Leyenda 045

LA LEYENDA

por Asiant y Uriel

CAPITULO XLV

INFIERNO DE ILUSIONES EN EL TEMPLO DE CÁNCER

       Santuario de Atena
       Casa de Cáncer

       Acompañados por sus aliados meganianos y los shadow troopers, los guerreros Khan finalmente habían conseguido llegar hasta el cuarto templo que había en su camino hacia la cima del Santuario: la Casa de Cáncer. El templo era parecido al de Tauro, sólo que a diferencia del anterior, en éste había un mayor número de columnas en su interior.

       —Este es el cuarto templo del Santuario —murmuró Sombrío, alzando la mirada para apreciar la entrada del la Casa de Cáncer—. Tampoco percibo la presencia de alguien en este lugar. Creo que no hay nadie.

       Aicila concordó plenamente con esa observación. Desde que habían abandonado el templo de Géminis, la Khan de la Arpía había buscado con su percepción el aura del siguiente guerrero al que enfrentarían, pero por alguna extraña razón que escapaba a su comprensión, no había podido encontrarla.

       —Esto está muy misterioso —canturreó Kadena—. Mi escáner visual no detecta la existencia de ningún ser vivo dentro de este templo. ¿Creen que el Santo de Oro de este templo haya huido?

       Ogitál, Talión y Shield se miraron entre sí, desconcertados y con una sola pregunta en sus mentes: ¿Qué clase de juego era ése?

       —Esto me huele mal —murmuró Shield con suspicacia—. ¿No será alguna trampa de esos Santos?

       Talión alzó los ojos a un costado y pensó en esa posibilidad, después de todo ya se las habían hecho antes en el templo de Géminis.

       —Mal, mal —dijo el Khan de las Llamas, meneando la cabeza—. Me parece que quizás deberíamos dejarnos de tantas tonterías e ir volando directamente hasta la cima. ¿Por qué tenemos que hacer caso de los caprichos de Tiamat?

       Ogitál y Shield se miraron y asintieron con la cabeza al mismo tiempo, apoyando la idea. Después de todo, la misión solamente consistía en encontrar la gema estelar, no en recorrer las doce casas. Eso sólo lo hacían por ordenes de Tiamat y, obviamente, no estaban de acuerdo.

       —Yo creo que lo que dice Talión es verdad —convino Kadena, atrayendo sobre sí la atención de sus compañeros y aliados—. Esto de estar recorriendo la montaña templo por templo me parece una verdadera perdida de tiempo. Vayamos hacia la cima de una buena vez por todas.

       Aicila, por su parte, llevó su mirada al rectángulo de la entrada del templo mientras reflexionaba. De pronto se llevó la mano a su escáner y lo activó dejando que aparato realizara su función.

       —¿Tú qué opinas, Aicila? —le preguntó Talión—. ¿Nos apoyas o qué?

       La Khan de la Arpía se volvió hacia su compañero para observarlo con indiferencia y tras un momento de silencio, apagó el escáner visual.

       —Tiamat nos ordenó recorrer los templos —dijo tranquilamente—. No podemos desobedecerlo. Cuando todos veníamos volando hacía este lugar pudimos captar la existencia de cinco presencias poderosas en este Santuario, ¿lo recuerdan?

       Talión y Shield se miraron entre sí y tras un instante el Khan del Fuego asintió.

       —Así es, ¿qué hay con eso?

       —Que hace poco percibí la llegada de otros tres sujetos de gran poder —informó Aicila—. Además, hace sólo un momento una de esas presencias desapareció en la Casa de Aries y las otras dos vienen tras de nosotros.

       Sombrío sonrió emocionado.

       —¿Así que alguien nos está siguiendo, eh? —murmuró con un tono irónico—. Perfecto. Eso significa que ese tonto de Tiamat no sabe cuidarnos las espaldas.

       Talión no dijo nada, pero pensó lo mismo. Volvió la vista hacia atrás y activó su escáner visual para corroborar lo dicho por la Khan de la Arpía. Tras unos segundos de espera, llegó a la misma conclusión; dos personas los estaba siguiendo.

       —Al parecer se trata de dos guerreros poderosos, Aicila —dijo al cabo de un momento—. No entiendo que rayos es lo que sucede… —Abrió los ojos enormemente—. ¡Uno de ellos es ese tal Mu! ¿Por qué demonios Tiamat lo dejó ir?

       Los guerreros meganianos se miraron entre sí sin saber que decir; la situación no estaba resultando tan fácil como habían planeado. Finalmente, Kadena tomó la palabra.

       —¿Qué hacemos ahora? —preguntó sin dirigirse a nadie en especifico—. ¿Los esperamos aquí para matarlos o seguimos hacia delante?

