Leyenda 063

LA LEYENDA

por Asiant y Uriel

CAPÍTULO LXIII

REVELACIONES

        Espacio cercano al planeta Génesis.

        Consciente de la precaria situación por la que estaban atravesando las naves que eran atacadas por las fuerzas endorianas, Karmatrón había llegado a la conclusión de enviar a sus Tranformables a combatir contra los cazas y destructores enemigos mientras él se hacía cargo de luchar con el gigantesco robot llamado Osiris. Era un tanto arriesgado, pero no había otra solución.

        —Atención, Titán —dijo Karmatrón, dirigiéndose al líder de los Guerreros Estelares que volaba a su costado—. Ustedes encárguense de destruir a las naves enemigas, yo detendré a ese robot mientras tanto.

        —A la orden, emperador.

        Pero antes de que Titán pudiera dar la orden de ataque a sus compañeros, Osiris se alejó de los Lightnings con los que había estado luchando y emprendió el vuelo para acercarse a los aliados de la Alianza Estelar. Cuando Osiris  finalmente estuvo ante a Karmatrón y los robots zuyua, el capitán Jasanth le ordenó a los operadores de la nave-robot que no hicieran nada todavía hasta que él dijera lo contrario.

        —Vaya, vaya —siseó Jasanth desde la cabina de control—. ¿De modo que tú eres el famoso Karmatrón, eh? Bueno, este robot se llama Osiris y será el encargado de hacerte puré junto con tus tontas chatarras.

        Chandra, uno de los Transformables, cerró ambos puños y se alistó para la batalla.

        —Estos malosos siempre cacareando cursilerías para amedrentar a sus oponentes, pero lo que están en paz consigo mismo, no tienen miedo.

        Jasanth montó en cólera.

        —¡¡¿Qué, qué?!! ¡¿Cómo te atreves a burlarte de mí, chatarra estúpida?! —El almirante se volvió hacia sus subordinados y extendió una mano—. ¡No se queden ahí como estúpidos! ¡¡Destrúyanlos a todos!!

        —Sí, señor.

        Rápidamente, los operadores hicieron que Osiris alargara el brazo derecho para lanzar una poderosa descarga láser desde su puño. El disparo avanzó directamente hacia los robots zuyua, pero Magneto, un Transformable de sólo dos metros de altura, consiguió reaccionar a tiempo y extendió ambas manos hacia delante para formar un enorme  campo de fuerza electromagnético. La descarga del robot endoriano rebotó en el escudo de Magneto y se perdió en el infinito para beneplácito de Karmatrón y de todos los Guerreros Estelares.

        —¡Bien hecho, enano! —le felicitó Estelaris.

        —Soy chiquito, pero picoso —repuso Magneto con orgullo.

        Dentro de la cabeza de Osiris, el capitán Jasanth estaba a punto de golpear a sus subordinados debido a la inmensa rabia que sentía en esos momentos. No podía permitir que se burlaran de él.

        —¡¿Qué demonios están haciendo, imbéciles?! ¡¿Acaso debo coger yo mismo los mandos para que todo salga bien?!

        Sin esperar a que alguno de sus hombres se atreviera a responderle, Jasanth caminó hasta los controles y enseguida apartó a uno de los técnicos con un empujón para luego tomar su lugar. Sí era necesario, él mismo controlaría a Osiris para tener la seguridad de acabar con Karmatrón y su despreciable grupo de robots.

        —Les enseñaré como se hace, torpes —murmuró mientras fijaba la mira de los cañones ópticos sobre Karmatrón. A continuación pulsó el botón de disparar y soltó una carcajada—. A ver qué les parece esto, idiotas.

        Antes de que alguno de los aliados de la Alianza tuviera tiempo de advertirlo, dos potentes rayos láser surgieron de los ojos de Osiris y golpearon fuertemente a Karmatrón en el pecho ante la mirada impotente de los robots zuyua.

        —¡Emperador! —gritó Titán mientras Karmatrón trataba de reponerse del impacto.

        —¡Que tonto! —se burló Jasanth—. Y eso que solamente estoy calentando.

        —Ahora sí ya me cayó mal este fulano —comentó Estelaris.

        Algunos de los Transformables, furiosos por lo que acababa de suceder, decidieron atacar a Osiris para vengar a su emperador. Sin embargo, antes de que alguno de ellos pudiera empezar la batalla, la voz de Karmatrón los contuvo.

        —¡Esperen un momento, amigos! —exclamó fuertemente, atrayendo las miradas de sus robots—. Les dije que yo me haría cargo de él. Ustedes ocúpense de las naves enemigas. 

        —Pero, emperador… .

