaboot buscó con sus ojos la mirada de Nauj-vir antes de responder.

        —Mejor que mil palabras sin sentido es una palabra con sentido, pues trae paz al que la escucha. No es importante que un hombre conquiste mil veces a mil hombres en la batalla; aquél que se conquista a sí mismo, es el guerrero más grande. La conquista de uno mismo es mejor que la conquista de los demás, ya que nada puede deshacer la victoria del guerrero que se ha conquistado a sí mismo.

        El Khan del Cíclope se quedó estupefacto al escuchar aquellas palabras. Ese terrícola hablaba con una sabiduría un tanto extraña. ¿Conquistarse a sí mismo? ¿Qué clase de razonamiento era ese? ¿Cómo podía ser que la conquista de mil hombres no fuera nada en comparación a la conquista de uno mismo? No había duda, Zaboot estaba totalmente loco o tal vez trataba de confundirlo con sus ideas.

        —¡¡JA, JA, JA, JA, JA, JA, JA!! ¿Escucharon lo que ese torpe dijo, amigos? —Sorlak se volvió riendo hacia donde estaba Belcer, quien le sonrió con complicidad—. Quizás la nueva estrategia de la Alianza sea provocarnos lástima con sus malos chistes o aburrirnos con su filosofía absurda. Lo único que realmente importa es conquistar el poder.

        —¿Conquista de uno mismo? —repitió Leinad con desprecio—. Sólo dices estupideces, maldita escoria, pero yo me encargaré de callarte la boca para siempre. Ahora los mataré a todos con mi técnica especial. No me importa sí tengo que enfrentarlos a todos a la vez.

        Casiopea alzó ambas manos y se colocó en posición de combate. A ese Khan sólo le había costado una fracción de segundo derrotar a Seiya sin hacer el menor esfuerzo. No había forma de saber qué tan fuerte era ya que ocultaba su aura, de manera que tenía que estar preparada para lo peor.

        —Leona, encárgate de curar a Eclipse, por favor.

        La princesa de Papunika volvió la vista hacia su amiga y asintió con la cabeza antes de murmurar un “sí”. Shun, preocupado por el estado de Seiya, llevó la mirada por encima del hombro y observó el cuerpo inmóvil de su amigo por un instante. Todavía podía percibir el cosmos de Seiya; al menos podía estar tranquilo de que seguía con vida.

        “Seiya no se mueve”, pensó. “Debió haber recibido un golpe muy fuerte”.

        Leinad dio un par de pasos al frente, cruzó los brazos sobre su pecho y nuevamente se cubrió de aquella energía resplandeciente color amarillo. Tenía pensado embestirlos a todos esta vez, sólo era cuestión de ver quién tendría el honor de ser el primero.

        “Ese sujeto pretende repetir su técnica”, observó Piccolo.

        De repente, el Khan se arrojó directamente contra Hyunkel. El Caballero Inmortal trató evadirlo haciéndose a un lado, pero Leinad viró hacia la derecha para perseguirlo. Hyunkel fue embestido con tal fuerza que el peto de su armadura fue destruido completamente y su espada salió volando por los aires.

        —¡¡Hyunkel!! —gritó Dai, llamando a su amigo—. ¡¡Noooo!!

        El cuerpo del Caballero Inmortal se desplomó en el suelo, provocando las hilarantes carcajadas de Sorlak y Belcer y la desesperación de Dai. Nauj-vir, por otro lado, permaneció en completo silencio, parecía estar más interesado en comprobar las supuestas habilidades de los aliados de la Alianza que en la manera en que su compañero los derrotaba uno a uno.

        Casiopea, segura de que debía actuar con prontitud, desplegó su aura totalmente y extendió sus manos contra Leinad. Antes de que el Khan pudiera dirigirse hacia Ryoga y Astroboy para golpearlos, la Celestial lo atacó con su técnica más poderosa.

        Un poderoso tornado de aire huracanado surgió de las manos de la princesa francusiana y envolvió a Leinad por completo, provocando la sorpresa de éste. Sin embargo, por más fuerza que los vientos ejercían sobre la esfera de energía, parecían ser incapaces de detenerla o al menos de entorpecer su movimiento.

        —¡¡Necesitarás más que eso para vencerme, muchachita!! —se escuchó gritar a Leinad desde el interior de la esfera. A continuación se lanzó sobre Casiopea y la golpeó fuertemente, lanzándola por los aires ante las miradas de sus amigos.

        —Ellos tampoco parecen capaces de derrotarlos —murmuró No. 18 con asombro.