       Talión y Sombrío llevaron sus miradas conjuntamente hacia la Khan de la Arpía para escuchar su parecer. Esperaban ansiosamente que diera la orden de ir hacía la cima directamente olvidando lo dicho por Tiamat, pero para su desgracia, ello no ocurrió

       —No es necesario —dijo la Khan después de un instante de silencio—. Según parece, sólo quedan tres Santos de Oro en nuestro camino —Se dio la media vuelta y empezó a caminar hacia la entrada de la Casa de Cáncer—. Acabemos con ellos y dejémosle los que vienen atrás a Tiamat.

       Sombrío meneó la cabeza con disgusto.

       —Mujeres  —murmuró—. Nunca dejan que uno se divierta.

       Talión hizo un sencillo encogimiento de hombros y siguió a Aicila, mientras que los soldados imperiales echaban a andar detrás de él. Al mismo tiempo, Kadena, Shield y Ogitál echaron una última mirada hacia la Casa de Géminis y luego siguieron a los Khans.

       Dentro del templo de Cáncer, todo era tinieblas y más de uno de los soldados recordó el infortunado incidente ocurrido en la Casa de Géminis. No había pasado ni un minuto desde que habían entrado cuando una especie de neblina empezó a cubrir el interior lentamente.

       —Que lugar tan acogedor —bromeó Sombrío, mirando hacia ambos costados—. Me recuerda la casa de mi abuelita.

       Aicila hizo como que no escuchó nada y siguió avanzando.

       De repente algo cobró forma delante del grupo. Se trataba de una enorme y tenebrosa montaña que albergaba un oscuro y profundo cráter dominado por sombras y tinieblas.

       —¡¿Qué diablos es eso?! —gritó Sombrío verdaderamente impresionado—. Eso no tiene cara de que sea la salida.

       Talión abrió los ojos enormemente sin dar crédito a los que veía.

       —Parece una especie de montaña —murmuró lentamente—. ¿Cómo es posible esto?

       —Y no sólo es eso —repuso Shield, señalando hacia un costado—. ¡Miren allá!

       En ese momento, todos se percataron de la presencia de cientos o quizás miles de personas de aspecto cadavérico que los rodeaban por todas partes.

       —Pero, ¿qué demonios sucede aquí? —exclamó Ogitál sorprendido—. ¿Qué lugar es este?

       —Esto es Yomotsu Hirasaka, la entrada al país de los muertos —se escuchó decir a una voz desconocida en medio de las tinieblas—. Quien quiera que pase por él no podrá volver.

       Alarmado por lo que estaba sucediendo, Sombrío miró a aquellos extraños cadáveres caminantes y accionó su escáner visual rápidamente. Al cabo de unos segundos, el aparato arrojó unos resultados desconcertantes.

       —No entiendo, mi percepción y el escáner me indican que aquí no hay nadie.

       Los soldados imperialesapuntaban desesperadamente en todas direcciones temiendo que aquellos seres los atacaran de un momento a otro. Finalmente, uno de los zombies se lanzó contra ellos, provocando que todos los soldados comenzaran a disparar.

       Kadena y sus compañeros meganianos no se lo pensaron dos veces y decidieron sumarse al ataque. Levantaron las manos y empezaron a lanzar ráfagas de luz hacia los diferentes cadáveres que rondaban en torno a ellos.

       Desde su posición, Aicila observó que algo extraño ocurría con los espectros. Los disparos, lejos de abatirlos, los atravesaban como sí estos no existieran realmente. Fue ahí cuando la Khan de la Arpía recordó lo sucedido en el templo de Géminis.

       —¡Dejen de disparar, idiotas! —les gritó a todos—. ¡Esos zombies son sólo ilusiones!

       Los cañones guardaron silencio mientras los soldados imperiales se miraban entre sí, dudosos y sin entender nada.

       Desconcertado, Talión volvió el rostro hacia su compañera de armas y le lanzó una mirada interrogativa.

       —¿Estás segura de eso?

       Para demostrarlo, Aicila caminó hacia uno de los zombies y paso a través de él ante el asombro de todos. Tras un instante, se volvió hacia los guerreros imperiales nuevamente.

       —Debe ser el mismo imbécil que nos jugó la broma en el templo de Géminis —dijo la Khan—. No sé quien está detrás de todo esta ilusión, pero cuando lo encuentre juro que voy a sacarle el corazón con mis propias manos —Guardó silencio y desplegó una poderosa aura que neutralizó la ilusión.

       Las imágenes de Yomotsu y de los fantasmas se rompieron en mil pedazos como si se trataran sólo de un montón de espejos. Una vez que la ilusión despareció, los invasores pudieron ver el interior del templo normalmente.

       —Oye, eso fue genial —murmuró Sombrío—. Estuviste muy bien, preciosidad.

       Molesta por aquel comentario, Aicila miró de reojo al Khan del Lobo y antes de que éste pudiera advertirlo lo sujetó del cuello rápidamente.

       —Esta preciosidad aún guarda sus sorpresas —le susurró ante la mirada divertida de Talión—. ¿Queda claro, bocón?

       Sombrío tragó saliva con dificultad y alzó las manos mostrando las palmas.