        —¡Es una orden, Titán!

        El líder de los Transformables no dijo nada más, se volvió hacia sus compañeros y les hizo una seña con el brazo para que le siguieran. Mientras los Guerreros Estelares se dirigían hacia los destructores endorianos y se alejaban, Karmatrón se preparó para enfrentar a Osiris.

        —¿Qué sucede, Karmatrón? —preguntó Jasanth con tono triunfal—. ¿Acaso Osiris es demasiado poderoso para tus estúpidos robots? Escuche que te enfrentaste con Tiamat en tu dimensión y que estuvo a punto de matarte. Pues bien, yo sí tendré éxito donde él se quedó.

        —¿Acaso van a estar fanfarroneando todo el tiempo? —replicó el Guerrero Kundalini, desafiante.

        Como respuesta, un par de rayos láser salieron nuevamente de los ojos de Osiris, más esa vez Karmatrón sí consiguió esquivarlos haciéndose a un lado. Tras concentrarse en su interior, Karmatrón canalizó su energía aúrica y formó dos shuriken que utilizó para atacar al robot endoriano.

        Los shuriken avanzaron en línea recta hacia el cuerpo de Osiris, pero el almirante consiguió neutralizarlos a tiempo con un certero disparo de los cañones ópticos. Karmatrón se quedó frío al ver lo ocurrido; nunca antes alguien había sido capaz de bloquear sus shurikens pránicos de una manera tan hábil.

        —Soy un buen tirador —se mofó Jasant ante la sorpresa de su enemigo.

        Ahora Zacek esta consciente de que no podía andarse con tientos en aquella batalla. Era más que evidente que el almirante endoriano que controlaba aquella formidable nave-robot era un militar bastante capaz y experimentado. Quizás no iba a resultar tan sencillo ganar esa pelea.

        En tanto, a varios kilómetros de donde ambos colosos se enfrentaban, Black condujo su Lightning por el espacio mientras observaba el comportamiento de Karmatrón y los Transformables. A juzgar pos sus acciones aquellos robots desconocidos habían llegado para atacar a las naves endorianas con lo que habían aliviado un poco la situación para los valientes defensores del Megaroad-01.

        —¿Estás mirando lo mismo que yo, Black? —La voz de Hiroshi le llegó a los controles por medio de la pantalla de seguimiento—. Ese enorme robot con forma de samurai nos está ayudando a pelear con el enemigo.

        —Sí, eso parece, Hiroshi —respondió Black—. No sé quiénes sean esos robots, pero me alegra ver que están de nuestro lado. Tal vez sean enemigos de esos extraterrestres, aunque tampoco descarto la posibilidad de que luego de acabar con ellos vengan por nosotros.

        —¿Qué haremos entonces, Black?

        —Voy a tratar de hablar con ellos.

        Antes de que Hiroshi pudiera asimilar completamente eso de “tratar de hablar con ello”, Black cambió de modalidad y transformó su avión en Battroid para enseguida dirigirse hacia donde estaba Titán.

        —¡¿Qué vas a hacer qué cosa, Black?! —exclamó Hiroshi con sorpresa.

        Titán estaba dando instrucciones a algunos de los Transformables que se encontraban junto a él cuando, de repente, un Battroid de color blanco se acercó hasta ellos con las manos en alto. Al instante, el líder de los Transformables y Estelaris se volvieron hacia la nave terrícola para observarla.

        —Mire, jefe —dijo Estelaris—. Parece que trata de comunicarse con nosotros.

        —Tal vez, Estelaris, sin embargo tengan cuidado. Recuerden que no saben quiénes somos y que podría atacarnos por error, será mejor que no nos confiemos.

        —Es curioso, amigos —observó Acuarius luego de escudriñar al Battroid con sus rastreadores de calor—. Mis detectores indican la existencia de un ser vivo dentro de esa máquina. Tal parece que se trata de alguna especie de nave-robot tripulada y no de un organismo cibernético autómata como nosotros.

        Una vez que estuvo frente a los Guerreros Estelares, Black encendió el comunicador de su Lightning para tratar de hablar con ellos. No estaba seguro de cómo iban a reaccionar los robots extraterrestres ante sus palabras, de modo que optó por empezar la conversación presentándose a sí mismo.

        —Yo, Black, yo teniente, yo terrícola… .

        Estelaris se cruzó de brazos.

        —¿Podrías dejar de decir “yo”? Te entendemos perfectamente.

        —Eh, claro, yo, eh, quiero decir, ¿quiénes son ustedes?

        —Mi nombre es Titán —declaró el líder de los Transformables—. Hemos venido a ayudarlos a luchar contra las fuerzas del imperio de Abbadón.