        Tomando ventaja del caos que el ataque de Leinad estaba causando, Belcer utilizó el poder de su aura para hacer surgir una vez más a su monstruoso golem. Lentamente, el gigante de color esmeralda cobró vida nuevamente y emitió un fuerte rugido con el que atrajo la atención de Dai, Astroboy, Sailor Saturn y Ryoga.

        —Oh no, no de nuevo —alcanzó a murmurar Ryoga, recordando la difícil batalla que había librado junto con Moose contra aquel engendro en la residencia de los Tendo—. Es ese monstruo verde con el que Moose y yo luchamos cuando raptaron a Akane. Me pregunto sí está vez podremos vencerlo.

        —¿Qué rayos es eso? —preguntó Astroboy, totalmente contrariado.

        —Alguna especie de monstruo —señaló Sailor Saturn.

        Belcer sonrió en forma siniestra.

        —Esta vez no cometeré el error de dejarte vivir, Ryoga —Extendió un dedo para señalar a Dai y a los demás, y su semblante se endureció—. ¡Mátalos a todos!

        El monstruo asintió con un leve gruñido y se dirigió a paso lento hacia los enemigos seleccionados por su amo. De repente, Ryoga corrió a toda velocidad hacia el golem, dio un prodigioso salto en el aire para pasar por encima de éste y aterrizó justo frente a Belcer.

        El Khan del Golem no pudo ocultar su sorpresa. Todo parecía indicar que ese chico llamado Ryoga quería desafiarlo personalmente. Quizás imaginaba que era un buen guerrero y por eso usaba a aquel monstruo para pelear, o también podía ser que estuviera tan furioso que ya nada le importaba.

        —¡¡Ryoga!! —exclamó Poppu—. ¡¿Qué es lo que haces?!

        “¿Está loco?”, pensó Belcer. “¿Acaso quiere que lo maté con mis propias manos?”.

        —Miserable, vas a decirme dónde está Akane así tenga que sacártelo a la fuerza.

        Belcer entornó la mirada. Estaba harto de que ese muchacho le hablara de aquella manera tan insolente. Había visto a guerreros más fuertes suplicar como niños por sus vidas ante él y no podía aceptar el hecho de que hubiera alguien que no le tuviera miedo.

        —¿Así que muy valiente, eh? Quizás es hora de que te dé tu merecido.

        El golem se giró hacia su amo y se dispuso a ir a defenderlo, sin embargo Belcer alzó una mano para avisarle que no lo hiciera. El monstruo se quedó estático en espera de las ordenes del Khan.

        —No te molestes, yo me haré cargo de este gusano. Tú acaba con los demás.

        El golem asintió con una leve inclinación de la cabeza. Se dio la vuelta y se alejó nuevamente para ir a pelear contra Dai, Astroboy y Sailor Saturn, que ya se habían puesto en guardia para enfrentarlo. Ryoga, por otro lado, se colocó en posición de combate en espera de que Belcer decidiera iniciar la pelea de un momento a otro.

        —Defiéndete.

        El guerrero imperial soltó una sonora carcajada de desprecio.

        —¿Crees que necesito una postura de combate para luchar contra ti, inútil? Existe tanta diferencia entre nosotros como entre un dios y un insecto. Jamás podrás hacerme ni un rasguño sin importar cuantas veces lo intentes.

        Ryoga frunció el entrecejo y se lanzó corriendo contra el imperial.

        —Eso lo veremos, fanfarrón.

        Belcer se quedó en su lugar tal y como estaba: inmóvil y con los brazos cruzados en espera de que su adversario hiciera el primer ataque. Justo cuando Ryoga llegó hasta él y lo atacó con un puñetazo, el imperial decidió desaparecer con su velocidad. Moviéndose con una rapidez imperceptible para el ojo humano, Belcer apareció por atrás de Ryoga antes de que éste pudiera darse cuenta de lo que había pasado.

        —¿Ves a lo que me refiero, Ryoga? —le preguntó el guerrero imperial, provocándole un pequeño susto que lo hizo estremecerse—. Soy demasiado fuerte y poderoso para alguien como tú.

        Ryoga se apartó de él con un rápido salto hacia delante y enseguida se volvió para encararlo. No podía ser cierto, ni siquiera lo había visto pestañear. ¿En qué momento se había movido de su lugar para esquivar su golpe? Ni siquiera Happosai o la abuela de Shampoo habían sido capaces de actuar con semejante rapidez. Fue en ese momento que comenzó a sentir miedo mezclado con impotencia. ¿Cómo derrotarlo cuando no podía ni siquiera tocarlo?