       —Me parece bien… .

       Aicila soltó su cuello y se giró hacia el camino nuevamente.

       —Salgamos de este maldito lugar —ordenó.

       Talión soltó una risita burlona y se aprestó a seguir a su compañera mientras Sombrío le lanzaba la más asesina de sus miradas en completo silencio.

       Tokio, Japón
       Distrito Juuban

       Usando el poder de la teletransportación, las Sailor Senshi, Asiont, Andrea y los demás aparecieron sobre la azotea de uno de los edificios más altos de Tokio, justo como estaba planeado.

       Asiont alzó la mirada y, cuando vio que el cielo estaba totalmente nublado, sonrió con agrado. “Perfecto”, pensó. “Así será más fácil que la nave se acerque”.

       En tanto, Sailor Moon soltó las manos de Mercury y Venus y fue al centro del círculo que las Sailors formaban. Se dejó caer sentada a un costado de Sailor Mars y la tomó entre sus brazos, preocupada. Tras mirarla un momento, levantó la mirada en busca de Andrea.

       —¿Tardará mucho su nave en llegar? —preguntó desesperada.

       Andrea consultó su reloj electrónico y al cabo de un momento dijo:

       —Creo que como unos diez minutos aproximadamente.

       Sailor Uranus se cruzó de brazos, mostrándose enfadada.

       —Pues espero que esa nave este aquí pronto.

       Asiont lanzó una rápida mirada de reojo a la Outer Senshi con evidente malestar; iba a reclamarle su actitud tan agresiva cuando de pronto se sintió mal por el estado en que se encontraban Mars, Jupiter, Healer y Maker. Realmente ellas no tenían nada que ver con la Alianza y N´astarith, sí se encontraban heridas y con el riego de morir encima era porque habían tenido la pésima suerte de que una de las gemas sagradas se encontrara en su mundo.

       —Sí hubiera estado mejor preparado esto no habría pasado —murmuró entre dientes.

       En ese momento, Sailor Pluto abandonó su posición en el círculo y caminó hasta donde estaba Andrea.

       Saturn, Uranus y Neptune siguieron a su compañera con la mirada en tanto que Sailor Moon, Mercury y Venus permanecían junto a sus amigas, cuidándolas constantemente.

       —Soy Sailor Pluto —declaró la joven tranquilamente—. La guardiana que protege la legendaria Puerta del Tiempo. Desde hace algunos días he podido percibir múltiples disturbios en el flujo tiempo y creo que ustedes saben algo al respecto.

       Andrea suspiró.

       —Es verdad, Sailor Pluto —asintió la reina sombríamente—. De hecho nuestra presencia en vuestro mundo es consecuencias de la persona atrás de esos disturbios que mencionas.

       —¿Quieres decir que los disturbios son causados por alguien que ustedes conocen? —preguntó las Sailor Senshi del Tiempo—. ¿Es verdad eso?

       —Así es, Pluto —intervino Asiont—. Son causados por N´astarith, el emperador de Abbadón —hizo una pausa y observó como las diferentes miradas de todas las Sailors se posaban en él—. N´astarith esta buscando doce gemas sagradas que se encuentran en doce universos diferentes y para ello manda a sus guerreros a través de las diferentes dimensiones con el único fin de encontrarlas. —Sacó la gema que llevaba en sus ropas y se las mostró—. Esto es lo que esos canallas estaban buscando.

       Por unos instantes, todas las Sailors Senshi contemplaron la gema sagrada de “Iod” con detenimiento. De repente la piedra emitió un leve destello en ese momento.

       —Ya veo —murmuró Neptune en tono pensativo—. ¿Y qué tiene de especial esa gema?

       Asiont volvió la vista hacia la Outer Senshi mientras el viento le agitaba sus cabellos levemente.

       —Sí N´astarith logra reunir las doce y colocarlas en un artefacto conocido como el Portal Estelar, éste abrirá una puerta que lo llevará a una dimensión donde mora el poder máximo de la existencia —hizo una pausa y continuó—. Del universo de donde venimos existe una antigua leyenda que dice que cualquiera que viaje a esa dimensión podrá obtener un poder inalcanzable con el cual dominar todas las dimensiones

       Se produjo un breve silencio mientras todas trataban de imaginar lo que Asiont les había dicho. Sí lo que aquel joven les decía era verdad, entonces su mundo o quizás su universo entero estaba en un grave peligro

       —Eso suena terrible —musitó Sailor Venus—. No podemos permitirlo.

       Asiont giró su rostro hacia ella.

       —La fuerza que poseen los guerreros contra los que peleamos es sólo una minúscula muestra del poder que se encuentra en la dimensión a donde conduce el Portal Estelar.

       —Ya entiendo —murmuró Uranus—. Y ustedes están tratando de evitar que esos guerreros se apoderen de las dichosas gemas, ¿no es así .

       El Celestial asintió con la cabeza.

       —Sí, pero ya no es necesario que se involucren más en este conflicto.

