Leyenda 090

LA LEYENDA

por Asiant y Uriel

CAPÍTULO XC

UN CANTO DE ESPERANZA

Megaroad-01

         Apenas pasó por la puerta de entrada, lo primero que Min Mei hizo fue buscar a Hikaru entre todos los oficiales allí congregados. Cuando al fin división su rostro, se quedó estática mientras los guardias que la acompañaban entraban en la habitación. Había pasado mucho tiempo desde la última vez que lo había visto y lo cierto era que no esperaba volver a encontrarlo en una reunión de carácter militar. Min Mei sintió que el corazón le latía rápidamente y que sus manos estaban frías. Los guardias que la escoltaban se habían rehusado a decirle una sola palabra acerca del ataque sufrido mientras orbitaban el planeta Génesis. Tampoco le habían dicho quiénes eran los dueños de aquellas naves desconocidas que rodeaban a la Megaroad-01 y todo ello le había provocado una terrible ansiedad que amenazaba con convertirse en angustia.

         Misa precedía una gran mesa cuadrada. Alrededor de la mesa, mirando a Min Mei con expresión reservada, estaban los oficiales de mayor rango en la Megaroad-01, incluidos Kim Kaviroff, Claudia La Salle y el mayor Kageyama, que unos momentos antes de empezar la reunión había criticado seriamente las acciones de Misa. La acusaba de haber actuado ingenuamente ante los alienígenos y de dejar que la situación se le escapara de las manos. Hikaru se puso de pie y extendió un brazo hacia un asiento situado a su derecha para indicarle a Min Mei cual era su lugar, pero ella no reaccionó.

         —Señorita —Uno de los guardias le dirigió una pequeña inclinación de la cabeza para indicarle que debía avanzar—. Por favor, la están esperando.

         Min Mei salió del trance en el que estaba inmersa y asintió con la cabeza. El militar la condujo hasta su lugar y luego se retiró junto con su compañero. Hikaru había seguido a Min Mei con los ojos desde que había entrado en la sala y notó que la belleza de ésta no había desmejorado a pesar de los años.

         —Min Mei, queremos agradecer tu presencia en esta reunión tan importante —dijo Misa con las manos entrelazadas sobre la mesa—. Estamos pasando por una situación sumamente crítica y necesitamos de tu ayuda.

         —¿Mi ayuda dices? —Min Mei observó a Misa con la misma mirada de una chiquilla asustada y luego golpeó la mesa con las manos—. ¡Exijo saber qué es lo que está sucediendo! Hace unas horas estábamos celebrando el descubrimiento del planeta Génesis y después nos avisaron que debíamos ir a los refugios porque estábamos siendo atacados. ¿Quién o qué nos atacó? ¿Por qué no les han dicho nada a las personas que viajan en la nave? ¿A quién pertenecen esas naves que nos rodean en el espacio?

         Todas las miradas se dirigieron hacia Misa. En ese instante, la almirante se dio cuenta de que Min Mei estaba más alterada de lo que cualquiera hubiera podido imaginar en un principio. Algunos de los militares observaron a Min Mei con disgusto, pero no Misa. Ella entendía que la reacción de Min Mei era perfectamente comprensible. Guardó un momento de silencio y enseguida profirió lentamente:

         —Min Mei, te ruego que te tranquilices por favor. Todas tus dudas te serán aclaradas, pero debes calmarte —hizo una pausa y esperó hasta que Min Mei asintiera—. La razón por la cual decretamos la alerta roja y enviamos a la gente a los refugios fue porque fuimos atacados por una flota de naves alienígenas pertenecientes a una civilización hasta entonces desconocida. Desgraciadamente para nosotros, el enemigo poseía una tecnología muy superior a la nuestra o a la de los zentraedis. La batalla fue muy dura y estuvimos a punto de ser derrotados de no ser por la oportuna intervención de un grupo de extraterrestres que nos brindó su ayuda.

         Min Mei bajó la cabeza. Ciertamente, lo que estaba escuchando se oía bastante mal. ¿Una raza de extraterrestres con armas mucho más poderosas que las de los zentraedis? Parecía una auténtica pesadilla.

         —Los alienígenas que nos ayudaron a rechazar el ataque enemigo también nos informaron que, tanto ellos como sus enemigos, provenían de un universo diferente al nuestro. Sin embargo, mientras aún estábamos en conversaciones con ellos, el enemigo atacó el planeta Génesis y lo destruyó por completo.

         —¿El planeta… fue destruido? —Min Mei levantó el rostro y su mirada tembló—. No puede ser cierto, eso es imposible, un planeta no puede ser destruido así nada más.

