Leyenda 064

LA LEYENDA

por Asiant y Uriel

CAPÍTULO LXIV

EL DOLOR DE SAULO; LA UNIÓN HACE LA FUERZA

        Megaroad-01

        Emily revisó los controles del tablero una vez más, y descubrió que por fin la energía del arma principal estaba a su máximo nivel. A un costado de ella, una técnica comenzó a transmitir instrucciones a los Lightnings para que se alejaran del destructor endoriano que había sido seleccionado como blanco.

       —Arma principal lista para disparar —anunció Emily, volviendo el rostro para contemplar la figura de la almirante Misa Ichijo, detrás de ella.

       —¿Qué hay sobre nuestros combatientes, Emily?

       —Ya han sido advertidos, almirante, todos los Lightnings se han alejado del área de disparo al igual que esos robots que nos están ayudando.

       —En ese caso abran fuego de inmediato —ordenó Misa luego de mirar el rostro de su esposo.

        En el acto, Emily presionó el botón de disparo.

        Una potente descarga de energía salió a toda velocidad de la astronave terrícola y avanzó por el espacio. El disparo embistió al segundo destructor endoriano directamente en el frente, provocando una violenta explosión que lo destruyó por completo mientras los cazas enemigos trataban de escabullirse.

        A unos kilómetros de distancia, Black, Hiroshi y los Transformables contemplaron con lujo de detalles como la nave enemiga había desaparecido en una inmensa nube de llamas láser y fragmentos metálicos.

       —Bueno, con eso ya nos ahorraron el trabajo —comentó Magneto.

       —Tal vez, robot —dijo Hiroshi desde su Battroid—. Pero aún quedan esas enormes naves en forma de platillo. Tengo la impresión de que nos van a dar muchos problemas.

       —Eh, me llamo Magneto.

       —Whatever (Cómo sea).

        Planeta Génesis.

        José Zeiva y Liria volaban a toda velocidad por encima de un valle en dirección hacia una cordillera de montañas, siguiendo las indicaciones de sus rastreadores. Atrás de ellos, un escuadrón de shadow troopers fuertemente armados los iban siguiendo de cerca. El grupo estuvo volando por algunos minutos hasta que, finalmente, descendieron cerca de una montaña en un área completamente deshabitada y alejada de la colonia fundada por los tripulantes del Megaroad-01.

       —De acuerdo con el escáner visual la gema está muy cerca de aquí —murmuró José.

        Liria se apresuró a despachar a sus soldados para que buscaran la gema estelar cuanto antes. No tenía idea del por qué, pero en esos momentos se sentía nostálgica y deseaba terminar la misión lo más pronto posible. Mientras los Shadow Troopers revisaban hasta la última roca en un área de siete kilómetros, la Khan de la Naturaleza dirigió su mirada al cielo para contemplarlo en silencio. Gracias a la atmósfera del planeta era imposible ver la batalla que se estaba librando en el espacio, pero aún así, ella sabía que muchas personas estaban muriendo en esos momentos.

       —¿Qué es lo que miras, Liria? —le preguntó José de pronto.

        La Khan imperial volvió el rostro hacia el terrestre.

       —Dime, José, ¿alguna vez has dudado sobre lo que hacemos?

       —¿Dudado? —José alzó una ceja con incertidumbre.

       —Quiero decir, reflexionar sobre sí lo que estamos haciendo es lo correcto.

       El comandante frunció una sonrisa sombría; el reflexionar sobre sus actos era una costumbre que practicaba constantemente. Desde que se había unido al imperio de Abbadón, José dedicaba gran parte de su tiempo a meditar sobre el inesperado curso que había tomado su vida y las acciones que emprendía en cada nueva aventura.

       —A veces pienso un poco en ese tipo de cosas, ¿por qué?

       Liria se miró la punta de las botas.

       —Es que yo ya no estoy tan segura de que lo que estemos haciendo sea lo mejor.

       —No creo que a N´astarith le agradara escuchar eso.

       —Lo sé, pero aún así no puedo dejar de pensar en eso.

       —¿Cuál es el motivo de tus dudas? —preguntó José.

       —La guerra —contestó ella con voz suave—. Cuando me uní al emperador lo hice porque creía que él traería la paz y el bienestar a toda la galaxia. Pero en vez de eso sólo hemos tenido más enfrentamientos y más batallas. Sé que con la ayuda del Portal Estelar, N´astartith podrá reparar todos los errores que hayamos cometido, pero ¿realmente podemos justificar lo que hacemos sólo porque al final lo corregiremos?

       —¿Detestas las guerras, Liria?

       —Sí, José, lo que más anhelo es poder vivir en paz. Estoy harta de luchar contra la Alianza Estelar, harta de hacer sufrir a los demás y harta de ver a tanta gente morir a mí alrededor.