        “Esto no puede ser posible”, pensó mientras una pequeña gota de sudor le escurría por la sien. “Cuando estuve en el Santuario, vi a los Khans y a los Santos moverse de una manera parecida, aunque en ese momento creí que con solo fijarme bien podría darme cuenta de cómo lo hacen. Ahora veo que estos guerreros son demasiados poderosos para mí o para Ranma… ¡Rayos! ¿Acaso no hay manera de ganarles?”.

        —Veo que toda tu confianza ha desaparecido, muchacho —sentenció Belcer mientras Ryoga retrocedía un paso—. Ahora voy a hacerte pagar por todas tus fanfarronadas.

        En ese instante, Belcer se arrojó sobre Ryoga y le conectó un fuerte puñetazo en la boca del estómago que le sacó todo el aire en un instante. Hibiki sintió como se le nublaba la vista y se fue de bruces al suelo mientras se sumergía en la inconsciencia.

        “Akane, perdóname”.

        El guerrero imperial sonrió de forma placentera. Se cruzó de brazos, colocó un pie sobre la espalda del muchacho y se dispuso a disfrutar de la pelea que su golem estaba a punto de iniciar.

        No. 18 pensó que aquella era la mejor oportunidad para darse a la fuga; los Khans estaban distraídos con aquellos forasteros y Piccolo no dejaba de observar la batalla. Nadie notaría su escape. Estaba por huir del Shinden cuando se acordó momentáneamente del enano de Kurinrin. Los Khans habían dicho que destruirían el Templo Sagrado por lo que no podía descartar el hecho de que el calvo fuera a morir en el ataque. Se volvió un momento hacia donde estaba Kurinrin y no pudo dejar de maldecir que aún estuviera inconsciente.

        Por un segundo se le ocurrió que tal vez podría llevarlo consigo y luego abandonarlo en un lugar seguro. Eso era lo mejor, de esa manera ya no le debería nada y así podría seguir su vida como mejor le pareciera. Iba a poner en práctica su plan cuando escuchó un grito que la hizo volverse.

        Puppu estaba corriendo lo más rápido que podía, pero por más esfuerzos que hizo al final le fue imposible escapar del ataque de Leinad. El Khan lo embistió fuertemente y lo mandó a volar por los aires como sí fuera un muñeco de trapo. Mientras era impulsado hacia los cielos, Poppu sintió que las fuerzas lo abandonaban y perdió el conocimiento.

        —¡¡Poppu!! —exclamó Zaboot.

        Una vez que el mago se estrelló en el suelo, la esfera de luz se esfumó descubriendo la figura del imperial. El guerrero Khan se giró sobre sus talones y observó los cuerpos de Casiopea, Hyunkel, Seiya y Poppu con una sonrisa de placer en el rostro.

        —Pero que partida de perdedores —murmuró mientras alzaba una mano. Iba a rematarlos con un disparo de energía cuando, súbitamente, su escáner visual emitió un pitido de alerta. En ese instante Shiryu y Shun se interpusieron en su camino—. ¿Hmm?

        —No vamos a permitir que les hagas daño —le advirtió Shun alzando los puños.

        —Cómo sí pudieran hacer algo para impedirlo —replicó Leinad con desdén—. En estos momentos no están en condiciones de luchar contra mí y eso se debe a que agotaron gran parte de su energía luchando en las Doce Casas. Puedo hacerlos pedazos sin mucho trabajo. 

        —No estoy tan seguro de eso.

        El Khan de Leviatán dirigió su mirada hacia Shiryu y reprimió una sonrisa.

        —¿Qué fue lo que dijiste, muchacho?

        —No puede asegurar nada hasta que peleemos.

        —¡¡Ja, Ja, Ja, Ja, Ja, Ja!! Ustedes sí que son bastante graciosos. Quizás sean más fuertes que los torpes de sus amigos, pero yo soy uno de los guerreros Khans más poderosos que existen en mi universo y es por eso es que soy el guerrero de Leviatán.

        “El Leviatán”, pensó Shun. “Según la Biblia de Hyoga, el Leviatán es una especie de monstruo que habita en las profundidades de los océanos y se supone que es invulnerable”.

        El Santo de Bronce estiró una sección de la cadena de Andrómeda entre sus manos.

        —Shiryu, encárgate de ayudar a los demás a pelear contra ese monstruo, por favor —murmuró en voz baja—. Yo me haré cargo de este guerrero.

        —¿Qué? ¿Qué fue lo que dijiste, Shun?