         —Durante la batalla, la Megaroad-01 recibió daños severos y por esa razón no pudimos alejarnos a la velocidad adecuada, de manera que me vi obligada a tomar una difícil decisión. Para salvarnos, atravesamos un túnel dimensional que transportó a toda la flota hacia el universo de donde son originarios los extraterrestres que nos ayudaron y también los que nos agredieron. Las naves que viste en el espacio pertenecen a una alianza de razas que luchan contra los alienígenas que destruyeron el planeta Génesis y trataron de matarnos.

         —¿Quieren decir que ya no nos encontramos en nuestra galaxia? —Min Mei estaba desconcertada ante la noticia—. ¿Eso quiere decir que ya no volveremos a la Tierra nunca más? ¿Qué es lo que va a sucedernos ahora?

         Hikaru decidió salir en ayuda de su esposa.

         —Min Mei, los extraterrestres que nos brindaron su ayuda durante la batalla nos dijeron que las fuerzas que nos atacaron pertenecen a un imperio llamado Abbadón, el cual tiene por objeto conquistar galaxias en otros universos. Antes de pensar en volver a nuestra dimensión, primero debemos estudiar la situación con cuidado y luego tomar una decisión inteligente.

         —¿A qué te refieres exactamente, Hikaru?

         —Sí el enemigo regresara a nuestro universo una vez más y decide atacar a Edén o a la Tierra, no habría mucho que nuestras fuerzas armadas pudieran al respecto. La seguridad de nuestra especie se encuentra amenazada una vez más y nuestra única posibilidad radica en colaborar con los extraterrestres de la Alianza Estelar para frustrar los planes del imperio de Abbadón.

         A juzgar por lo que acababa de oír por labios de su viejo amigo, Min Mei empezó a vislumbrar las intenciones de los militares a bordo de la Megaroad-01: iban a unirse a los extraterrestres que luchaban contra los abbodonitas para asegurarse de que la Tierra no fuera a correr algún peligro. La joven sintió un estremecimiento.

         —Quiero recordarle, comandante Ichijo —dijo Kageyama de repente—. Que esa decisión la tomaron ustedes, pero que de ninguna manera estoy de acuerdo con ella. Los lineamientos de la flota establecen claramente que ante una amenaza, debemos informar de inmediato a nuestros superiores para que sean ellos quienes decidan las acciones a seguir.

         —¿Y cuándo íbamos a avisarles? —la pregunta de Claudia pilló a Kageyama por sorpresa—. Sí no mal recuerdo, tuvimos suerte de escapar a la destrucción del planeta Génesis y en este momento no nos encontramos en nuestro universo.

         —No necesito que me recuerde lo que ya sé, comandante La Salle —se defendió Kageyama, mirando fríamente a Claudia—. Pero no veo razones para permanecer en este universo una vez que la nave haya sido reparada. Debemos volver a la Tierra cuanto antes y avisar de esto… .

         —Para entonces quizá ya sea demasiado tarde —le interrumpió Misa bruscamente—. El emperador Zacek dijo que los abbadonitas planean invadir nuestra galaxia en poco tiempo y por lo que hemos visto, el enemigo pueden recorrer enormes distancias en poco tiempo. Sí regresamos a nuestro universo, todavía tardaríamos algunos años en llegar a nuestro planeta para avisar de esto. Debemos actuar ahora.

         Todos los militares volcaron sus miradas sobre Kageyama, que se había cruzado de brazos y mantenía una expresión adusta en su rostro. El coronel podía no estar de acuerdo con las decisiones de Misa y hasta criticarlas abiertamente, pero hasta él se daba cuenta que las cosas podían salir bastante mal. Nada les garantizaba que, en caso de volver, llegarían a la Tierra a tiempo para prevenir una posible invasión abbadonitas.

         —¿Para qué es que me necesitan? —preguntó Min Mei con la voz entrecortada—. No veo en que los pueda ayudar, ya no estamos enfrentando a los zentraedis.

         —Queremos que nos ayudes a tranquilizar a las personas que viajan a bordo —le contestó Misa—. En poco tiempo vamos a informarlos de todo esto y como sabrás, puede que algunos no lo tomen de manera tranquila. Además, existe otro inconveniente que nos preocupa.

         —¿Otro inconveniente dices?

         —Los sistemas de soporte vital fueron dañados y debemos evacuar la nave cuanto antes. Los de la Alianza Estelar nos han ofrecido alojar a las personas que llevamos a bordo mientras efectuamos las reparaciones necesarias.