        —¿Imperio de Abbadón? —repitió Black, confundido—. ¿Quiénes son ellos?

        —Ahora no hay tiempo para explicaciones —repuso Estelaris—. Nosotros podemos hacernos cargo de esos destructores, pero sí tú y tus amigos nos ayudan con los cazas tal vez podamos hacerlo más rápido.

        Black movió los controles para hacer que el Battroid les enseñara un pulgar hacia arriba.

        —Cuenten con ello, amigos.

        A bordo de la nave Tao, el príncipe Saulo, Uller, Lis-ek y Areth podían ver en la pantalla visora como los Trasformables y los Lightnings VF-4 unían esfuerzos para enfrentar a las naves enemigas mientras que Karmatrón luchaba con Osiris. Los androides YZ-1 y VL-2, a su vez, conducían la nave a través del campo de batalla, zigzagueando y lanzado ráfagas de antimateria contra los cazas endorianos.

        —Los Transformables están haciendo una labor excelente —señaló Saulo.

        —Tienen mucha experiencia en combate —confesó Lis-ek—. Aún así, no debemos confiarnos demasiado, Saulo. El enemigo es muy poderoso y podría darnos una desagradable sorpresa.

        Uller asintió.

        —Tenemos que comunicarnos cuanto antes con los tripulantes de esas naves a las que están atacando las fuerzas imperiales y avisarles de nuestras intenciones. Es importante que no piensen que somos enemigos también.

        Saulo miró a Lis-ek en espera de su opinión. La emperatriz zuyua dirigió una inclinación de la cabeza al endoriano y después miró a YZ-1.

        —YZ-1, abre un canal de comunicación con las naves que luchan contra el enemigo —ordenó.

        —A la orden, emperatriz.

        En lo que el androide zuyua trataba de entablar una enlace de comunicación con el Megaroad-01, Saulo percibió claramente la presencia de José Zeiva y de una Khans en el planeta Génesis. Ahora no tenía la menor duda; la gema estelar de los Titanes se encontraba en aquel mundo color esmeralda donde las naves de aquella dimensión orbitaban.

        Astronave Churubusco (Sala del Consejo de Líderes)

        Jesús Ferrer se enfrentaba al Consejo Aliado desde el mismo lugar donde Andrea había hablado después de haber huido de la Tierra. De pie sobre el piso y rodeado por las figuras silenciosas de los dirigentes aliados, impresionado y sin saber qué se esperaba de él, se sintió algo preocupado. A la reunión también habían acudido algunos oficiales de alto rango de la armada como el almirante Cariolano y el general MacDaguett, además del brujo Shilbalam, Zaboot, Rodrigo Carrier, Marine, Sailor Pluto, Sailor Saturn y Sailor Venus.

        Lazar miró al príncipe meganiano e inclinó hacia él su cabeza coronada de cabellos blancos.

        —Esta sesión tiene por objeto determinar la responsabilidad del príncipe Jesús Ferrer de Megazoar por el cargo de conspiración para apoderarse del gobierno de Endoria, así como de otros tantos crímenes de guerra de los que se le acusa por muchos gobiernos planetarios. Como todos ya saben, la presencia de Jesús Ferrer en esta sesión es enteramente voluntaria y deriva de su decisión de separarse del imperio de Abbadón luego de los sucesos ocurridos en una dimensión diferente a ésta. También es hecho conocido por todos que les salvó la vida a la reina Andrea Zeiva del planeta Lerasi, a los generales unixianos Azmoudez y Azrael, al Caballero Celestial Asiont y a un grupo de jóvenes guerreras llamadas Sailor Senshi, quienes defendían su planeta en contra de los guerreros de N´astarith. Este Consejo concede el uso de la palabra al príncipe de Megazoar.

        —Majestad, miembros del Consejo —empezó a decir Jesús—. Sé que quizás muchos de ustedes no deseen escuchar lo que tengo que decirles, pero en los últimos ciclos estelares me he ido enterando de ciertos acontecimientos que contribuyeron decisivamente a desatar la guerra entre los imperios de Megazoar y Endoria.

        —¿De qué se trata, príncipe de Megazoar? —le inquirió Sar-Ut-Nir, representante de un mundo acuático llamado Oran—. Sólo espero que no quiera tratar de engañarnos con especulaciones.

        Jesús meneó la cabeza.

        —No, señor, mi intención no es engañarlos —repuso con tranquilidad—. Lo que estoy a punto de a decirles ha sido corroborado por algunas personas que laboran dentro de la misma Alianza Estelar.

        Lazar alzó una ceja con incertidumbre.