        José no supo ni que decir en ese momento. Ciertamente, era extraño escuchar a una guerrera Khan hablar de esa manera, aunque la verdad no era difícil entenderla. A pesar de que él no se atrevía a manifestarlo tan abiertamente como Liria, lo cierto era que el terrícola también estaba cansado de las guerras y de luchar constantemente. En el fondo ansiaba poder vivir lejos de la destrucción y de tantas batallas sin sentido.

       —Tal vez te parezca absurdo, pero yo también estoy cansado de todo esto —admitió mientras la Khan alzaba la mirada hacia él—. Cuando los nobles me ofrecieron el trono del planeta Endoria, creí que cuando tuviera el poder podría hacer que las cosas cambiaran para mejorar. Imagine que siendo emperador me había transformado en una persona mucho mejor, pero la verdad es que eso no fue así. El poder por sí solo no vuelve mejores a las personas, al contrario, creo que hasta puede volverlas aún peor.

       —Jamás imaginé que pensaras de esa manera —confesó Liria un tanto sorprendida.

       —La verdad es que no sé por qué te cuento estas cosas.

        La Khan sonrió levemente. Era gracioso la manera en que sucedían las cosas. Ella creía que tal vez era la única en todo el imperio que pensaba de esa manera y ahora descubría que no era así. Tal vez incluso otros pensaran de la misma forma, sólo que quizás no se atrevían a decirlo por temor al rechazo de los demás. Liria estaba por decir algo más cuando, de repente, uno de sus soldados encontró la gema estelar.

       —La tengo, comandante.

        José se dirigió hacia el soldado casi de inmediato, olvidándose por un momento de la conversación. El Shadow Trooper depositó la gema en las manos del comandante Zeiva y éste, lleno de júbilo, la miró minuciosamente. Liria dio un suspiro de resignación; había llegado la hora de volver a la realidad.

       —Debemos regresar a la nave.

        De repente, el escáner visual de la guerra Khan emitió una señal de alerta seguida por un mensaje de Kali en donde le comunicaba que el enemigo había destruido dos naves endorianas y provocado la muerte del capitán Jasanth.

       —¿Qué ocurre, Liria? —le inquirió José Zeiva, volviendo la vista hacia ella.

       —Jasanth está muerto y Osiris destruido —informó la Khan—. Parece que el enemigo recibió ayuda de una nave de la Alianza Estelar y de un grupo de robots guerreros conocidos como los Transformables.

       —¡¡¿Qué cosas has dicho?!!

       —¡¡Lo que escuchaste, usurpador!!

        José levantó la mirada hacia el sitio de donde había venido aquel grito y descubrió al príncipe Saulo de Endoria parado sobre un peñasco. Sorpresivamente, Molécula, Uller y Areth aparecieron por atrás de los Shadow Troopers.

       —¡No se saldrán con la suya, malvados! —advirtió Molécula.

        Liria se giró hacia los Guerreros Kundalini y entornó la mirada mientras el escáner visual registraba sus niveles de ataque. Los Shadow Troopers, en tanto, alzaron las armas y se prepararon para atacar a sus enemigos. Al ver esto, Uller, Areth y Molécula cerraron sus puños en espera de que alguno de ellos decidiera abrir fuego.

       —El mismísimo Saulo en persona —murmuró José en un tono casi solemne—. Me creerás que había escuchado mucho sobre ti, pero jamás había tenido la oportunidad de verte cara a cara, muchacho. Eres toda una leyenda.

       —Asesino —dijo el endoriano—. Tú y esa maldita rata de Jesús Ferrer mataron a mi padre y por eso les haré pagar como no tienes idea. Gracias a ustedes y a N´astarith mi pueblo vive en la más horrible pesadilla desde hace más de veinte ciclos estelares.

        José apretó los puños y desplegó su aura.

       —Eres un muchacho inmaduro, lo único que haces es revivir el pasado continuamente. Sí estás tan preocupado por la vida de tu padre, entonces ayúdanos a recuperar las gemas estelares de los Titanes. Con ellas y el Portal Estelar regresaremos a la vida al rey Lux y a todos lo que murieron durante las guerras. Date cuenta de que esa es la única manera de arreglar todo lo que está mal.

       —Eres tan estúpido como Jesús —replicó Saulo con furia—. Ustedes no son dioses para determinar quién puede vivir y quién no. Lo que hacen no tiene nombre, pero yo me encargaré de que no vuelvan a cegar ninguna vida.

        Tras decir aquellas palabras, Saulo hizo arder su aura con todas sus fuerzas y voló directamente contra José Zeiva en un ataque directo. Algunos de los soldados dispararon sus armas en un intento por detenerlo, pero el príncipe de Endoria los derribó a todos con una rápida embestida.