         —¿Vamos a abandonar la nave? —murmuró Min Mei, incrédula.

         —Min Mei, una vez tú nos ayudaste a calmar a la gente cuando la Macross fue obligada a abandonar la Tierra, ¿lo recuerdas? —dijo Hikaru buscando los ojos de Min Mei con la mirada—. En aquella ocasión, tus palabras y tu canto sirvieron de esperanza para las miles de personas que viajábamos en la nave.

         Min Mei se quedó pensativa. Parecía como sí tuviera problemas para asimilar el peso de la nueva realidad que estaba afrontando. No sólo estaban en guerra con una raza de extraterrestres mucho peores que los zentraedis, sino que ahora se hallaban en un universo desconocido y bajo la sombra de un futuro incierto. Aquello era demasiado, incluso para ella. Bien podía negarse y dejar que los militares se las arreglaran solos, pero luego recordó las miradas de todas las personas con la que había compartido el refugio. Las miradas llenas de temor de las mujeres y los niños, los rostros de desesperación de los hombres y los jóvenes. No podía dejar que toda esa gente sufriera la misma angustia que ella estaba sintiendo.

         —¿Nos darás tu ayuda, Min Mei? —preguntó Claudia La Salle.

         —Haré todo lo que esté en mis manos para ayudarlos —repuso Min Mei y se levantó de su asiento—. La gente no debe sufrir más —añadió—. Cuando sepan que Génesis fue destruido y que ya no estamos en nuestra galaxia, es probable que muchos entren en pánico. No puedo permitir que eso suceda.

         Conmovido por las palabras de Min Mei, Hikaru frunció una tenue sonrisa en señal de agradecimiento. Hacía muchos años que había dejado de sentir amor por ella, pero aún admiraba su valor y determinación ante los momentos de crisis.

         —Gracias, Min Mei.

         Astronave Churubusco.

         Sailor Pluto dirigió su mirada hacia la Megaroad-01 y la flota de naves terrestres que la acompañaban. Al cabo de uno momento, bajó la cabeza y dejó escapar un suspiro. Sailor Galaxia, que permanecía a un costado de la Outer Senshi, extendió su mano derecha sobre el ventanal mientras observaba su propio reflejo.

         —Nos acercamos a una peligrosa encrucijada —murmuró—. Sí fallamos, no sólo nuestra galaxia será dominada por el mal, sino también todo el universo. Depende de nosotras proteger la Vía Láctea y nuestro universo.

         —Lo sé, Galaxia —asintió Pluto con la mirada perdida—. La cuestión es sí podremos lograrlo. El enemigo al que nos enfrentamos hoy posee un poder enorme, un poder que jamás había conocido en toda mi vida.

         —Quizá eso sea cierto —dijo una voz masculina—. Pero no por ello vamos a darnos por vencidos así nada más, ¿verdad? —Ambas Sailor Senshi se volvieron hacia atrás a tiempo para ver a Kanon salir de su escondite—. Los enemigos contra los que peleamos son realmente fuertes, pero no invencibles.

         —¿Quién eres tú? —le preguntó Sailor Galaxia bruscamente.

         —Mi nombre es Kanon —repuso Kanon al tiempo que inclinaba levemente la cabeza. Tras un instante, alzó la mirada y añadió—: Soy uno de los Santos que protegen a la diosa Atena: Kanon de Géminis.

         —¿Atena? —murmuró Galaxia con desconcierto—. ¿Quién es ella?

         —¿Nos estabas escuchando? —preguntó Sailor Pluto.

         —Sólo un poco —mintió—. Lo lamento, pero no pude permanecer indiferente cuando las oí decir lo mucho que les preocupa el poder del enemigo. No tengo idea de quiénes son ustedes o por qué están aquí, pero quiero decirles que los Santos de Atena lucharemos hasta el final para alcanzar la victoria sobre N´astarith y los Khans.

         —Yo soy Sailor Pluto y ella Sailor Galaxia —dijo Pluto con serenidad—. Somos Sailor Senshi y venimos de una dimensión distinta a esta. ¿Quién es esa Atena a la que tanto haces mención? ¿Acaso se trata de una princesa?

         —¿Princesa? —repitió él y luego negó con la cabeza—. No, Atena no es una princesa, sino una diosa y los Santos somos los guerreros encargados de protegerla ante cualquier peligro. Nosotros también venimos desde otra realidad con la intención de pelear contra N´astarith.