        —¿Podría ser más explícito, príncipe Ferrer? El Consejo de la Alianza Estelar está dispuesto a escuchar sus argumentos pacientemente. Sin embargo, debe estar consciente de que las acusaciones que hay en su contra son bastante serias y que por lo mismo, su credibilidad está puesta en duda. Debe entender que muchos de nosotros no confiamos en usted o en lo que pueda decirnos.

        —Estoy consciente de todo, majestad, pero tampoco olviden que he venido a esta reunión por mi propio pie y sería ilógico que lo hubiera hecho tan sólo para engañarlos. Lo que más deseo por sobre todas las cosas es mostrarles la verdad que he descubierto, una verdad que ha estado frente a nosotros todo el tiempo y que, por increíble que a muchos les parezca, no la hemos visto hasta ahora.

        —Por favor, Jesús, dinos qué es lo que has averiguado —dijo Andrea Zeiva.

        El príncipe meganiano suspiró.

        —De acuerdo, cuando José Zeiva y yo llegamos al planeta Endoria, ambos fuimos acogidos por el rey Lux como sus protegidos. En ese entonces los nobles que integraban la corte real nos dijeron a mí y a José que el rey Lux había quedado muy afectado por la muerte de su familia y que por lo mismo no estaba en condiciones optimas de gobernar. Como nosotros no sabíamos qué hacer les preguntamos a los nobles cuál sería la mejor manera de proceder a lo que ellos nos respondieron que la única opción viable era destituir al rey. Al principio José y yo no sabíamos que hacer, pero finalmente los nobles nos convencieron bajo la promesa de que la vida de Lux sería respetada y que nosotros, y no ellos, gobernaríamos el planeta. El ofrecimiento nos pareció algo raro, pero finalmente creímos que tenían buenas intenciones; después de todo era sumamente extraño que ninguno de los nobles quisiera tomar el poder bajo el pretexto de que todos ellos eran endorianos auténticos y con mucho más derecho a gobernar que nosotros. Una vez que depusimos al rey, los nobles nos proclamaron regentes y desde ese momento nos apoyaron en todo. Sin embargo, más tarde, José y yo descubriríamos que algunos de ellos planeaban asesinarnos para de esta manera justificarse ante la población y tomar el poder de manera legitima. Por esta razón fue que nos volvimos contra ellos y proclamamos el establecimiento de un gobierno imperial.

        Un respetado delegado, el embajador Akinit del planeta Mitori, le interrumpió.

        —Es un relato interesante, príncipe. A la mayoría de los presentes nos resulta conocida y no es ningún secreto que usted conspiró en complicidad con los nobles de Endoria para usurpar el trono real y destituir al rey Lux.

        —Lo que intento hacer con esto es demostrarles que los nobles del planeta Endoria tenían como objetivo final apoderarse del planeta —se defendió Jesús—. El punto clave de mi argumento es demostrar que ellos seguían un plan. Todo esto me fue dado a conocer muchos ciclos estelares después por un embajador de Endoria que luego sería asesinado. Los nobles del planeta fueron corrompidos por agentes del imperio de Abbadón, los cuales también nos manipularon a José y a mí para iniciar un conflicto armado, el cual tenía como única finalidad dejarle el camino limpio a N´astarith. La guerra entre Adon y Endoria fue fraguada por N´astarith y sus aliados para que nos destruyéramos entre nosotros.

        —Aún sí esto fuera cierto  —intervino Lazar—. ¿Por qué entonces usted se unió al imperio de Abbadón y ayudó a N´astarith a combatir a la Alianza Estelar?

        En ese momento Jesús bajó la cabeza.

        —Lo que pasa es que descubrí todo eso demasiado tarde —confesó—. Quizás muchos de ustedes lo ignoren, pero mi familia murió cuando una flota de naves desconocidas atacó por sorpresa el planeta Adon. La mayor parte de la población murió durante el ataque. Estaba tan cegado por la rabia que no pensaba claramente, lo único que quería en ese momento era vengar la muerte de mi familia y de mis amigos. Varios ciclos estelares después de la devastación de Adon, los sobrevivientes nos embarcamos en las pocas naves que quedaron y así comenzamos a recorrer el cosmos en un lugar donde poder vivir en paz y empezar de nuevo. Luego de estar a la deriva por cerca de medio ciclo estelar nos topamos con una nave desconocida que nos ofreció comida y suministros, fue en ese entonces cuando conocí personalmente a N´astarith. Al principio se presentó ante mí como el gobernante de un mundo distante que estaba en busca de planetas que quisieran comerciar con su raza; le conté mi tragedia y él me dijo que había visto a la armada endoriana con sus propios ojos atacar el planeta Adon usando armas de gran poder destructivo.