        Al mismo tiempo, los demás Shadow Troopers se dispusieron a usar sus desintegradores contra los Kundalini y Areth. Sin embargo, antes de que alguno de ellos pudiera hacer un disparo, la Molécula transformó las armas en agua, Areth usó su velocidad para golpear a algunos y, finalmente, Uller congeló a los que aún quedaban en pie. En cuestión de segundos, todos los soldados imperiales habían quedado fuera de combate a excepción de aquel sostenía la gema.

        Liria estaba impresionada; las habilidades de la Molécula para transmutar la materia eran verdaderamente asombrosas. Quizás la Kundalini no podía moverse tan rápida como un Caballero Celestial o un Khan, pero sí podía cambiar la estructura molecular de cualquier objeto entonces era una enemiga de cuidado.

       —Entiendo —murmuró la guerrera imperial mientras los Kundalini y Areth la rodeaban—. Ustedes fueron quienes se enfrentaron a Kali, Tiamat y Sepultura en el otro universo. Eso significa que ese individuo llamado Karmatrón o Zacek también se encuentra por aquí.

       —Veo que estás bien informada —comentó Uller en tono irónico.

       —Son gajes del oficio, hombre de hielo. —La Khan sonrió—. Será mejor que se den por vencidos, en estos momentos Kali también se dirige hacia este planeta junto con una legión de nuestras mejores tropas.

        Areth le lanzó una mirada de furia.

       —Olvídalo, no nos iremos sin esa gema estelar.

       Entretanto, Saulo recogió su puño derecho y se dispuso a golpear a José Zeiva con toda su rabia. El terrestre, por su parte, sabía que su rival estaba completamente furioso, de manera que decidió usar ese factor a su favor. Moviéndose en el último instante, José desapareció del camino de Saulo como una mancha borrosa justo a tiempo para esquivar su puñetazo. El príncipe endoriano se dio cuenta de la maniobra y, tras desaparecer de igual forma, decidió ir tras él. Durante los siguientes segundos ambos adversarios se movieron zigzagueando de un lado para otro con una gran velocidad.

       Finalmente, Saulo consiguió sorprender a José Zeiva y reapareció justo frente a él en medio del cielo. Antes de que el terrícola pudiera huir, Saulo le descargó una cascada de puñetazos obligándolo a cubrirse con los brazos y a retroceder. José estaba anonadado con el poder y la habilidad de su antagonista, pero aun así, estaba seguro de que todavía no se había dicho la última palabra.

       Palacio de Céfiro.

       Adnalo miró a Hikaru fijamente y abrió la boca para lanzarle un sopló de aire congelante. La Guerrera Mágica, consciente de lo que le podía pasar sí el aire frío la tocaba, dio un rápido salto en el aire para tratar de ponerse a salvo; sin embargo lo que ella no esperaba era que el ataque de la Khan de los Hielos lograría alcanzarla en la rodilla derecha.

       Hikaru se estremeció de dolor mientras su pierna se iba recubriendo con una capa de hielo. Dejando escapar un agudo alarido de sufrimiento, la Guerrera Mágica soltó su espada y cayó irremediablemente al suelo mientras Umi y Fuu gritaban fuertemente su nombre. Adnalo sonrió triunfalmente.

       —No tiene caso continuar peleando —dijo la Khan de los Hielos, mientras caminaba hacia Hikaru—. Lo único que lograrás es sufrir inútilmente por más tiempo, linda, ¿Por qué te empeñas en tratar de detenernos?

       La Guerrera Mágica se sujetó la pierna derecha y volvió el rostro hacia Adnalo.

       —No importa lo que me pase —murmuró—. Este mundo representa mucho para nosotras y no lo abandonaremos.

       Adnalo alzó los ojos al cielo cómo dándose por vencida. Por más que lo intentaba no había forma de convencer a aquella mocosa obcecada, quizás lo mejor sería acabar con ella de una buena vez.

       —Déjala ya, Adnalo —dijo Odrare de pronto—. Es una pobre idealista que espera que ocurra un milagro en el último momento. Es gracioso ver cómo algunas personas insisten en mantener la fe cuando es evidente que todo está perdido.

       —Tú dices eso porque eres un insensible —murmuró Ferio mientras trataba de levantarse—. Solamente estaremos derrotados en el momento en que nos demos por vencidos, y ese momento nunca llegará, Odrare.

       —¿Sabes cuantas veces he visto a guerreros mucho más fuertes y poderosos que ustedes rogar por sus vidas, chico? —respondió Odrare con insolencia—. No importa cuanta fe puedas tener, Ferio, lo cierto es que ustedes están vencidos. Su tiempo de vida es sólo cuestión de que yo decida terminarlo.