        —Por favor, Shiryu, tú ayuda a Seiya y a los demás. Son cuatro guerreros Khans y no sabemos en que momento los demás decidan participar en la pelea. Además, aún no sabemos dónde está la gema estelar.

        —Pero… .

        —¡Hazlo, Shiryu!

        El Santo del Dragón no pudo dejar de admirar el enorme valor que su amigo estaba demostrando en aquel momento. Con el paso del tiempo y de las batallas que habían sostenido, Shun había madurado más como un Santo de Atena y eso era algo que no dejaba de sorprender al resto de los Santos de Bronce.

        —¿Qué tantas tonterías están murmurando? —preguntó Leinad, que parecía sospechar que planeaban atacarlo en conjunto—. Espero que no piensen que me podrán ganar con sus débiles técnicas. Recuerden que las conozco a la perfección gracias a la experiencia de mis compañeros y que incluso puedo leer todo lo que hay en sus mentes.

        —Shun, cuídate mucho, por favor —le susurró Shiryu a su amigo antes de darse la media vuelta para ir corriendo hacia donde estaban Dai y los demás.

        —Vaya, vaya, vaya —murmuró Leinad, cruzándose de brazos y sonriendo—. Parece que tu amigo el Dragón se acobardó y prefirió salir huyendo para que no le diera una buena paliza. Eso me facilita las cosas enormemente.

        —Nada de eso, Leinad, yo he decidido combatir contra ti y vencerte.

        El imperial comenzó a reír a carcajadas.

        —Y me imagino que lo harás usando tu preciosa cadena, ¿no es así? Antes de matarte te diré una cosa, Andrómeda: alguien como tú jamás podría vencer a un guerrero Khan y eso es porqué solamente eres un timorato, sin mencionar que también eres un cobarde.

        —¡¿Qué estás diciendo?!

        —Digo la verdad, Andrómeda, puedo verlo en tu mirada. Tú no disfrutas de las peleas como yo; al contrario, eres un sujeto que no desea combatir, ni lastimar a las personas. Esa nobleza de corazón es tu gran debilidad y por esos no podrás ganarme nunca.

        —¡Te equivocas, Leinad! —exclamó Shun de golpe—. Es verdad que a mí no me gusta pelear ni herir a las personas, pero mi deber como Santo es proteger a Atena y pelear por ella sin importarme nada. Es por eso que te derrotaré, Leinad, es mejor que lo entiendas de una vez.

        Leinad miró a Shun fijamente. ¿En verdad hablaba en serio o solamente estaba fanfarroneando? Como fuera, Andrómeda parecía decidido a librar un verdadero combate a muerte y Leinad, ciertamente, no estaba dispuesto a decepcionarlo. El Khan de Leviatán se rodeó por una poderosa aura de energía amarilla y cruzó ambos brazos sobre su pecho para iniciar el ataque. Shun, por su parte, desplegó la cadena de Andrómeda por el suelo, la cual formó una serie de círculos concéntricos alrededor de él.

        Astroboy apretó los puños mientras contemplaba como el enorme golem de Belcer se aproximaba a ellos de manera amenazante. Gracias a sus circuitos integrados pudo darse cuenta de que el monstruo estaba formado de energía pura, así que decidió ser el primero en atacarlo. El pequeño robot extendió sus dedos índices y disparó un par de potentes rayos láser, sin embargo estos impactaron en el pecho del coloso sin provocarle ningún daño.

        —¡No puede ser! —exclamó.

        —¡Ahora es mi turno de atacar! —afirmó Dai mientras hacía aparecer una pequeña bola de fuego en su mano derecha—. ¡Merazoma!

        La esfera de fuego aumentó de tamaño y cruzó el aire hacia el golem, que seguía avanzando, y dio en el blanco, provocando en un infierno de llamas que envolvieron al gigante… No obstante, el monstruo emergió del fuego como sí nada.

        —¡Maldito! —vociferó Dai con furia.

        El golem dio un fuerte rugido y formó una esfera de luz en su mano izquierda con rapidez. Antes de que Astroboy, Saturn y Dai pudieran darse cuenta de lo que planeaba, el gigante contraatacó con una violenta ráfaga de energía. Astroboy y Dai se quedaron literalmente paralizados mientras el rayo de luz les iluminaba el rostro y avanzaba hacia ellos. Belcer sonrió maléficamente.

        —Silent Wall!! (Campo de Energía) —Sailor Saturn sujetó su lanza por la mitad y la extendió hacia el frente, creando un poderoso escudo de energía en forma de domo que los protegió. El ataque del golem se estrelló en la barrera sin causar daños, como sí lo hubiera hecho en medio de la nada.