        Andrea apretó los dientes con mucha fuerza, los ojos se le llenaron de lágrimas e inclinó la cabeza. Rodrigo volvió la mirada hacia ella, pero su rostro permaneció inmóvil. Sailor Venus, a su vez, sintió un nudo en la garganta y percibió una leve chispa de conexión. ¡Ahora entendía el dolor de Jesús Ferrer!

        —Yo estaba tan ansioso de encontrar a los culpables que acepté todas sus palabras como ciertas —siguió el príncipe meganiano—. Estaba tan convencido de que José había sido el autor de la muerte de mi familia que me juré a mí mismo que lo destruiría algún día. Cuando N´astarith por fin nos dejó, él me aseguró que respaldaría cualquier acción que emprendiera, ya que, según sus palabras, lo que más deseaba era la prosperidad de toda la galaxia. Tiempo después, cuando por fin descubrí mi ascendencia meganiana y pude reunirme con mi padre, los embajadores de Abbadón llegaron hasta Megazoar para ofrecernos su alianza. Al principio mi padre la rechazó ya que no la consideraba necesaria para nuestro mundo. Pero cuando algunos delegados de confianza nos informaron que el imperio de Endoria planeaba atacarnos, mi padre reconsideró su decisión y aceptamos la alianza de Abbadón. Cuando la guerra entre Endoria y Megazoar estaba en su mayor apogeo, N´astarith convocó a un armisticio a ambas partes y nos propuso que sí lo ayudábamos a luchar contra una banda de rebeldes que se oponían al bienestar de la galaxia, él a cambio, nos revelaría un plan secreto con el que podríamos enmendar todos los errores cometidos en el pasado.

        —El Portal Estelar —murmuró Andrea.

        —N´astarith nos dijo que usando los poderes del Portal Estelar era posible reformar el universo como lo conocemos e incluso revivir a los muertos —explicó Jesús mientras todos lo escuchaban atentamente—. Debido a esto, tanto mi padre como el gobierno de Megazoar decidieron aceptar el trato y negociamos la paz con el imperio endoriano para combatir a la Alianza Estelar.

        —¿Acaso piensa que le creeremos todos esos cuentos de las conspiraciones? —le preguntó el almirante Cariolano—. No diga tonterías, príncipe Ferrer, usted tomó el control del planeta Endoria porque ansiaba poder y, como no lo consiguió, se alejó de José Zeiva para establecerse en el planeta Adon a fin de formar un nuevo imperio.

        —Quizás Jesús considera que somos unos retrasados —intervino Rodrigo.

        El rey Lazar se puso de pie y pidió silencio con un gesto de su brazo.

        —De manera que usted sostiene que N´astarith manipuló la situación para que ustedes depusieran al rey Lux y más tarde se vieran obligados a tomar el poder por la fuerza en Endoria, ¿no es así?

        —Así es, majestad, pero la cosa no termina ahí —repuso Jesús—. N´astarith también corrompió a varios delegados del gobierno de Megazoar para que le mintieran a mi padre, diciéndole que los endorianos planeaban atacarnos y así provocar la guerra.

        —¿Qué te hace pensar que te creeremos eso? —inquirió MacDaguett—. Hasta donde sé, tú eres cómplice de ese tal José Zeiva y por lo mismo no tienes ninguna credibilidad.

        —¿Cómo sabes eso, Jesús? —preguntó Andrea, ignorando a MacDaguett.

        —Fue gracias a nosotros —intervino Azmoudez para sorpresa del Consejo—. Nuestros servicios de inteligencia nos informaron que algunos de los delegados del gobierno meganiano recibían ordenes de N´astarith. Todo esto lo descubrimos luego de que investigamos la manera en que dichos delegados se habían hecho inmensamente ricos.

        El príncipe de Megazoar dirigió una mirada hacia Sailor Venus antes de continuar con sus argumentos. Parecía como sí en realidad tuviera más deseos de convencer a aquella chica que había conocido en Juuban que a los propios miembros del Consejo de Líderes.

        —Cómo podrán darse cuenta, miembros del Consejo, N´astarith instigó en uno y otro bando para hacer que lucháramos entre nosotros con el único fin de utilizarnos. Sin embargo existe algo más terrible todavía; durante el tiempo en que estuve aliado con N´astarith escuché el fuerte rumor de que existían ciertos personajes dentro de la Alianza Estelar trabajando para Abbadón. En un principio creía que eso sólo eran rumores, pero ahora estoy plenamente convencido de que entre vosotros existen traidores que conspiran en su contra.