       —Ahora también es nuestro conflicto —exclamó alguien más atrayendo la atención de todos por igual.

       —Esa voz… —murmuró Sailor Moon mientras volvía el rostro hacía atrás—. … Es de… ¡Sailor Galaxia!

       Asiont llevó su mirada más allá del rostro de Sailor Moon y descubrió a una hermosa joven, alta y delgada que vestía unos ropajes dorados muy similares a los de las Sailor Senshi. Aquella misteriosa Sailor estaba parada sobre una de las cuatro esquinas de la azotea del edificio, mirando a todos con absoluta serenidad.

       —No puedo creerlo —dijo Sailor Mercury incrédula,—. Es nada menos que Sailor Galaxia.

       De inmediato, Sailor Uranus y Sailor Neptune se plantaron fentre Sailor Moon y Sailor Galaxia, colocándose en guardia como si temieran algo de ella.

       —¿Qué haces aquí, Sailor Galaxia? —le inquirió Uranus en un tono áspero—. Sí has venido a amenazar nuestro planeta nuevamente te advierto que no lo permitiremos.

       —Chicas, por favor —las llamó Sailor Moon, tratando de tranquilizarlas—. Galaxia ya no es nuestra enemiga.

       Asiont, por su parte, volvió la mirada hacia Sailor Pluto.

       —¿Me puedes explicar lo que sucede? —le preguntó de pronto—. ¿Ustedes conocen a esa chica de traje dorado?

       La Senshi del tiempo asintió levemente con la cabeza.

       —Ella es Sailor Galaxia —respondió—. Hace solamente un año atacó nuestro mundo y casi consiguió destruirlo de no ser por Sailor Moon y las Sailors Star Litgh.

       —Sí, pero eso fue porque en ese momento estaba dominada por el caos, Sailor Pluto —intervino Galaxia dando un paso al frente—. Sailor Moon pudo expulsar la fuerza del Caos que había en mi cuerpo y así yo pude regresar a la normalidad.

       Asiont observó detenidamente a Galaxia. Aquella Sailor Senshi de traje dorado no poseía una aura maligna, sino que, por el contrario, emanaba una aura tranquila y llena de bondad. Era difícil de creer que una persona con ese tipo de aura hubiera querido destruir un mundo.

       Andrea se rascó la cabeza tratando de comprender de que rayos hablaban, pero cuando finalmente se dio cuenta que no podría entender nada, prefirió guardar silencio y esperar a que todo se aclarara.

       —¿A qué has regresado a la Tierra, Galaxia? —le interrogó Sailor Pluto—. Según recuerdo, Sailor Moon nos dijo que una vez que el caos dejó tu cuerpo, abandonaste nuestro planeta y volviste al centro de la Vía Láctea.

       Sailor Galaxia continuó caminando y se detuvo a escasos centímetros de Sailor Uranus y Sailor Neptune. De pronto un rayo hendió los cielos, seguido por un trueno que hizo temblar las ventanas cercanas.

       —Y así fue, Sailor Pluto —respondió Galaxia—. Tal como se lo prometí a Sailor Moon, después de dejar este planeta estuve guiando al resto de las semillas estelares de regreso con sus dueños —hizo una pausa y escrutó los rostros de las distintas Sailors antes de seguir—. Luego de esto, regresé al centro de la Vía Láctea y ahí he permanecido desde entonces. Sin embargo, hace muy poco percibí la presencia de una energía muy poderosa, quizás la más fuerte que jamás haya sentido y lo que me pareció más extraño aún es que estaba en este planeta.

       Sailor Uranus giró el rostro hacia donde estaban Asiont y Andrea.

       —¿Con que un poder maligno, eh? —preguntó con cierta ironía—. ¿Por qué eso no me extraña?

       Un nuevo rayo rasgó los cielos, iluminando fugazmente la azotea del edificio.

       —Y por esa razón fue que decidí venir a su planeta nuevamente —prosiguió Sailor Galaxia—. Yo soy la Sailor Senshi más fuerte de todas y mi misión es proteger a la Vía Láctea contra cualquier enemigo que la amenace —guardó silencio y reparó en todas las Sailors Senshi que estaban inconscientes en el piso junto a otras cuatro personas que no había visto jamás—. ¿Qué fue lo que sucedió con ellas?

       Sailor Venus se acercó a Galaxia.

       —Las chicas se encuentran muy heridas —le dijo preocupada—. Unos guerreros muy poderosos atacaron el museo durante una exhibición.

       Sailor Galaxia asintió con la cabeza.

       —Ya veo, yo las ayudaré y una vez que todas se estén bien enfrentaré a este enemigo.

       —Olvídalo —exclamó Uranus—. Nosotras protegeremos nuestro planeta contra cualquier enemigo sin la intervención de nadie.

       —Así es —convino Neptune en apoyo a Uranus—. Te agradecemos la ayuda, Galaxia, pero nosotras nos haremos cargo de esos sujetos que lastimaron a nuestras compañeras.