        —¿Qué? ¿Saturn, tú hiciste esto? —Dai había quedado francamente impresionado.

        —Es curioso, pero esa Sailor Senshi no estaba en el lugar donde Eneri, Suzú y Liria encontraron la gema estelar y por lo mismo no hay información sobre ella —murmuró Nauj-vir luego de ver los grandes poderes de Hotaru—. Sus habilidades parecen superiores a las del resto de las Sailors, eso sin mencionar el enorme poder que guarda en su interior.

        —Vaya, Balcer, veo que esos mocosos te están causando muchos problemas —exclamó Sorlak con una carcajada—. ¿Acaso será que no eres tan poderoso como nos los había dicho? ¡¡JA, JA, JA, JA, JA!!

        Belcer no pudo disimular su disgusto cuando vio que su golem había fallado en el primer intento por eliminar a aquellos mocosos detestables. Sin embargo existía un detalle más que llamaba su atención: la naturaleza del poder de Sailor Saturn.

        De acuerdo con la información proporcionada por Eneri, Liria y Suzú, las Sailor Senshi no poseían tanto poder como el que acababa de mostrar aquella pequeña niña de apariencia tan frágil. Tan solo Sailor Moon había sido capaz de neutralizar parcialmente los poderes de un guerrero Khan, lo cual sugería que tal vez esa Sailor Saturn podía darle algunas cuantas sorpresas.

        “Esa niña tiene mucho poder”, observó. “Sin embargo, su corazón está lleno de una soledad increíble, una soledad que quizás podamos aprovechar en nuestro favor. Tal parece que la señorita ha llevado una vida difícil”.

        A unos metros de ahí, el príncipe de los saiya-jins había sido testigo de todo lo sucedido y comenzó a preguntarse quiénes eran aquellos desconocidos que luchaban arduamente contra los guerreros imperiales. Estaba demasiado débil para luchar, pero aun así hizo un esfuerzo por levantarse.

        —No puedo creer que esa chiquilla tenga un Ki de ese tamaño. No entiendo nada, ¿quiénes son esos torpes que tratan de derrotar a esos malditos? Sí esa sabandija no me hubiera robado la energía ya los habría matado a todos.

        Tokio-3  

        Habían pasado cinco días desde que el último shito, Tabris, había penetrado en los cuarteles de Nerv con intención de provocar el tercer impacto, cinco días desde que Shinji se había visto en la penosa necesidad de eliminar a un amigo, cinco días de verdadera angustia. La ciudad estaba destruida en su mayor parte debido a la explosión del Eva-00 y todos sus compañeros de la escuela se habían marchado. No había nadie con quien hablar. Estaba solo. Completamente solo.

        —Kaworu-kun dijo: “Te quiero” —murmuró Shinji mientras contemplaba el enorme lago creado a partir del estallido que había destruido al Eva-00—. ¡A mí! Por primera vez, por primera vez oí esas palabras. Se parecía a mí. Se parecía a Ayanami. Yo lo quería. Kaworu-kun debía haber sido el único que sobreviviese. Él era mucho mejor de lo que yo soy. Él debía haber sobrevivido.

        —¿Shinji?

        El chico volvió su rostro lentamente hacia atrás. Estaba seguro de haber escuchado esa voz con anterioridad, sólo que no podía creer que en verdad se tratara de aquella hermosa chica que había conocido a las afueras del colegio. Todos se habían ido de la ciudad… .

        —¿Mana?

        —Que bueno te encuentras bien, lindo. Estuve un poco preocupada cuando supe que uno de los Evas fue destruido durante la última batalla con esos monstruos. No sabía sí te había pasado algo.

        Shinji no podía creer lo que estaba viendo. Justo cuando todo parecía indicar que su frágil mundo estaba a punto de venirse abajo, Mana aparecía nuevamente en su camino. Llevaba puesto el uniforme de la escuela y se veía tan encantadora como siempre.

        —¿Qué haces aquí? —le preguntó—. Pensé que te habías ido como los demás.

        Ella sonrió antes de contestar y se acomodó los cabellos.

        —Estaba por irme con mis padres, pero quise dar una última vuelta por la ciudad antes de eso. He pensado mucho en ti y la verdad es que no quería irme sin despedirme. Te veo triste, ¿pasó algo malo?

        —Yo… me siento solo, no tengo con quien hablar y… .

        —No digas eso, puedes hablar conmigo a la hora que quieras. Sé que tal vez aún no confías en mí lo suficiente, lindo, pero te aseguro que sabré escucharte como una buena amiga. ¿Por qué no caminamos mientras me cuentas qué te sucede?