        No sólo fue lo peor que podía haber dicho ante el Consejo Aliado, sino que además no lo podía haber expresado de la peor manera. El público estalló en alharaca y vehementes manifestaciones de disentimientos. Delegados y espectadores se pusieron de pie, y los murmullos no tardaron en convertirse en gritos cuyos ecos resonaron en el recinto del salón.

        Lazar había enmudecido en su asiento, desconcertado y sin dar crédito a lo que estaba viendo.

        —¡Protesto! —gritó el general MacDaguett, puesto de pie—. ¡Todo esto no son más que tonterías! ¿Dónde están las pruebas de lo que dices?

        —¡Orden! —exclamó Akinit—. ¡Orden, señores!

        La asamblea fue calmándose y los delegados volvieron a ocupar sus asientos, respondiendo al pedido de Akinit. Sailor Venus vio que el general Rodrigo Carrier había dejado su lugar y se colocaba junto al príncipe Meganiano. Jesús y Rodrigo se miraron el uno al otro, pero ninguno dijo nada.

        —Majestad, esas acusaciones no tienen ningún fundamento —empezó a decir Rodrigo—. Creo que el príncipe meganiano no sólo quiere engañarnos, sino que también trata de minar la confianza dentro de la Alianza Estelar —hizo una pausa y continuó extendiendo una mano hacia los miembros del Consejo—. Todos sabemos que Uriel y sus generales han insistido una y otra vez en la absurda teoría de que no fue el emperador Francisco quien desató la guerra entre Endoria y Megazoar; de manera que ahora inventaron que sus servicios de inteligencia sabían que algunos delegados del imperio meganiano obedecían las ordenes de N´astarith. Discúlpenme, pero eso me parece una pobre e ilusoria fantasía, un cuento de hadas para justificar a los meganianos y así eximirlos de toda responsabilidad.

        —¡No son cuentos de hadas, imbécil! —exclamó Azmoudez con furia.

        —¡Orden, por favor! —gritó Akinit nuevamente. Su tono de voz era severo, pero controlado—. General Azmoudez, le pido que se abstenga de utilizar cualquier clase de insultos en esta sesión. No tengo idea de cómo realizan los debates en su mundo, pero aquí en la Alianza no deseamos escuchar ese tipo de expresiones tan deplorables. Quizás le moleste que se lo pida, pero recuerde que no todos los pueblos del universo somos bárbaros.

        Azmoudez estaba que echaba chispas, probablemente sí no supiera que estaba ante el Consejo de la Alianza habría empezado a despotricar contra todos los presentes tildándolos de idiotas. Andrea, rápidamente, buscó los ojos de Azmoudez con la mirada y le hizo un gesto para que se serenara, aunque aquel desplante de ira ya le había restado simpatía al general Unixiano ante los miembros del Consejo y perjudicaba aún más la poca credibilidad de Jesús Ferrer. Rodrigo Carrier se había dado cuenta de eso y lo disfrutaba enormemente.

        —Como podrá darse cuenta, majestad —repuso el comandante Carrier—. Azmoudez sabe que lo que está diciendo son puras mentiras y por eso reacciona de esta manera tan hostil. Es evidente que Jesús Ferrer únicamente trata de confundirnos para que así desconfiemos unos de otros y con eso darle la ventaja a N´astarith.

        —Yo no estoy de acuerdo con eso —intervino Andrea para sorpresa de todos, pero especialmente de Jesús Ferrer y Rodrigo Carrier—. Todos aquí sabemos que los emisarios de Abbadón corrompieron a los nobles de la corte real de Endoria para provocar la caída del rey Lux. Sí han hecho esto en otros mundos, ¿por qué entonces no creer que también lo hicieron en Megazoar? A mí eso no me parece tan descabellado.

        —Jesús Ferrer es un aliado de N´astarith —insistió Rodrigo con indignación.

        —¡Era un aliado de N´astarith! —le corrigió Azmoudez, centrando la atención una vez más—. Jesús Ferrer les salvó la vida a la reina Andrea, a ese tipo llamado Asiont y a nosotros. Él se volvió contra los guerreros de N´astarith y gracias a eso logramos obtener una de las gemas estelares.

        Akinit se volvió hacia el rey Lazar y alzó ambas cejas. El debate se estaba volviendo más complicado de lo que cualquiera de ellos hubiera querido y, por ahora, lo mejor era que los miembros del Consejo Aliado se reunieran a puertas cerradas para debatir sin interrupciones.

        Finalmente Lazar alzó una mano, anunciando el final de la sesión.