         —Ahora recuerdo que nos dijeron que aquí había individuos de otros universos además de nosotras —reflexionó Sailor Pluto mientras Kanon la miraba con atención—. Supongo que tú eres una de esas personas que mencionaron.

         —Sí, los que nos trajeron hasta este lugar nos contaron que los guerreros de Abbadón atacaron el Santuario de Atena porque buscaban una especie de gema sagrada. ¿Acaso también había una de esas gemas en su mundo?

         Galaxia se limitó a volver el rostro hacia Pluto. La Sailor Senshi del Tiempo se tomó unos segundos antes de responder. Por alguna razón que aún no llegaban a comprender del todo, tanto Setsuna como Galaxia desconfiaba un poco de aquel hombre llamado Kanon.

         —Sí, había una gema, era de color blanca y tenía forma de triangulo.

         —Entonces era cierto —murmuró Kanon al tiempo que se golpeaba una palma con el puño—. La intención de ese hombre llamado N´astarith es apoderarse de las doce gemas para controlar todos los universos de la existencia.

         —Lo dices como sí desconfiaras de las personas que nos han traído —señaló Sailor Galaxia, observando a Kanon con suspicacia—. ¿Qué ocurre? ¿Sospechas de ellos?

         Kanon asintió con la cabeza.

         —La verdad es que no confío en nadie fuera de Atena y de los otros Santos.

         Las Sailor intercambiaron brevemente sus miradas.

         —Entendemos bien a lo que te refieres —dijo Sailor Pluto—. Hasta el momento, no nos han dicho mucho acerca de N´astarith. Sabemos que busca las doce gemas para controlar la existencia, pero nos gustaría saber un poco más sobre él y sobre los Khans.

         Kanon se dio la media vuelta y volvió la mirada por encima del hombro.

         —Tal vez es hora de buscar algunas respuestas.

         Sailor Pluto y Sailor Galaxia se miraron de nueva cuenta y asintieron conjuntamente con la cabeza. Los tres echaron a andar por el largo corredor en dirección a la sección de comedores. Al mismo tiempo, en las sombras, una figura observaba con atención como Kanon y las Sailor Senshi se alejaban.

         —Muy pronto descubrirán que nadie puede oponerse a la voluntad del gran N´astarith —murmuró malévolamente—. Necios, únicamente desperdiciarán sus vidas en una causa perdida.

         Sección de comedores.

         Saulo era consciente de que disponía de escaso tiempo para despejar todas las dudas de sus nuevos aliados, así que decidió continuar con su exposición antes de que el Consejo de la Alianza se volviera a reunir nuevamente. Alejado del grupo, se encontraba Cadmio, que permanecía cruzado de brazos y observaba, no con poco recelo, como el príncipe de Endoria continuaba hablándoles del poder del aureus.

         —Horus nos enseñó que sí una persona atravesaba el Portal Estelar podría llegar al universo de la Emanación y adquirir la capacidad necesaria para controlar el aureus. Sin embargo también nos advirtió de los peligros que traería que alguien dominado por el mal tuviera acceso a este formidable poder.

         —¿Cómo es que Horus tuvo conocimiento del Universo de la Emanación? —inquirió Mu, atrayendo sobre sí las miradas curiosas de Leona, Sailor Jupiter, Marina, Hikaru, Umi y Fuu—. ¿Acaso él también había ido a ese universo antes?

         —Hace miles de ciclos estelares, hubo una guerra mundial que sacudía al planeta Endoria y amenazaba con exterminar a todos sus habitantes —relató Saulo—. Cuando este conflicto estaba su máximo apogeo, una nave procedente del espacio llegó hasta nuestro mundo. La nave ostentaba como emblema un gran triángulo dorado, el cual fue interpretado por algunos como una señal divina de que la guerra debía terminar. Esto se debió a que los endorianos consideramos al triángulo como un símbolo del Creador. Dentro de la nave, los científicos encontraron a un hombre que dormía dentro de una cápsula de animación suspendida.

         —Horus —musitó Hyunkel.

         Casiopea hizo un gesto de aprobación con la cabeza.

         —Sí, Hyunkel, el hombre dentro de la cápsula era Horus. Él les dijo a los endorianos que provenía de un antiguo planeta que había dejado de existir hace mucho tiempo y que buscaba un sitio donde vivir. Sí le permitían quedarse en Endoria, él a cambio les daría adelantos tecnológicos y espirituales sin precedentes.

         —Les estamos contando demasiado, Casiopea —se quejó Cadmio.