        Aquello era demasiado bueno para ser cierto. Esa hermosa chica había reaparecido en el momento en que más necesitaba hablar con alguien, era como sí la aparición de Mana fuera un verdadero milagro. No podía creerlo.

        Shinji comenzó a relatarle a Mana todo lo que había ocurrido hace cinco días en los cuarteles de NERV, le habló sobre la muerte de su amigo Kaworu Nagisa y de lo culpable que se sentía por ese hecho. Mientras los dos chicos caminaban, un sujeto estaba parado a lo lejos, observándolos con un semblante frío. 

        Shinden (Templo de Kami-Sama)

        Zaboot no tenía ni la más remota idea de cómo confrontar a Nauj-vir. El Khan del Cíclope despedía un aura de increíble poder que hacía parecer a Sepultura como un debilucho. Sencillamente no tenía la menor oportunidad de derrotarlo en un combate directo, ni aún usando todas sus habilidades como Guerrero Kundalini y su espada Excalibur.

        Piccolo, por su parte, no sabía qué decisión tomar con respecto a la batalla. Por un lado deseaba ayudar a aquellos forasteros a luchar contra los guerreros imperiales, pero por otro sabía que estaba demasiado agotado como para hacer algo y tal vez sólo estorbaría. Vejita no estaba en condiciones de combatir y Gohan, Trunks y los demás guerreros todavía estaban inconscientes.

        —Sé lo que estás pensando, estimado Piccolo —declaró Nauj-vir sin siquiera mirarlo—. Pero te recomiendo que no lo hagas —hizo una pausa y ladeó el rostro ligeramente hacia la derecha para mirarlo por encima del hombro—. No tienes suficiente poder para derrotarme.

        —¡¡JA, JA, JA, JA, JA, JA !! ¡El jefe tiene razón, hombrecito verde y lo sabes! —dijo Sorlak de manera escandalosa—. Ustedes son completamente inútiles ante nosotros —Alzó una mano con la palma vuelta hacia Zaboot y luego le miró—. Para muestra un botón.

        El Khan del Grifo disparó un rayo de energía luminosa contra el Kundalini, quien apenas tuvo tiempo de usar su espada para protegerse. La Excalibur logró salvarle la vida, pero la fuerza de la explosión lo lanzó de espaldas varios metros hacia atrás, dejándolo sumamente aturdido y sin posibilidades de ayudarlos.

        Sailor Saturn retiró su domo de energía al mismo tiempo que Shiryu daba un salto en el aire para aterrizar junto a ellos. El golem emitió un leve rugido de extrañamiento cuando vio al Santo del Dragón colocarse en posición de combate; parecía que no esperaba tener que confrontar a un rival más.

        —Será mejor que me lo dejen a mí —les sugirió Shiryu, pero ni Dai ni Astroboy estaban dispuesto a aceptar aquella propuesta. Ambos querían contribuir en la derrota del golem de Belcer.

        —¿Qué estás diciendo? —le preguntó Astroboy—. Sí luchamos todos juntos, es más seguro que podamos ganarle. Ese monstruo es muy poderoso, ni siquiera mis láser pueden hacerle daño.

        En ese instante, Dai se llevó la mano a la espalda y sacó una pequeña espada que más bien parecía un cuchillo. Aquella arma era en realidad un regalo que la princesa Leona le había hecho tiempo atrás en la isla Duremin, el lugar donde había crecido, y constituía un valioso tesoro para él.

        —Yo sé cómo derrotarlo —murmuró.

        —¿Qué? —preguntó Shiryu, extrañado.

        —¿Estás seguro de lo que dices, Dai? —le cuestionó Hotaru sin bajar la guardia.

        Dai asintió con la cabeza. Sí ese golem era un monstruo hecho de pura energía maligna como imaginaba, entonces podría vencerlo atacándolo en su punto vital con el Kuuretsuzan, el cual era un golpe de espada con el que era posible encontrar y destruir el punto débil de cualquier criatura maligna.

        —Usaré el Kuuretsuzan.

        —¿El qué? —inquirió Astroboy, que no sabía de qué hablaba.

        —El Kuuretsuzan es una técnica especial con la que podré encontrar la médula de esta criatura y destruirla por completo —explicó Dai, deslizando un paso al frente—. Sí logró acabar con su médula lo derrotaré.

        —Entiendo —razonó Shiryu—. Pero, ¿estás seguro de que podrás hacerlo?