        —Muy bien, ahora el Consejo Aliado debatirá la acción a seguir, príncipe Ferrer, y tenga por seguro que analizaremos bien sus argumentos, así como todo lo que se ha dicho en esta sesión.

        Jesús asintió sombríamente y cerró los ojos.

        —Me parece bien, majestad.

        Una vez que abandonaron el espacio trans-warp, los pilotos del Águila Real 32 se dirigieron hacia la astronave insignia de la flota aliada, la cual iba llenando el ventanal a medida que se iban aproximando a ella. Los Caballeros Celestiales y sus aliados estaban en el puente de mando, examinando todo.

        —Esto es impresionante, ¿no creen, amigos? —murmuró Shun, sin dirigirse a nadie.

        Seiya señaló la astronave Churubusco.

        —¿Es ahí a donde vamos? —preguntó.

        —Así es, Seiya —dijo Lance, volviendo la mirada hacia el Santo—. En esa nave se encuentra la base de operaciones de toda la Alianza Estelar. Cómo podrán darse cuenta por todas las naves que se ven en el espacio, estamos preparando un ataque contra las fuerzas de Abbadón.

        —Deber haber millares —observó Shiryu.

        Luego de identificarse, los pilotos iniciaron la trayectoria hacia uno de los muelles de la gigantesca nave. Unos momentos bastaron para que la nave penetrara en un el hangar 456-TX hacia una plataforma vacía. El Águila Real 32 aterrizó sin problemas y quedó suspendida sobre sus soportes de descenso.

        Mientras Lance conducía a Saori y a Leona fuera del puente de mando, Casiopea recordó la manera tan abrupta en que ella y la princesa de Papunika había abandonado la Churubusco y se preguntó mentalmente sí aún Cariolano estaría molesto por eso. “Bueno —pensó—. Sí no me dice nada es porqué quizás ya se le olvidó. ¿Se habrá enterado Saulo de todo? Sinceramente espero que no, de lo contrario mejor me voy preparando para uno de sus largos y aburridos sermones”.

        Eclipse se giró hacia los Santos dorados para invitarlos a salir del Águila Real 32.

        —Una vez que los presentemos ante el Consejo los llevaré a un lugar donde se vive muy bien el reventón por las noches —Se acercó al Santo de Leo y le dio un suave codazo en el estómago mientras le hablaba en secreto—. Ahí sirven unas bebidas que los harán olvidarse de que estamos en guerra y las camareras presentan un espectáculo emocionante.

        —Eh, claro que sí —murmuró Aioria—. Estoy seguro de que será un ambiente refinado y lleno de buenas costumbres.

        Espacio cercano a Génesis.

        El instinto de Karmatrón tomó la iniciativa. Antes de que sus contrincantes pudieran reaccionar, el Guerrero Kundalini extendió un puño hacia delante y lanzó poderosas ondas de choque contra el cuerpo de Osiris. La nave-robot se sacudió por el impacto y salió despedida algunos metros hacia atrás mientras toda la tripulación se bamboleaba violentamente de un lado a otro.

        —¡¡Ataquen!! —gritó Jasanth con todas sus fuerzas.

        A una velocidad increíble, Osiris se abalanzó sobre Karmatrón, le propinó una fuerte patada en el rostro y luego le disparó un par de rayos ópticos que hicieron blanco en su pecho. Para finalizar el trabajo, Jasanth hizo que el robot juntara ambas manos y luego descargara un potente golpe sobre el cuerpo de su odiado adversario a fin de provocarle un daño serio. Esta vez fue Karmatrón quien salió volando sin control hacia el infinito.

        Pero aún antes de que los endorianos pudieran cantar victoria, el Kundalini logró reponerse de los golpes y detuvo su vuelo en medio de la nada. El almirante Jasanth no podía dar crédito a lo que veía; a pesar de todos los ataques recibidos, Karmatrón todavía tenía fuerzas para seguir luchando con Osiris, aunque era aún más sorprendente que su cuerpo no tuviera ni una sola herida.

        En tanto, Karmatrón, deseoso de terminar con aquella batalla, se lanzó directamente sobre Osiris, esquivó un disparo óptico de éste y luego lo hizo retroceder con una rápida descarga de puñetazos. Finalmente, el Kundalini desenvainó su poderoso sable del poder y se acercó al robot endoriano para concluir el trabajo. Sin darles tiempo a Jasanth o a sus hombres para que pudieran contraatacar o al menos escapar, Karmatrón atajó el cuerpo de Osiris con una serie de rápidos mandobles hasta que el robot dejó de moverse.

        —¡¡Kiiaii!!