         —No, Cadmio, deben saber —le contestó Saulo y luego volvió la mirada hacia los demás para seguir hablando—. Los endorianos aceptaron este ofrecimiento y su cultura evolucionó enormemente. Las guerras en el planeta terminaron y comenzamos a tener contacto con otras razas. Con el paso del tiempo, los endorianos nos convertimos en un pueblo pacifico y olvidamos los recuerdos amargos de la guerra. Ciclos estelares después, cuando los endorianos comenzaron formar alianzas con otros mundos, Horus decidió crear una orden de guerreros encargados de velar por la paz y la justicia: los Caballeros Celestiales.

         —Aguarda un momento —le interrumpió Sailor Moon, empujando a Poppu y a Moose para abrirse camino—. ¿Cuántos años tenía ese hombre llamado Horus?

         —Humm, ahora que lo mencionas, Horus vivió cinco mil ciclos estelares en total.

         —¡¿Cinco mil ciclos?! —exclamó Sailor Moon, atónita.

         —¡¡No puede ser!! —dijo Sailor Venus, imaginándose a Horus como un enano viejo, desdentado, horripilante y con una enorme cabeza calva—. ¿Cómo es que alguien pueda vivir tanto tiempo? Eso es completamente imposible.

         —Quizás utilizó algún tipo de embrujo para mantenerse joven —teorizó Leona.

         —Niñas tontas —murmuró Vejita malhumorado—. ¿No escucharon que venía del espacio? Seguramente su tiempo de vida era diferente al de los demás. Mejor guarden silencio y no interrumpan con sus tonterías.

         —Ejem —tosió Saulo—. Después de todo eso, Horus le confió a los Caballeros Celestiales un secreto que no había revelado a los endorianos: la existencia del Portal Estelar, las doce gemas y el universo de la Emanación. Les explicó que el Portal Estelar era una máquina creada en un planeta llamado Dilmun, el cual había sido destruido por la ambición de un hombre de nombre Apolión, quien anhelaba a toda costa obtener el poder del aureus para convertirse en un dios.

         —Entiendo y el deseo de Horus era evitar que el Portal Estelar cayera en las manos equivocadas, ¿no es así? —conjeturó Piccolo rápidamente—. Por eso es que no les contó nada a los endorianos, sino que prefirió guardarse el secreto hasta que creó a los Caballeros Celestiales.

         —Veo que eres muy listo, Piccolo —observó Asiont—. Horus sabía que algún día tendría que morir y por eso preparó a los Caballeros Celestiales para que continuaran con su labor de custodiar el Portal Estelar. Nunca supimos de donde provenía Horus, ni cómo fue que tenía en su poder el Portal Estelar y las doce gemas. Sin embargo, se cuenta entre los Celestiales que, antes de morir, Horus llamó a su sucesor y le entregó un cristal dorado donde… .

         —Donde estaba inscrita esa leyenda —dijo Uriel, terminado la frase por Asiont.

         Caminando tranquilamente, Uriel, Azmoudez, Azrael, Josh y Jesús Ferrer dejaron la entrada y se aproximaron hasta donde estaban Saulo y los demás. La repentina aparición de Uriel y sus generales, así como la del príncipe de Megazoar provocó sorpresa y murmullos entre la mayoría de los presentes.

         —Josh —musitó Sailor Venus.

         Vejita dedicó una mirada fría y escrutadora a los recién llegados. Su percepción altamente desarrollada a lo largo de muchas batallas, le indicaba que los cinco que acababan de llegar poseían grandes poderes. Sin embargo, a su juicio, no era nada que le causara preocupación.

         —¿La leyenda? —murmuró Saori, intrigada.

         Llenó de ira, Saulo se puso de pie para encarar nuevamente a Jesús Ferrer y a Josh. Por unos momentos estuvo tentando a írseles a golpes, pero sabía que sus amigos intervendrían para evitarlo de tal suerte que no tuvo más remedio que contenerse. No obstante, aún cuando no podía darle su merecido a Jesús Ferrer, en el fondo sabía que tarde que temprano tendría una oportunidad y entonces nada podría salvar al príncipe de Megazoar. Sólo era cuestión de esperar y ser paciente.

         —¡¿Qué demonios estás haciendo aquí, maldito bastardo?! —vociferó, mirando a Jesús Ferrer con odio asesino—. ¿Acaso viniste a repetir las mismas mentiras que dijiste en presencia del Consejo?

         —Tranquilízate, Saulo —le calmó Uriel—. No hemos venido a pelear sino a hablar.

         —¿A hablar? —se mofó Cadmio—. Nosotros no tenemos nada que hablar con ustedes.