       Asiont abrió los ojos y la boca sin entender aquella postura de autosuficiencia. Sencillamente el comportamiento de aquel par de antisociales rayaba en lo absurdo, la fuerza de N´astarith estaba más allá de su imaginación y sentía que cualquier ayuda que les brindaran en ese momento no podía ser despreciada.

       —Oigan, chicas, esperen un momento —intervino el Celestial, atrayendo la atención de ellas—. Esto no es un concurso de popularidad ni estamos compitiendo para ver quien es el mejor. La única manera de sobrevivir a esto es con la cooperación de todos.

       —Estoy totalmente de acuerdo con eso —se escuchó decir a una voz.

       Andrea frunció el entrecejo y volvió la vista hacia su costado derecho. Un individuo vestido con un traje negro, capa, antifaz y un sombrero que recordaba haber visto en sus libros de historia acababa de aparecer acompañado por una joven pelirroja vestida con una especie de túnica escarlata.

       —¡Tuxedo Kamen! —gritó Sailor Moon al tiempo que corría hacia él.

       El joven de antifaz abrió sus brazos y recibió a Sailor Moon, atrayéndola hacia él.

       —Usagi, ¿estás bien? —le preguntó en voz baja—. Discúlpame por no haber llegado antes… .

       La chica vestida de escarlata dio unos cuanto pasos al frente y se quedó completamente helada cuando sus ojos se posaron sobre las Sailor Star Ligth.

       —¡Seiya, Taiki, Yaten! —gritó horrorizada mientras corría hacia ellas. Se detuvo junto al cuerpo de Maker y tras un instante cayó de cuclillas al suelo, llevándose ambas manos al rostro mientras lloraba amargamente.

       —Princesa Kakyuu, lo sentimos —musitó Sailor Venus—. Pero Sailor Star Figther… Sailor Star Figther… murió.

       La princesa Kakyuu bajó las manos y volvió el rostro hacia Sailor Venus, mirándola incrédula. Sacudió la cabeza lentamente, aquella noticia no podía ser verdad. Con el rostro contraído en una mueca de dolor, se giró nuevamente hacia el cuerpo de Sailor Star Figther y se arrojó sobre ella sollozando.

       —¡No, Seiya!

       Asiont crispó un puño con odio y bajó la cabeza. Estaba furioso, ¿por qué demonios tenía que haber sucedido eso? No lo entendía, era injusto y sólo podía estar seguro de una cosa; los Khan pagarían por ello, por la muerte de Astrea, por la de Sailor Star Figther y por todo el sufrimiento que habían causado.

       Santuario de Atena, Grecia
       Casa de Cáncer

       Aicila y sus compañeros ya llevaban bastante tiempo caminando dentro del templo sin poder encontrar la salida. Algunos ya empezaban a sospechar que algo raro ocurría. A pesar de que la Khan de la Arpía había neutralizado la ilusión de Yomotzu y de los espectros, Talión sospechaba que el misterioso sujeto que los estaba atacando con aquellas ilusiones aún no había decidido darse por vencido.

       De pronto el Khan de las Llamas se detuvo.

       —Aicila, aguarda.

       La guerrera imperial, que iba al frente del grupo, dejó de caminar y se volvió hacia su compañero, mirándolo por encima del hombro.

       —¿Qué quieres, Talión?

       —Me parece que la ilusión aun no ha terminado, creo que nos están engañando para que no salgamos de este asqueroso templo. Ya llevamos mucho caminando y no hay señales de que la salida esté cerca.

       La imperial meditó un momento.

       —Sí, yo también lo había pensado.

       Al escuchar eso, Sombrío la fulminó con la mirada.

       —Y sí ya lo sabías, ¿por qué demonios no habías dicho nada? —le inquirió furioso—. Hemos estado caminando por varios ciclos como un grupo de idiotas.

       Aicila se giró sobre sus talones y alzó su brazo para señalar al Khan del Lobo.

       —¡Cierra la boca, patán! —le espetó furiosa—. No había dicho nada porque estaba tratando de localizar de donde vienen esas ilusiones y… .

       —¡Miren! —gritó Kadena señalando al frente del camino. Un destello de luz empezó vislumbrase al fondo del largo pasillo—. ¡Es la salida!

       Shield se frotó los ojos y miró de nuevo.

       —Es verdad —convino—. Vayamos hacia allá.

       Talión y Sombrío volvieron la mirada hacia Aicila, quien sólo hizo un encogimiento de hombros.

       —Vayamos a averiguar que es eso —dijo tras un momento de reflexión—. Quizás sea la salida que estamos buscando.

       De nueva cuenta, el grupo de invasores echó a andar por el pasillo hacía donde estaba la luz, pero cuando por fin la atravesaron, Talión y Aicila se dieron cuenta de que ahora todos estaban parados sobre la palma de una enorme figura de un hombre que mantenía los ojos cerrados en señal de meditación. Era la imagen de Buda.