        En la cabina de control, las alarmas comenzaron a sonar por todas partes. Uno de los técnicos echó una ojeada a su monitor y, muy a su pesar, confirmó que el último ataque del Guerrero Kundalini había dañado el reactor principal. Totalmente pálido, Jasanth abrió los ojos de par en par cuando comprendió lo que aquellos daños implicaban.

        —¡¡Salgan de… .

        Hubo un relámpago y acabó todo. En cuestión de segundos, Osiris explotó en mil pedazos junto con Jasanth y los setecientos treinta endorianos que lo controlaban desde su interior, formando largos arcos en el espacio. 

        Destructor Edoriano Juris-Alfa.

        En la astronave insignia endoriana, Kali había visto por el ventanal del puente de mando como Osiris acababa de ser derrotado por Karmatrón y la manera en que los Tranformables y los Thuderbolts del Megaroad-01 hacían pedazos a los cazas endorianos. La situación se estaba volviendo peligrosamente adversa y, de no hacer algo pronto para remediarla, quizás hasta la recuperación de la gema estelar estaría en riesgo.

        La Khan de la Destrucción iba a dar nuevas ordenes cuando, de pronto, descubrió que la nave Tao volaba rápidamente hacia el planeta Génesis llevando en su interior las presencias de Saulo, Lis-ek, Areth y Uller, los mismos oponentes a quienes se había enfrentado anteriormente.

        —Avisen al comandante Zeiva de que el enemigo se acerca su posición —ordenó a los técnicos—. Preparen un transporte inmediatamente para llevarme al planeta donde se encuentra la gema —hizo una pausa y sonrió—. Tengo que saludar a unos viejos conocidos.

        Aprovechado su extraordinaria velocidad y capacidad para maniobrar, Estelaris finalmente logró acercarse lo suficiente a uno de los destructores endorianos para clavar sus poderosas garras en el casco. Con unos cuantos golpes, el Guerrero Estelar por fin logró abrir un boquete en la estructura de la nave lo suficientemente grande como para infiltrarse en su interior; sólo que lo que no estaba en sus planes era que Black conduciría su Battroid detrás de él.

        —¿Es una fiesta privada, amigo? —le preguntó al Transformable apenas su Battroid puso un pie dentro de la nave enemiga—. ¿O cualquier puede asistir?

        Estelaris se volvió hacia él con las garras listas para despedazarlo.

        —¿Qué crees que estás haciendo? Creí que eras el enemigo.

        —Bueno, vi lo que hacías y decidí entrar para ayudarte.

        —Mmm, de acuerdo —asintió el robot zuyua—. Sígueme e iremos hasta los generadores de la nave, espero que seas rápido porque una vez que los destruyamos todo esto volara en pedazos.

        El Lightning cambió a la modalidad Gerwalk ante la mirada escrutadora de Estelaris.

        —Mi tercer nombre es rapidez, ojón.

        —Y el mío es Estelaris —murmuró el Transformable antes de volverse—. ¡Vamos!

        Volando con extrema rapidez, Estelaris y Black cruzaron como rayos un largo pasillo que conducía a la sala de los generadores. En el camino fueron atacados por los soldados endorianos y algunos sistemas de defensa, pero los mísiles del Lightning de Black y los disparos láser de Estelaris fueron más que suficientes para hacerse cargo de la situación.

        Finalmente, los dos combatientes consiguieron llegar hasta a la sala de los generadores en donde Estelaris utilizó sus afiladas garras para destrozar las puertas y abrirse camino. Una vez dentro, el Guerrero Estelar disparó un fino rayo láser contra el generador de poder con su único ojo en tanto que Black hizo lo suyo con una andanada de mísiles. Los ataques alcanzaron su blanco y el reactor de la nave estalló con una atronadora explosión que hizo que Black volviera la vista momentáneamente en otra dirección.

        Una vez alcanzado su propósito, Estelaris y el Lightning se dieron la media vuelta y salieron disparados a toda velocidad mientras una cadena de explosiones iba expandiéndose por todas partes. Cuando iban a medio camino, Black cambió de modalidad nuevamente para convertir su Gerwalk en avión.

        —¡El último es vieja! —gritó Black mientras le imprimía más velocidad a su nave.

        Como un solo individuo, los dos consiguieron abandonar la nave enemiga por el mismo agujero por donde había entrado a la vez que lanzaban gritos de júbilo. El destructor endoriano, en tanto, comenzó a estallar desde dentro hasta que toda la estructura fue consumida por una brillante bola de luz.

        —¡Miren! —exclamó Titán—. ¡Estelaris y una de esas naves lo lograron!

        —Perfecto —convino Hiroshi desde su Battroid—. Ahora sí le van a dar a Black ese ascenso que tanto quería.

       Continuará… .

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