         —Sé que tenemos diferencias —dijo Uriel en un tono conciliador—. Pero queremos hacer una tregua. Mientras N´astarith nos amenace a todos, no podemos perder el tiempo en disputas sin sentido.

         —Uriel tiene toda la razón —concordó Jesús—. Sé que los Celestiales no confían en mí, pero yo puedo serles de mucha ayuda. Recuerden que estuve cerca del emperador de Abbadón y puedo contarles algunas cosas sobre él.

         Una chispa de interés se encendió en la mirada de Son Gokuh.

         —¿Tú has estado cerca de N´astarith? —preguntó.

         —Ese maldito era un aliado más de N´astarith —dijo Saulo antes de que Jesús pudiera responder—. Con su ayuda, N´astarith mató a muchos de nuestros amigos y devastó varios planetas. No confíen en ese miserable hijo de… .

         —El señor Jesús no es malo —intervino Josh.

         —Aguarden un momento que no entiendo nada —refunfuñó Seiya, extendiendo los brazos entre Jesús y Saulo para separarlos—. ¿Qué está pasando aquí? ¿Por qué dicen que ese hombre era aliado de N´astarith?

         —Ese sujeto se llama Jesús Ferrer y antes trabajaba con los Khans —explicó Sailor Mars mientras señalaba a Jesús—. Sin embargo, mientras nosotras luchábamos con varias guerreras al servicio de N´astarith, él se volvió contra ellas y nos salvó la vida.

         —Todo eso es verdad —confirmó Asiont—. Yo estuve peleando en el universo de las Sailors Senshi y fui testigo de todo. Ignoro las razones que tuvo para hacerlo, pero es un hecho que ya no trabaja con N´astarith y los Khans.

         —Sin embargo —injirió Milo de Escorpión—, sí dicen que fue aliado de N´astarith, entonces no podemos confiar plenamente en él. Tal vez haya salvado a esas chicas y traicionado a los Khans como aseguras, pero eso no es suficiente para mí.

         —¿Qué dices? —murmuró Uriel.

         —Quien le jura lealtad a cualquiera, no le tiene lealtad a nadie —declaró el Santo de Oro.

         Sailor Venus miró como Jesús bajaba la cabeza levemente, herido por la crítica de Milo y sintió algo de pena por el príncipe meganiano. Después de haber conocido algo del pasado de Jesús, no sabía que actitud debía adoptar. A juzgar por el odio que Saulo mostraba, era evidente que Jesús había hecho algo terrible.

         —A mí no me interesan para nada sus problemas, insectos —dijo Vejita con impaciencia—. Sí ese sujeto de verdad puede decirnos algo sobre N´astarith estoy dispuesto a escucharlo, pero sí descubro que trata de engañarnos, yo personalmente lo haré mil pedazos.

         Josh frunció el ceño con enfado. Aunque era más bajo de estatura que Vejita, no estaba dispuesto a permitir que éste amenazara impunemente a la persona que había sido como un padre para él. Dio un paso al frente y habló en tono desafiante:

         —Oiga, no amenace al señor Jesús o se las verá conmigo.

         —Lo mejor será que continúen hablando de una buena vez —les sugirió el saiya-jin, ignorando por completo la protesta de Josh—. ¿Y bien? ¿Van a continuar hablando o no?

         —Oye, un momento, no nos hables así —Asiont se volvió para interpelar a Vejita, pero el saiya-jin, lejos de mostrar enfado, simplemente soltó una risita burlona. Parecía como sí se estuviera divirtiendo con el enojo de Asiont.

         —¿Te estás burlando de mí? —preguntó el Celestial en un tono desagradable.

         —Basura —dijo Vejita.

         —Asiont, espera, no peleen de nuevo, por favor —exclamó Sailor Mercury, atrayendo la mirada del Celestial—. ¿Por qué no mejor nos hablan sobre la leyenda que mencionó Uriel?

         Asiont giró la cabeza hacia Saulo y alzó ambas cejas.

         —Recuerdo que —dijo Piccolo de pronto—, cuando peleábamos con los Khans en el templo de Kami-Sama, varios de ellos mencionaron que quizá Gohan era el guerrero mencionado en una leyenda, pero un Khan de nombre Nauj-vir descartó la idea. ¿Se refería a la misma leyenda?

         Saulo dirigió una mirada de perplejidad a los demás Celestiales antes de tomar la palabra de nuevo. El único guerrero que se mencionaba en la leyenda era el guerrero conocido como Káiser, pero Saulo quería asegurarse de que Piccolo estuviera hablando del mismo personaje antes de atreverse a mencionar algo sobre el guerrero legendario.