       —¡Por todas las lunas de Megazoar! —exclamó Ogitál sin creer en lo que veía, sencillamente aquello rayaba en lo imposible—. ¿Dónde demonios estamos?

       —¡Me lleva el demonio! —renegó Kadena—. ¡Nos volvió a engañar!

       Sombrío estaba desconcertado. En el pasado había enfrentado a un Caballero Celestial que usaba las ilusiones, pero aquello no era nada comparado con Yomotzu y aquella enorme figura. Completamente poseído por la furia, apretó los puños, alzó la mirada y empezó a maldecir.

       —¡Maldito seas, imbécil! —gritó con todas sus fuerzas, dirigiéndose al autor de aquella ilusión—. ¡Te mataremos por esto!

       Aicila caminó unos pasos dentro de la mano, luego se detuvo un momento y se giró hacia sus compañeros.

       —Tengan paciencia, al fin sé de donde llega este poder —les dijo—. Es muy cerca de este templo —Alzó el rostro y desplegó su aura—. La única manera de acabar con esto es usando mi poder… —levantó los brazos y se preparó para ejecutar su mayor ataque—. No se preocupen, esta vez lograremos salir de aquí ¡Death Fly of the Dark!

       Aicila bajó sus brazos y liberó una poderosa corriente de aire que comenzó a girar rápidamente, aumentando de velocidad progresivamente. De pronto los ojos de la Khan emitieron un fuerte resplandor y al cabo de unos instantes se produjo una explosión de luz que impidió toda visibilidad.

       Cuando Talión y los otros finalmente pudieron abrir los ojos de nuevo se dieron cuenta que la salida del templo de Cáncer estaba justo frente a ellos. Al fin la ilusión había terminado.

       —¿Qué fue lo que sucedió —preguntó Shield—. ¿Dónde esta la ilusión?

       —La he neutralizado finalmente —le informó Aicila mientras salía del templo de Cáncer—. Lo único malo es que las presencias que nos vienen siguiendo ya están muy cerca de aquí y Tiamat aun no sale del primer templo de Aries.

       Una especie de sonrisa iluminó el rostro de Shield.

       —Yo me haré cargo de ellos —anunció—. Los mataré y luego iré tras ustedes.

       Talión y Aicila se miraron entre sí y asintieron conjuntamente.

       —De acuerdo —aceptó la Khan de la Arpía—. Sin embargo, ten mucho cuidado. El aura de Mu de Aries es muy poderosa.

       Shield respondió con una leve inclinación de su cabeza y luego se dio la media vuelta para esperar a que Mu llegara hasta el templo de Cáncer.

       Aicila se giró hacia el camino escalonado y dando grandes saltos empezó a dirigirse hacia el siguiente templo seguida por los demás Khans, meganianos y soldados.

       Las naves de la Alianza Estelar cruzaron la atmósfera terrestre como flechas y se dirigieron rápidamente hacia el Santuario de la diosa Atena. A bordo del Águila Real 32, Cadmio le ordenó a los pilotos que una vez que llegaran se detuvieran a cinco kilómetros del objetivo y luego buscaran un lugar apropiado para esconderse en lo que él y Casiopea se hacían cargo de la misión.

       El Celestial estaba de pie frente la ventana frontal, meditando sobre la misión cuando Dai, Poppu y Ranma se le acercaron por un costado.

       —¿Cuál es el plan? —preguntó Ranma—. ¿O vas a dejarnos a bordo de la nave esta vez?

       Cadmio los miró con el rabillo del ojo.

       —Eso será lo mejor —murmuró—. La última vez echaron todo a perder.

       —Oye, eso no fue nuestra culpa —replicó Poppu—. No fue nuestra culpa que ese guerrero le disparara a esa cosa enorme que explotó.

       —Se llama generador, Poppu —le informó Astroboy—. Y descuida, yo tampoco creo que fue su culpa.

       —Eso carece de importancia —masculló Cadmio sin siquiera mirarlos—. El caso es que esta vez las energías que percibí son mucho más poderosas que la última vez. Ni siquiera sé sí yo podré hacer algo.

       Ranma dio un paso al frente inmediatamente.

       —Mayor razón para que te acompañemos.

       El Celestial dejó caer los brazos a ambos costados, se miró la punta de las botas y exhaló.

       —Sí me acompañan es probable que los maten —les advirtió—. Mucho más posible que la última vez. Pude sentir la presencia de dos Khans y de tres guerreros meganianos, las demás presencias parece que son las de los guerreros con lo que esos canallas están luchando.

       —¿Y cuantos guerreros crees que están luchando contra ellos? —le preguntó Hyunkel, acercándose.

       Cadmio dejó escapar una leve sonrisa y volvió el rostro hacia el Caballero Inmortal.

       —Como ocho aproximadamente, pero no estoy seguro.

       —¡Eso es perfecto! —exclamó Astro por su lado—. Esto quiere decir que somos más que ellos.