       En ese momento, Blastar emergió del castillo de Céfiro llevando consigo una de las gemas estelares de los Titanes. La misión finalmente había concluido en éxito.

       —He encontrado la gema, mi señor.

       —¿En dónde estaba, Blastar? —preguntó Malabock mientras el biodroide le entregaba la piedra en sus manos con cuidado—. ¿Acaso la tenían escondida en alguna parte?

       —No, mi señor, la gema se encontraba en una de las estatuas que hay dentro del castillo. Aparentemente estos sujetos no tenían idea de su gran importancia.

       Adanlo se volvió hacia Blastar para felicitarlo.

       —Buen trabajo, papi, como recompensa te dejaré matar a esta mocosa necia.

       El biodroide asintió con la cabeza y se giró hacia donde estaba Hikaru a la vez que Odrare y Malabock sonreían con complicidad. La Guerrera Mágica, a su vez, abrió los ojos de par en par cuando vio al imponente guerrero metálico levantar una mano hacia ella.

       —Secuencia de destrucción se inicia.

       —¡Hikaru! —exclamó Umi con fuerza.

       Al ver la escena, Guru Clef, Umi, Lafarga, Ferio y Lantis trataron de ir en ayuda de su amiga, pero todos estaban demasiados débiles como para hacer algo. Presea y Caldina, por su parte, se volvieron inmediatamente hacia Hikaru para ir en su ayuda, pero antes de que pudieran acercarse algunos soldados imperiales las encañonaron con sus desintegradores.

       —¡Que tontería! —exclamó Blastar—. ¡Orgánicos tontos! ¡Nadie puede vencernos!

       Hikaru bajó la cabeza y apretó los párpados en espera del golpe final.

       Las puntas en los dedos de la mano del biodroide se iluminaron levemente, anunciando el disparo que terminaría con la vida de la Guerrera Mágica. Blastar estaba a punto de disparar cuando, sorpresivamente, una esfera de luz rasgó el aire y golpeó su mano, haciéndola estallar en mil pedazos.

       —¡¿Qué demonios fue eso?! —exclamó Malabock con sorpresa.

       —¡¡Alto ahí!!

       Los defensores de Cefiro, perplejos e intrigados, llevaron sus miradas hacia la entrada de los jardines del palacio y descubrieron a un grupo de individuos que nunca habían visto antes. Se trataba de Sailor Moon, Sailor Mars, Sailor Jupiter, Sailor Mercury, Sailor Uranus, Sailor Neptune, Marine, Tuxedo Kamen, Asiont y Uriel, quienes finalmente habían llegado a Céfiro para tratar de detener a los emisarios del Imperio.

       —No sé que está pasando aquí, pero parece algo malo —continuó Sailor Moon con determinación—. ¡Soy una Sailor Senshi que lucha por el amor y la justicia!

       Uriel, totalmente desconcertado con las extrañas declaraciones de Sailor Moon, se acercó un poco a Asiont para susurrarle en tanto que la líder de las Sailor Senshi continuaba hablando y balanceándose de un lado a otro sin parar.

       —Oye, ¿pero de qué diablos está hablando?

       —Lo ignoro, quizás se trata de alguna especie de ritual sagrado —teorizó Asiont no muy seguro de lo que decía.

       —¡¡Soy Sailor Moon y los castigaré en el nombre de la luna!!

       Odrare, Malabock y Adnalo se miraron entre sí una vez que Sailor Moon terminó de hablar, desconcertados.

       —Y yo que creía que Hikaru y sus amigas eran ridículas —comentó el Khan del Minotauro—. Esta tal Sailor Moon ya raya en la completa locura.

       —Pues yo creo que son formidables —disintió Adnalo para sorpresa de Odrare—. Su presentación es excelente, jamás había visto que alguien hiciera algo igual.

       —¿Quiénes son esas niñas tontas que osan desafiarnos? —inquirió Malabock, alzando una ceja—. ¿Más Guerreras Mágicas acaso?

       —Deben ser los emisarios de la Alianza Estelar, mi señor —sugirió Blastar.

       El hechicero se acarició la barbilla levemente.

       —Tienes razón, Blastar, aunque no entiendo cómo fue que lograron llegar hasta aquí sí nuestros espías ya nos habían dicho la manera en que lograban seguir nuestro rastro.

       Uriel, ansioso por derrotar a los guerreros imperiales presentes en Céfiro, dio un rápido paso al frente y alargó un brazo para señalarlos. 

       —Más les vale que nos entreguen la gema estelar, miserables.

       —Vete al diablo, idiota —replicó Odrare con furia—. Lo único que te daré será una fuerte patada en el trasero. Será mejor que todos ustedes se larguen de aquí, conjunto de payasos, o de lo contrario los aniquilaré en tres patadas.