         —¿Qué dijeron exactamente?

         —Hablaron de un guerrero llamado Káiser —explicó Piccolo, confirmando las sospechas de Saulo—. Al parecer ellos temían que Gohan fuera dicho guerrero porque se veían algo preocupados. Sin embargo, como ya dije antes, ese tal Nauj-vir dijo que Gohan no era tal guerrero y fue cuando se tranquilizaron.

         —Es cierto, yo también recuerdo eso —murmuró Kurinrin—. Todo ocurrió cuando Gohan se transformó en súper saiya-jin.

         —¿Súper saiya-jin? —repitió Hyoga, intrigado—. ¿Qué se supone que es eso?

         Cadmio llevó su mirada hacia el pequeño Son Gohan y frunció el entrecejo con extrañes. Ciertamente, Gohan poseía un poder que rivalizaba con el de los Caballeros Celestiales más poderosos de la orden, pero aun así no era suficiente como para que se le considerada el guerrero de la leyenda. El por qué los Khans habían confundido al chico con un guerrero Káiser era un misterio para él.

         —Los Khans creyeron que este chico era el Guerrero Káiser —se dijo a sí mismo—. Me pregunto por qué habrán pensado semejante cosa. Su poder es increíble, lo admito, pero su aura no ha evolucionado al nivel del aureus. ¿Habrá algo más sobre ese chico que aún ignoramos?.

         Megaroad-01.

         Joseph Black era considerado por muchos como un piloto ejemplar. También era una persona con la que se podía hablar de casi cualquier cosa. Sin embargo en aquellos momentos lo que menos deseaba Joseph era entablar una conversación con alguien. Se sentía molesto y a la vez deprimido. Esperaba poder ver a Emily aunque fuera un momento, pero en vez de eso, él y sus hombres habían recibido la orden de escoltar la nave de la almirante Ichijo. Según les habían explicado, Misa se reuniría con los extraterrestres de la Alianza Estelar para iniciar una serie de conversaciones. No obstante, ya había pasado algo tiempo desde que habían recibido la orden y la almirante todavía no aparecía por ninguna parte.

         Lo único que podía hacer para pasar el tiempo era esperar junto a su Lightning mientras observaba el movimiento de los técnicos y demás pilotos de combate que estaban en el hangar. Estaba por subir a la cabina de su nave de combate cuando de repente escuchó la voz de Emily que lo llamaba.

         —¡Joseph, aquí!

         —Emily —murmuró Joseph, volviéndose hacia la oficial—. ¿Qué haces aquí?

         —Vine a verte, tonto —dijo ella mientras terminaba de acercarse—. Estaba preocupada por ti. Cuando supe que muchos Lightnings habían sido destruidos me preocupé por ustedes, afortunadamente Hiroshi también está bien.

         —Sí, gracias al cielo muchos pudimos regresar, pero varios de mis amigos no lo lograron —dijo Joseph—. Quería ir a verte en cuanto regresé, pero me dieron ordenes de escoltar a la almirante.

         —Sí, estoy enterada de eso —murmuró Emily y luego se volvió hacia un grupo de pilotos y técnicos reunidos frente a un gran televisor—. Parece que la almirante se dispone a hacer un aviso importante por televisión.

         —Esa podría ser la razón por la cual todavía no ha llegado —concluyó Joseph meditabundo—. ¿Y cómo te sientes tú? ¿Estás bien?

         —No tengo idea de lo que va a ocurrir de aquí en adelante. Estamos en otro universo, a millones de kilómetros de la Tierra y en medio de una guerra entre extraterrestres.

         —Todo saldrá bien, no tienes por que preocuparte.

         Lo que había dicho sonaba un tanto utópico, pero Joseph lo dijo con convicción. Lo que más admiraba en Emily era su valor. Como mucha gente, ella vivía en la incertidumbre, pero siempre encontraba la manera de afrontar los retos de la vida. Mientras ambos se miraban a los ojos surgió nuevamente la gran cuestión. La misma que habían estado evitando con todas sus fuerzas durante los últimos meses: qué significaban el uno para el otro y sí su relación podía llegar a tener futuro.

         —Emily, yo… .

         —¡Ya comenzó! —exclamó uno de los pilotos con fuerza.

         De inmediato, Joseph y Emily se volvieron hacia la pantalla de televisión a tiempo para ver como Misa se acercaba a un podio, esforzándose por transmitir tranquilidad y confianza. Mientras que varias personas, entre ellos Kageyama y Min Mei, se subían a la tarima para acompañarla, Misa sonreía tensamente.