        —Sí —Dai asintió nuevamente con la cabeza y a continuación cerró los ojos para concentrarse. Para proporcionarle una mayor efectividad a su ataque intuyó que debía recurrir al poder del símbolo del Dragón, de manera que dio un fuerte grito para expulsar todo su poder. Un punto luminoso, un destello cegador apareció de repente sobre su mano derecha provocando el sobresalto de Shiryu, Astroboy y Sailor Saturn.

        —Ese niño está aumentando su cosmo —observó el Santo del Dragón.

        Belcer también estaba un poco sorprendido de que Dai pudiera generar tanto poder en su interior, pero se relajó inmediatamente cuando comprobó que sus energías aún se encontraban demasiado lejos para ser amenaza. No obstante, tampoco podía ignorar el hecho de que Dai había aumentado considerablemente su nivel de combate desde la batalla con Galford en el reino de Papunika.

        Dai sujetó el mango de su arma con fuerza y corrió a toda velocidad hacia el golem soltando un grito de batalla. Cuando estuvo a unos cuantos metros del coloso, el chico dio un salto en el aire y cerró los ojos para tratar de ubicar el punto vital de la criatura con su intuición. Esa era la parte más importante y difícil del Kuuretsuzan ya que sí no lograba encontrar el punto débil del Golem el ataque no serviría de nada.

        “¿En dónde está su médula?”, pensó Dai mientras se elevaba en el aire. “No puedo encontrarlo en la criatura y… “, De pronto, un pequeño punto luminoso de color verde iluminó la oscuridad en la que estaba inmerso, sólo que se encontraba en una dirección diferente de donde se encontraba el monstruo. Era la médula. “¡Ahí está!”.

        Dai abrió los ojos y sujetó su espada con ambas manos para descargar el golpe mortal. Desgraciadamente, justo en ese momento, el golem dio un veloz brinco hacia el cielo para llamar su atención y confundirlo al mismo tiempo. Aprovechando el resplandor del sol, el monstruo de Belcer atacó a Dai en el rostro y cuerpo con una serie de rápidas patadas que lo despojaron de su tiara y lo arrojaron hacia abajo.

        —¡¡Dai!! —gritó Leona, que se encontraba curando a Eclipse—. ¡¡Noooo!!.!

        El pequeño Caballero del Dragón se estrelló pesadamente en el piso y rebotó una vez antes de quedar inmóvil. Cuando Hotaru acudió a auxiliarlo descubrió que su amigo estaba severamente lastimado; la sangre le brotaba de la frente, nariz y boca en forma abundante, además de que su armadura estaba un poco resquebrajada. El ataque del golem había sido realmente devastador.

        —¡Dai! —exclamó Hotaru mientras se arrodillaba junto a él—. ¡¡Dai!!!

        Shiryu también corrió hacia donde estaba Dai, pero en vez de ir a ayudarlo se dio la vuelta para encarar al golem; en realidad su intención era proteger al chico y a Saturn. Ahora que ambos tenían la guardia baja no podía descartar el hecho de que el monstruo quisiera atacarlos por sorpresa y eliminarlos.

        —No deben subestimarme —dijo Belcer repentinamente—. No importa cuantas veces ataquen a mi Golem, jamás podrán hacerle daño porque es invulnerable. Ya derrotamos a la mayoría de ustedes, mejor dense por vencidos de una buena vez.

        Shiryu llevó sus ojos del golem a Seiya y luego al resto de sus acompañantes mientras experimentaba una gran desesperación. Tan solo quedaban en pie Sailor Saturn, Astroboy, Leona y Shun; la joven de cabello rubio desconocida no parecía estar dispuesta a ayudarlos ni tampoco el guerrero de piel verde.

        —Date por vencido, Santo del Dragón —dijo Nauj-vir—. No tienes la menor posibilidad de ganarnos. Tenemos la gema estelar y vencimos a tus amigos, no seas necio y deja de luchar ya.

        “¿Qué puedo hacer?”, pensó Shiryu mientras se cubría con su escudo. Estaba pensando en cómo salir de aquel embrollo cuando Piccolo dio un grito de furia y se arrojó sorpresivamente contra el golem para atacarlo por el costado izquierdo. Reuniendo las pocas fuerzas que aún le quedaban, el guerrero namek golpeó la cabeza del monstruo una y otra vez con una veloz lluvia de puñetazos. No obstante, el golem ni siquiera se inmutó por los golpes, se giró hacia el Guerrero Zeta y lo apartó con un potente puñetazo que lo lanzó al suelo.

        —Piccolo —musitó No.18 con una expresión de preocupación.