       —Quiero ver que lo intentes, cornudo —exclamó el líder de Unix, desafiante.

       —No voy a ensuciarme las manos contigo, escoria. —El Khan del Minotauro se cruzó de brazos—. Ya estoy harto de luchar por el momento, así que les dejó a Blastar para que se diviertan un poco jugando con él.

       —¡¿Qué dices?! —exclamó Sailor Jupiter—. ¡No los dejaremos escapar!

      Odrare arqueó una ceja a Malabock y luego dejó escapar una sonrisa.

       —¡Ja! Hablas como sí tuvieras los poderes para impedirlo, niña impertinente.

       —Eso ya lo veremos —repuso Sailor Mars con el entrecejo fruncido, alzando los brazos para atacar mientras su cabello negro se balanceaba en el aire—. No será tan sencillo como piensas.

       El Khan del Minotauro volvió a sonreír con desprecio. Las chicas que lo desafiaban tal vez tenían el mismo nivel de pelea que Hikaru y sus amigas, pero aun así, sentía que podían darle serios problemas, sobre todo la llamada Sailor Moon.

       —Una chica valiente —murmuró Malabock con la vista puesta sobre Sailor Mars—. O mejor dicho imprudente. Quienquiera que se tope con los guerreros de Abbadón no vive para contarlo. —Guardó silencio, cerró los ojos y luego bajó  la cabeza levemente—. Son sólo unas chiquillas tontas. 

       —Oigan, esperen un momento —dijo Asiont, centrando la atención—. Sí creen que vamos a dejar que se lleven esa gema están muy equivocados. Entréguenosla ahora mismo.

       Odrare llevó la vista hacia el Caballero Celestial.

       —¿Con qué tú eres Asiont, eh? —El Khan entornó la mirada y sonrió levemente—. De manera que tú eres quien logró derrotar a ese torpe de Sepultura y luchar con Eneri. Es una sorpresa conocerte, aunque debo admitir que eres más bajo de lo que imagine.

       El Caballero Celestial alzó una ceja con extrañes.

       —¿Cómo sabes todo eso?

       —Es muy simple, muchacho —respondió el imperial—. El emperador N´astarith logró rescatar a Eneri, Suzú y Liria de los universos a donde Jesús Ferrer las había enviado con sus poderes. Ellas nos contaron todo lo que pasó en ese lugar llamado Juuban y también mencionaron la existencia de las Sailor Senshi.

       —De forma que lo saben todo —dijo Sailor Mars.

       Odrare soltó una risita.

       —Así es, Sailor Mars, nosotros sabemos todo sobre ustedes.

       —¿Las Sailor Senshi? —murmuró Gurú Clef por su lado.

       Hikaru volvió la mirada hacia sus amigas como sí éstas fueran capaces de explicarle la presencia de aquellos desconocidos en el reino de Céfiro. Jamás había escuchado que Guru Clef o Ferio les mencionaran algo sobre las Sailor Senshi. ¿Acaso ellas también eran ajenas a Céfiro?

       Sailor Uranus frunció el entrecejo con desconfianza. Ahora que sabía que los guerreros imperiales conocían todo sobre las Inner Senshi, no podía permitir que éstas se arriesgaran a la ligera. Acostumbrada a tomar la iniciativa se adelantó al grupo dispuesta a desafiar ella sola al Khan del Minotauro.

       —Tal vez sepas todo sobre mis amigas, pero no sabes nada sobre mí.

       —¿Qué hay que saber sobre ti? Eres solamente una chica —se burló Odrare con una sonrisa—. Tal vez no tenga datos sobre ti, jovencita, pero por tu vestimenta es obvio que también eres una Sailor Senshi y por lo mismo no debes ser muy diferente a tus amigas.

       —Al menos a mí no me conocen todavía —murmuró Uriel con vehemencia.

       —Te equivocas, aficionado —intervino Adnalo—. También conocemos todo sobre ti, regente del planeta Unix. Eres un mediocre que jamás ha participado en una verdadera batalla. Tú no eres un rival de peso para nosotros, Uriel, aunque tu nivel de ataque sea de 8,000,000 de unidades.

       Odrare, a su vez, giró su rostro hacia Malabock.

       —Blastar no podrá solo contra todos ellos, ayúdalo un poco.

       El oscuro hechicero asintió con la cabeza y se volvió hacia las Sailor Senshi con una expresión siniestra en su rostro. Tras sonreírles maléficamente, Malabock levantó sus manos al cielo y cerró los ojos como sí estuviera concentrándose.

       —Levántense, levántense.

       Sailor Moon, algo desconcertada, llevó su mirada de un lado a otro.

       —¿Eh? Ay, ese mago debe ser ciego —comentó de buena gana—. Nosotras ya nos encontramos de pie.