       —Es verdad, Astroboy —convino Ranma emocionado—. Sí vamos todos juntos no podrán hacer nada.

       Cadmio pensó en esa posibilidad y la verdad es que a pesar del número de guerreros imperiales en batalla la balanza estaba inclinada a su favor. Además, Dai, Hyunkel y Astroboy probablemente podrían ayudarlos a encontrar la gema sagrada. Quizás no era mala idea dejarlo ir esta vez.

       Se volvió hacia ellos y alzó las manos para llamar su atención.

       —Esta bien, iremos todos —anunció, provocando que una sonrisa iluminara los rostros de Dai, Astro y Ranma—. Pero no se emocionen ya que no todos pelearán —hizo una pausa y se volvió hacia Hyunkel—. Dai, Astroboy y Hyunkel se encargarán de los meganianos en caso de que lleguemos a necesitarlos mientras que Ranma, Poppu, Ryoga, Moose, Leona y Eclipse buscarán la gema sagrada. Casiopea, Lance y yo nos ocuparemos de los Khans sí es que los guerreros de este mundo no pueden derrotarlos.

       —¿Y yo que voy a hacer? —preguntó el profesor Ochanomizu.

       Cadmio llevó su rostro hacia él y lo miró con indiferencia.

       —Quedarse aquí y rezar porque el enemigo no lo encuentre.

       El científico tragó saliva con dificultad.

       —Oye, eso no parece justo —protestó Saotome.

       —Ranma tiene razón —lo secundó Ryoga—. ¿Por qué no podemos pelear esta vez?

       Cadmio le lanzó una mirada asesina, pero antes de que pudiera decirles algo, Poppu apareció en medio de ellos y rodeó sus cuellos con ambos brazos.

       —Ah, vamos, muchachos, buscar la gema es más importante —les dijo mientras ellos lo miraban con absoluta desconfianza,—. Recuerden eso..

       Saotome se soltó enseguida, luego se cruzó de brazos y observó a Poppu con aburrimiento.

       —¿No será que tienes miedo de pelear y por eso dices eso?

       Aquellas palabras cayeron sobre el joven mago como un balde de agua fría, pero antes de que pudiera defenderse, Ryoga se unió a la crítica.

       —Es cierto, cuando todos estuvimos en el mundo de Astroboy, no vi que hicieras mucho por detener a ese tal Kadena.

       —¡Ah! —gritó Poppu agitando los brazos—. ¡Ya cállense los dos! ¡Lo único que hacen es criticar!

       Dai y Astroboy comenzaron a reír por la situación olvidándose momentáneamente del problema. Sin embargo, la voz del capitán de la nave lo regresó a la realidad.

       —Hemos llegado.

       De inmediato, Cadmio y los demás se volvieron hacia la ventana para contemplar un inmenso Devastador Estelar que flotaba sobre una ciudad en llamas mientras miles de naves atacantes de tamaño caza la bombardeaban sin misericordia.

       A la orden de Casiopea, las Águilas Reales dieron un rápido viraje en el cielo y se dirigieron hacia una pequeña isla cercana donde se estacionaron detrás de unas montañas. Una vez que los oficiales de ambas naves concordaron en que el área era segura, los guerreros se dispusieron a dirigirse hacia el Santuario de Atena.

       Una escotilla se abrió en cada una de las naves respectivamente. Al cabo de unos momentos, Cadmio, Poppu y Astroboy abandonaron volando el Águila Real 32 seguidos de cerca por una esfera de luz roja que transportaba a Dai, Hyunkel, Ranma, Ryoga y Moose.

       Al poco tiempo, Casiopea, Eclipse y Lance salieron de la otra nave aliada y se acercaron a Cadmio y su grupo. Cuando todos estuvieron reunidos, Dai pudo darse cuenta de que Leona viajaba en la espalda de Casiopea.

       —¿Cuál es el plan? —preguntó la princesa de Papunika—. ¿Les caemos por sorpresa o qué, guapo?

       —Iremos hacia el este —anunció Cadmio, señalando la dirección a seguir—. De allí es de donde se percibe todas esas presencias poderosas.

       Lance alzó un brazo y oprimió algunos botones en el teclado del ordenador de su armadura de batalla.

       —Tal parece que nuestros amigos están siguiendo el tradicional plan de batalla que usan para invadir cualquier planeta —observó—. Mientras sus Devastadores acaban con las ciudades, las naves más pequeñas nulifican sus líneas de comunicación y armamento.

       Eclipse, que volaba a un costado usando una mochila jet, ladeó la cabeza y dijo:

       —Se ve que N´astarith no pierde el tiempo para nada, mi chavo.

       —¿Y qué hacemos? —preguntó Ranma desde dentro de la esfera roja—. No perdamos el tiempo aquí sin hacer nada.

       Cadmio se golpeó una palma con el puño y desplegó su aura con fuerza, arrojando algo de viento en torno a él.

       —Ir por ellos ahora mismo… .