        —Eres un estúpido, Piccolo —sentenció Belcer con desdén—. Cómo creíste que podrías derrotar a mi preciado golem con esos golpes sí ya casi no tienes fuerzas. Entiéndanlo de una vez, mi golem es completamente invulnerable a sus ataques.

       —Eso… no… tiene ninguna importancia —replicó Piccolo, alzando la cabeza con bastante trabajo—. No puedo quedarme sin hacer nada mientras estos sujetos tratan de ayudarnos. Sería un cobarde sí me quedara sin hacer nada.

        Vejita apretó los dientes mientras temblaba de rabia. No era que le importara mucho que Piccolo fuera tratado de esa manera, sino que no podía soportar ver que esos forasteros, a quienes consideraba inferiores, estuvieran peleando para salvarlo. Era algo humillante observar como Shiryu, Astroboy, Dai o Sailor Saturn se enfrentaban a los Khans mientras él estaba en aquellas deplorables condiciones. Su orgullo de Saiya-jin le exigía que se pusiera de pie nuevamente, que luchara hasta ser exterminado, sin embargo las heridas en su cuerpo eran demasiado severas para que pudiera hacerlo. Se volvió hacia un costado y escupió saliva mezclada con sangre.

        —¿Qué harás entonces, Shiryu? —preguntó Belcer mientras su golem se golpeaba los puños entre sí con fuerza—. Es natural que no puedan darnos pelea ya que la lucha en el Santuario debió dejarlos sumamente agotados y no han tenido el tiempo necesario para recuperar sus fuerzas. ¿Por qué no mejor te rindes ahora?

        —¡¡Eso jamás lo haré, Belcer!! —repuso el Santo de Bronce más decidido que nunca—. Te derrotaré, es lo menos que puedo hacer por todos los que han luchado contra ustedes y han caído. Déjame de estar importunando con tus amenazas.

        El Khan del golem frunció el entrecejo y sonrió despectivamente.

        —Ahora veo que no sólo eres valiente, sino también un mentiroso. ¿Crees que de verdad puedes convencernos de que te importan los demás? Ellos no son más que basuras, sus vidas no valen absolutamente nada. Yo antes fui entrenado para convertirme en un Caballero Celestial y  me enseñaron todas esas tonterías acerca de la lealtad y la confianza. Sin embargo N´astarith me mostró la verdad y esta es que en realidad nadie se preocupa por los demás  —hizo una pausa y pateó el cuerpo de Ryoga—. ¿Por qué no dejas de fingir que estos idiotas te importan de verdad?

        Shiryu miró el cuerpo inmóvil de Ryoga y no pudo dejar de sentirse incómodo. Ese guerrero llamado Belcer era completamente insensible ante el sufrimiento ajeno. Para él, como para los otros Khans, los débiles eran como ratas, unos seres sucios a los que no importaba pisotear. Debía hacer algo o de lo contrario los matarían a todos.

        —Ustedes son unos miserable que han vendido su alma al diablo —declaró Shiryu con determinación y desprecio hacia los Khans—. Nunca dejaré que les hagan daño, aunque sea lo último que haga en esta vida.

        —¡¡JA, JA, JA, JA, JA, JA, JA!! Ahora quiere hacerse el héroe —se burló Sorlak.

        —Tu tenacidad es ciertamente admirable, Santo del Dragón, pero Belcer tiene razón en lo que afirma —le aseguró Nauj-vir—. Nadie se preocupa de verdad por los demás y lo sabes. Incluso tu diosa Atena sólo se ocupa de ti mientras les seas útil. Cada quien cuida de sí mismo y esa es la única verdad que hay.

        —¡Silencio! —exclamó Shiryu con fuerza—. Recuperaré las gemas estelares que han robado y salvaré a mi mundo. Mantendré la paz sobre la Tierra, aunque tenga que acabar con ustedes —A continuación dio un fuerte grito y empezó a acumular su cosmos.

        —Yo tampoco me daré por vencido —afirmó Astroboy, alzando los puños.

        —Ni yo lo haré —dijo Piccolo, incorporándose con dificultad.

        —Lucharé hasta el final —murmuró Casiopea, que acababa de ponerse de pie.

        Nauj-vir no pudo disimular su asombro al ver aquella escena. ¿En verdad estaban dispuestos a luchar hasta el final con tal de protegerse los unos a los otros? Su actitud era absurda, ninguno de ellos tenía la fuerza suficiente para pelear, mucho menos para vencerlos. ¿Qué era lo que pretendían? No lo entendía de todo, pero por alguna razón comenzó a sentir algo de respeto por ellos.

       Continuará… .

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