       —Chicas, siento una poderosa energía maligna alrededor de nosotras.

       —Ay, Sailor Mars, eso tampoco es nada nuevo —dijo Sailor Moon como restándole importancia al asunto—. Lo raro sería que sintieras una energía benigna cerca de nosotras.

        Sailor Mars se quedó mirando a su amiga con cara de pocos amigos. Sailor Moon intentó fruncir una sonrisa.

       De pronto, los árboles del jardín comenzaron a estremecerse violentamente. Guru Clef, extrañado por lo que ocurría, alzó ambas cejas y fijo la vista en uno de los árboles más viejos del jardín. Seguramente Malabock había usado alguno de sus hechizos para tomar el control de todos los árboles que habían alrededor del palacio.

       En ese momento el árbol que Guru Clef estaba mirando comenzó a sufrir una transformación; dos de las  ramas más grandes se convirtieron en brazos y un rostro maligno apareció sobre la corteza. Moviéndose con fuerza, el árbol por fin consiguió sacar sus raíces de la tierra y comenzó a desplazarse hacia las Sailor Senshi en forma amenazante. Instantes después, otros árboles hicieron los mismo.

       —¡¡Ay!! ¡¡Que horror!! —gritó Sailor Moon con los ojos desorbitados por el pánico—. ¡¡Los árboles!!

       Malabock colocó ambas manos en su cintura y rió.

       —Estos árboles se encargarán de destruirlas, niñas bobas.

       En ese instante, Uriel desplegó su aura y se arrojó ferozmente contra el hechicero.

       —A mí no me detendrás con unos simples árboles, mago de quinta.

       Sin embargo, antes de que el unixiano pudiera acercarse lo suficiente a Malabock, un rayo láser disparado por Blastar le dio de lleno en el rostro y lo derribó por los suelos. Al ver lo sucedido, el hechicero soltó una histérica carcajada.

       —¿Olvidas lo que Odrare dijo, tonto? Blastar se quedara a jugar con ustedes.

       Uriel levantó su rostro del suelo y arrojó una mirada de furia contra el hechicero.

       “Maldición”, pensó. “Como ese Blastar es un robot no pude percibir el momento en el que iba a atacarme”.

       Sailor Jupiter, a su vez, no perdió el tiempo y comenzó a atacar a los engendros de Malabock. Utilizando su Sparkling Wide Pressure derrotó a uno de los árboles monstruosos, pero otros dos se apresuraron a tomar el lugar de su compañero para hacer frente a la Inner Senshi.

       —¡¡Rayos!! —exclamó Jupiter con furia—. ¡Son demasiados!

       Asiont lanzó una rápida mirada de soslayo hacia donde estaban Sailor Mars, Sailor Mercury, Marina, Tuxedo Kamen y Sailor Neptune. Las cuatro chicas y el novio de Sailor Moon estaban enfrentándose a un grupo de árboles monstruo con sus poderes. El Celestial pensó que quizás sería buena idea ir en su ayuda y acabar con los árboles, pero finalmente decidió no hacerlo; él quería derrotar a los Khans, hacerlos sufrir por todo lo que habían hecho.

       Usando la fuerza de su aura, Asiont voló a toda velocidad contra Odrare para atacarlo. Tal vez sí lograba tomarlo por sorpresa lograría hacerle algo más que una simple herida; lleno de furia cerró su puño derecho y lanzó una veloz ráfaga de aire congelado contra el Khan del Minotauro.

       Odrare, a su vez, desplegó su aura y recibió el ataque del Celestial por completo. Durante unos instantes, el aire frío que salía del puño de Asiont envolvió completamente al guerrero imperial sin provocarle ninguna molestia. La energía del aura de Odrare lo estaba protegiendo contra la técnica del guerrero de la Alianza Estelar. Tras ver que su aire frío no estaba haciendo mella en el Khan, Asiont detuvo su ataque.

       —No de nuevo —murmuró Asiont muy a su pesar—. Mis ataques no sirven contra él ¿acaso será un Kha Khan?

       El Khan del Minotauro hizo desaparecer su aura y sonrió macabramente.

       —Aunque has aprendido a controlar el aureus es evidente que aún no entiendes que, para dominarlo a la perfección, antes necesitas de un elevado nivel de concentración mental. ¿Qué creías, muchacho? ¿Qué sólo bastaba conque el aureus invadiera tu cuerpo para que te volvieras totalmente invencible?

       Asiont retrocedió un paso y sus ojos temblaron.

       —Aquí no se trata solamente de manejar energía —siguió el Khan—. Hasta un idiota puede manipular la energía en su beneficio, pero usar el aureus es algo totalmente diferente.

       —Guarda tus palabras para ti, maldito —renegó Asiont—. No creo que tú o cualquiera de los otros Khans tengan una elevada concentración mental como presumes. Ustedes son ambiciosos a más no poder.