         —Damas y caballeros, para estos momentos muchos de ustedes ya deben de saber que sufrimos un ataque cuando estábamos festejando el descubrimiento de Génesis. El ataque fue perpetrado por una raza de alienígenas hostiles conocidos como abbadonitas, los cuales provenían de otra dimensión —hizo una pausa y continuó—. Afortunadamente, un grupo de extraterrestres nos brindó su ayuda durante la batalla y gracias a esto la mayor parte de nuestra flota consiguió sobrevivir. Sin embargo, y es duro para mí informarlo, el enemigo destruyó el planeta Génesis con la intención de matarnos. Para salvarnos de la destrucción de Génesis, fue preciso atravesar un túnel dimensional que nos llevó a un universo distinto al nuestro. El universo en el que nos encontramos ahora es el mismo de donde provienen los abbadonitas y los extraterrestres que nos ayudaron. Nuestros nuevos aliados nos contaron que los abbadonitas eran sus enemigos y que para combatirlos habían formado una alianza entre varias razas de extraterrestres a la cual llaman Alianza Estelar. Por desgracia nuestra nave sufrió graves averías durante la lucha y es necesario evacuarla momentáneamente para poder repararla. Es por eso que vamos a trasladar a algunas personas a un planeta cercano y el resto irá a una de las naves de la Alianza Estelar.

         Al oír todo aquello, a muchos les invadió el pánico. En algunos refugios la gente comenzó a tratar de salir forzando las puertas mientras que otros habían empezado a rezar. Parecía como sí de un momento a otro la ansiedad colectiva estuviera a punto de llegar a un punto álgido. Entonces, de repente, Min Mei se acercó al podio y tomó la palabra.

         —Amigos, sé que muchos de ustedes deben estar muy asustados y los comprendo perfectamente. Yo también siento algo de miedo por todo lo que ocurre, pero sé que sí nos mantenemos juntos podremos salir adelante —Se paseó por la tarima—. Pase lo que pase jamás debemos perder la esperanza. Sobrevivimos a la guerra con los zentraedis y lograremos salir adelante de nuevo. No importa los peligros que afrontemos en este universo, nos levantaremos de nuevo y regresaremos a nuestra dimensión.

         Su voz se fue elevando a medida que las palabras iban cobrando fuerza.

         —No pierdan las esperanzas. La almirante Ichijo me ha contado que los extraterrestres de la Alianza Estelar desean ayudarnos y no debemos tener miedo de ellos. Somos una gran familia y por eso nos dejaremos vencer por la adversidad, ni por el miedo. Hace años pase por una situación parecida cuando vivía en la Macross y en ese entonces le dediqué una canción a las personas que viajaban conmigo en esa nave. Este día quiero hacer lo mismo. Para todos aquellos que se sientan desesperanzados y tienen miedo, les dedico está canción.

         Entonces, en voz baja y profunda, lenta y dulcemente, empezó a cantar Ai Oboete Imasuka.

Ima anata no koe ga kikoeru (Oigo tu voz diciendo)

“Koko ni oide” to (“Ven aquí”)

Samishisa ni makesoo na watashi ni (Cuando las tristezas están a punto de desbordarme)

Ima anata no sugata ga mieru (Ahora puedo verte)

Aruite kuru (Avanzando hacia mí)

Me o tojite matteiru watashi ni (Mientras espero con los ojos cerrados, hasta que el ayer se convierta en ahora)

Kinoo made namida de kumotteta (Mí corazón está nublado por las lágrimas)

Kokoro wa ima (Pero mi corazón arde de alegría ahora)

Oboeteimasuka Me to me ga atta toki o (¿Recuerdas ese momento… cuando nuestros ojos se encontraron por primera vez?)

Oboeteimasuka Te to te ga fureatta toki (¿Recuerdas ese momento… cuando nuestras manos se tocaron por primera vez?)

Sore wa hajimete no ai no tabidachi deshita (Aquel fue el brillo de nuestro amor)

I love you so (Te amo tanto)

         En cuanto Min Mei comenzó a cantar, Joseph le tendió la mano a Emily. A medida que la canción Ai Oboete Imasuka iba llenando el ambiente, la mayoría de las personas comenzó a tranquilizarse. Del mismo modo que en el pasado, Min Mei había logrado tocar el corazón de la gente con su canto y al mismo tiempo transmitirles un mensaje de esperanza, un mensaje de esperanza tan necesitado por todos los tripulantes de la Megaroad-01.

Continuará… .

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s