       Antes de que alguien pudiera decir algo más, el Celestial se arrojó por los aires a una increíble velocidad con la esfera de luz atrás.

       —Es un presumido —murmuró Leona provocando que Casiopea soltara una risita.

       De inmediato, la Celestial desplegó su aura y se lanzó tras Cadmio dejando a Lance, Eclipse y Poppu atrás.

       —Oigan, ustedes vuelan muy rápido —observó el mago—. A esa velocidad nunca lo voy a alcanzar.

       Lance le extendió una mano.

       —Yo te ayudaré —le dijo y espero a que Poppu tomara su mano. Cuando al fin lo hizo, se volvió hacia el este y salió disparado lo más rápido que podía—. ¡En marcha!

       Eclipse, por su parte, meneó la cabeza negativamente.

       —¿A eso le llaman ir rápido? —El espía accionó su mochila jet y se lanzó por los aires—. Es hora de que les demuestre lo que es velocidad.

       Sin perder un solo instante, el grupo de guerreros atravesó el mar volando a baja altura para evitar ser detectados.

       Santuario de Atena.

       Al mismo tiempo que los Caballeros Celestiales, Dai, Ranma, Astroboy y los otros sobrevolaban las aguas del mar Egeo en dirección al Santuario, Mu ya se encontraba en el interior del templo de Tauro mirando incrédulo el cuerpo sin vida de Aldebarán.

       —No puedo creer que hayan derrotado tan fácilmente a Aldebarán —murmuró atónito—. ¿Quiénes serán estos sujetos que han invadido el Santuario? y lo más importante, sí no vienen por la vida de Atena ¿cuál será su verdadero objetivo?

       Colocó una rodilla en el suelo y examinó de cerca las heridas en el cuerpo del Santo de Tauro. Con sumo cuidado, extrajo una de las plumas negras que Aldebarán llevaba clavada en el pecho.

       —¿Qué es esto? —se preguntó—. Parece una especie de pluma negra, ¿quién habrá hecho esto? Por increíble que parezca estas plumas lograron atravesar el ropaje dorado de Tauro como sí fuera de papel —hizo una pausa y alzó la mirada hacia un costado como sí buscara algo en las paredes del templo—. Siento varias presencias de energía que vienen hacía acá, ¿Quiénes serán? ¿Más enemigo acaso? —Volvió la vista hacia el frente—. Los guerreros que pasaron por la Casa de Aries ya han conseguido atravesar la de Cáncer. —Se levantó y se volvió por encima del hombro—. También siento una presencia que acaba de dejar la Casa de Aries. Este cosmos es de… Shiryu, así que Shiryu también ha venido al Santuario.

       Sin decir nada más, Mu de Aries miró a su compañero caído por última vez y bajó la mirada. Se juró a sí mismo que la muerte de Aldebarán no sería en vano y luego echó a correr hacia la salida en dirección al templo de Géminis.

       En el templo de Aries, Dohko reinició su ofensiva, acosando a Tiamat con una especie de tridente dorado. Pero por más esfuerzos que hacía para derrotarlo, su enemigo siempre lograba escabullirse de él como sí pudiera anticiparse a cada movimientos.

       Al instante siguiente ambos contrarios se colocaron en extremos opuestos dejando un vasto espacio entre ellos. Dohko estaba muy cansado. A pesar de que había recuperado su juventud debía reconocer que aquella batalla lo estaba presionando mucho.

       Tiamat, por el contrario, no lucía nada agotado sino que por el contrario; sus ojos no habían perdido ese brillo de ferocidad con el que había iniciado la batalla y además no mostraba ningún signos de agotamiento a pesar de que ya llevaba rato combatiendo.

       —Admito que eres muy hábil, Tiamat —reconoció Dohko—. Ignoro por completo cual es tu objetivo al atacar el Santuario, pero una cosa sí te digo: No pasarás de aquí.

       El Khan del Dragón soltó una risita en un murmullo apenas audible.

       —Vaya, veo que eres todo un soñador, Dohko de Libra —le dijo burlonamente—. En realidad no he tomado esta batalla en serio, sino que me estoy divirtiendo un poco contigo —hizo una pausa y volvió a sonreír—. ¿Sabes? De donde vengo he matado a muchos guerreros y no siempre tengo la oportunidad de encontrar buenos oponentes.

       De pronto, el Khan guardó silencio y experimento una extraña sensación. Había perdido su escáner visual durante la lucha con Mu, pero aun así, su percepción le estaba indicando claramente que varias presencias de energía se estaban acercando al Santuario en ese momento. Su desagrado fue mayor cuando se dio cuenta que dos de ellas pertenecían a un par de Caballeros Celestiales.

       —No puede ser que sea verdad  —murmuró lentamente—. Esos cretinos de la Alianza finalmente han venido hasta aquí. —Guardó silencio de nuevo y frunció el entrecejo—. No importa, que vengan. Este Santuario se convertirá en su tumba.

       Continuará… .

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