       —Que tonto eres, Asiont —se mofó Adnalo—. El hecho de que seamos ambiciosos como tú nos llamas, no implica que no podamos tener concentración mental. Nosotros estamos conscientes de nuestras emociones, sólo que a la hora de luchar las usamos en nuestro provecho.

       Asiont experimentó una mezcla de rabia y desconcierto. Más que el hecho de verse superado en poder, le irritaba que los Khans se pusieran a darle lecciones sobre cómo usar el aureus. A su juicio los guerreros imperiales no podían tener el nivel de concentración mental del que se jactaban tan abiertamente, pero tampoco podía pasar por alto el hecho de que ellos usaban el poder de una manera que él aún no lograba.

       “Aunque ellos digan que no sé manejar bien el poder, lo cierto es que pude derrotar a Sepultura anteriormente”, pensó. “Quizás solamente tratan de amedrentarme con sus mentiras para que no los ataque. No. Tal vez no sea eso. Cuando me enfrenté con Eneri en Juuban no pude ganarle y ella me dijo que eso se debía a que yo aún no había aprendido a dominar el aureus como los guerreros Kha-Khan lo hacen”.

       —Puedo sentir un gran odio dentro de ti, Asiont —dijo Odrare de pronto—. Canalízalo y hazlo tu fortaleza, únete a él. No lo reprimas, al contrario, déjalo fluir por todo tu ser.

       —¡¡Guarda silencio!! —rugió Asiont mientras el Khan le sonreía—. No sabes de lo que hablas, infeliz. —A continuación formó una Sha-Ma-Sha entre sus manos—. Les demostré que yo puedo acabar con todos ustedes.

       El escáner visual de Odrare se activó.

       —Vaya, Asiont, tu nivel de ataque llegó hasta las 4,700,000 unidades de fuerza en un momento gracias a tu ira. Ahora no me extraña que hayas podido derrotar a Sepultura con anterioridad.

       El Caballero Celestial giró sus manos hacia delante. Una esfera de luz brillante salió disparada hacia el Khan del Minotauro, que permanecía parado con los brazos colgando a ambos costados, y dio en el blanco, estalló con una atronadora explosión… No obstante, Odrare se mantuvo de pie como sí nada.

       —No puede ser cierto, no de nuevo —murmuró Asiont en tono apesadumbrado—. Ese Khan debe tener el mismo nivel que Eneri y las otras guerreras.

       Adnalo soltó una risita en un susurro apenas audible.

       —Ay, Asiont, que pena me das —murmuró con fingida preocupación—. Eneri nos contó que sí no hubiera sido porque esa tal Sailor Moon utilizó su magia para disminuir el poder de Sepultura, entonces tú nunca hubieras podido derrotarlo.

       Asiont arrugó la frente con desesperación; se había dejado llevar por su odio y por ello había actuado imprudentemente en vez de planear una buena estrategia. Aquel par de guerreros Khan eran mucho más poderosos de lo que había imaginado, derrotarlos no iba a ser nada sencillo.

       —Aunque ustedes sean más poderosos que yo no me daré por vencido —dijo Asiont finalmente—. Seguiré atacándolos cuantas veces sea necesario. No me importa lo que tenga que hacer con tal de vencerlos, canallas. 

       —Que aburrido eres, muchacho —murmuró Odrare—. No te das cuenta que no tenemos ganas de perder el tiempo contigo ni con tus amigos. —Acto seguido alzó su brazo derecho y trazó un círculo en el aire liberando un remolino de energía—. ¡Labyrinth of perdition!

       El Celestial se protegió el rostro con ambos brazos instintivamente, pero el remolino iba tan rápido que no pudo resistirlo. Tras ser embestido por el ataque del Khan del Minotauro, Asiont salió volando hacia arriba y, finalmente, cayó al suelo con fuerza.

       —Espero que con esos hayas tenido suficiente, muchacho tonto —dijo Odrare mientras Malabock y los Shadow Troopers se unían a él y a Adnalo—. No eres diferente a los otros Celestiales que los Khans eliminamos en el pasado, ustedes únicamente se preocupan por hacer más fuerte su aura en vez de evolucionarla.

       —Es verdad, papi —convino la Khan de los Hielos en un tono bastante infantil—. Hasta Blastar podrá eliminarlo sin ningún problema. Regresemos a la nave ahora mismos, bye.

       Odrare volvió el rostro hacia Malabok para intercambiar una mirada de sobrentendidos. El hechicero movió la cabeza en sentido afirmativo y luego levantó las manos para hacer que todos los imperiales desaparecieran del campo de batalla.

       —¡Han huido! —señaló Uriel con rabia—. ¡Esos malditos cobardes se han escapado!

       Asiont, a su vez, estaba tirado en el suelo medio inconsciente. El ataque de Odrare lo había golpeado con la fuerza suficiente para debilitarlo y dejarlo a merced de cualquier enemigo. Uno de los árboles monstruo pareció darse cuenta de ello porque se acercó al Celestial listo para darle un golpe certero.

       Una risa siniestra aleteó sobre la boca del árbol cuando éste levantó uno de sus brazos. Sin embargo una esfera de luz lo golpeó inesperadamente por la espalda, destruyéndolo antes de que pudiera cumplir con su cometido. Asiont, desconcertado, miró hacia el sitio de la explosión en busca de una explicación ¿acaso habría sido Uriel?

       —¿Acaso vas a quedarte ahí tirado en el suelo? —le preguntó Sailor Uranus, emergiendo del humo como un bello ángel vengador—. Vamos, ponte de pie.

       Asiont parpadeó varias veces para asegurarse de que veía bien. ¿Realmente había sido ella quien le había ayudado contra el monstruo? No podía creerlo. Cuando se dio cuenta de que efectivamente había sido la Outer Senshi la que lo había salvado del árbol, no pudo hacer menos que sonreírle en señal de agradecimiento. “Ahora me va a estar recordando todo el tiempo que me salvo”, pensó. “Supongo que no debe ser tan mal después de todo”.

       —¿Podrías pararte y ayudarnos a luchar, inútil? —le azuzó la Sailor sin preocuparse en ofenderlo.

       Asiont bajó la cabeza y dejó escapar un suspiro.

       “Retiro lo dicho”, pensó. “Es horrible”.

        Hikaru colocó la mano derecha sobre su pierna y, utilizando su poder mágico, derritió la gruesa capa de hielo que la cubría. No tenía idea de cuáles eran las intenciones de las Sailor Senshi y los otros jóvenes que habían intervenido en la batalla, pero sí estos los habían ayudado entonces ella estaba dispuesta a hacer lo mismo.

        —¡¡Ay!! —gritó Sailor Moon mientras huía—. ¡¡Ayúdeme alguien!! ¡¡Tuxedo Kamen!! .

       Uno de los árboles trataba de alcanzar a Sailor Moon con sus ramas, pero una lluvia de flechas de fuego lanzada por Hikaru evitó que el monstruo le hiciera el menor daño. La Sailor Senshi se volvió hacia la Guerrera Mágica para agradecerle.

       —Oye, muchas gracias.

       Hikaru le sonrió afablemente en respuesta.

       A unos metros de ahí, Uriel concentró una gran cantidad de energía entre sus manos y la arrojó directamente contra Blastar. El biodroide, por su parte, agitó su brazo izquierdo en el aire para hacer aparecer su poderoso escudo.

       —Orgánico tonto, Blastar es superior —dijo Blastar mientras el ataque de Uriel rebotaba en el escudo blindado—. Tus ataques no me hacen ni cosquillas.

       —¡Maldito muñeco de lámina! —exclamó Uriel con rabia—. Te destruiré como lo hice con tu mano, ya lo verás.

       El biodroide levantó su muñón y sonrió. Inmediatamente, el brazo comenzó a crecer. La estructura continuó cambiando de forma, pieza por pieza, sección por sección hasta que una nueva mano apareció para sustituir a la anterior.

       —No lo creo, orgánico.

       Uriel estaba completamente perplejo. ¿Qué diablos estaba pasando? La única explicación lógica era aquel biodroide estuviera hecho con alguna clase de metal inteligente, una aleación capaz de recordar y ejecutar complejas cadenas de ordenes. El unixiano retrocedió un paso, jamás había visto algo como eso en toda su vida.

       Mientras tanto, Sailor Moon decidió usar su poder para acabar con todos los árboles de una vez por todas. Tras levantar su báculo en el aire con ambas manos, la Sailor Senshi arrojó un rayo de luz multicolor sobre todos los monstruos.

       —¡Silver Moon Crystal Power Kiss! (Por el poder del Cristal de la luna plateada).

       Los árboles se estremecieron y sus rostros se contrajeron en muecas de dolor una vez que recibieron los rayos del báculo de Sailor Moon. En unos instantes, todos los árboles volvieron a la normalidad paulatinamente mientras las Sailor Senshi y los defensores de Céfiro observaban todo con alivio. Marine, la Sabia de Papunika, había quedado bastante sorprendida con todo lo sucedido al igual que Guru Clef.

       —¡Bien hecho, Sailor Moon! —exclamó Sailor Jupiter.

       —Ahora sólo nos queda ese robot —murmuró Sailor Uranus, volviendo la mirada hacia el poderoso biodroide —. Lo cual creo que nos va a costar mucho más trabajo.

       Continuará… .

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